La reseña integral de una feria de arte plantea que ella sea abordada desde cuatro puntos de vista: como acontecimiento general, como manifestación artística, como evento comercial y como fenómeno sociocultural. Cada uno de estos aspectos contiene sus especificaciones, exige sus particulares enfoques y, sobre todo, reclama su espacio de reflexión. Todos son igualmente importantes y, en consecuencia, debemos intentar una aproximación completa, aunque resumida y esquemática.

De inmediato hay que notar que un total de veinte galerías extranjeras, procedentes de Colombia, España, Costa Rica, Argentina, Brasil, República Dominicana, Chile y Francia, así como quince venezolanas, compartieron los tradicionales espacios del Hotel Caracas Hilton, entre el 2 y el 7 de julio. En esta ocasión se incorporó un contingente de galerías que no había estado en la ediciones anteriores. En este grupo se encuentran las galerías Luis Adelantado, Afinsa y Mercart, Almirante, Antoni Pinyol, Carles Taché y Espai Miquel Gaspar, todas de España; al igual que la Galería Botello, de Puerto Rico; Jenni Vilá, de Colombia; Tomás Andreu, de Chile y Lelia Mordoch, de Francia.


En esta edición el artista homenajeado fue Alirio Rodríguez, quien tuvo una doble presencia: obras de gran formato y de intensas resonancias, congregadas en los espacios de Galería Durbán, y 40 dibujos de la serie Hiroshima, expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, los cuales serán posteriormente mostrados y donados al Japón. Los invitados especiales fueron el artista catalán Jaume Plensa y el puertorriqueño Arnaldo Roche-Rabell. El primero estuvo presente con poderosas piezas cargadas de conceptos y de símbolos que, además de transparentar sus contenidos encerrados en poliéster, irradiaban una espectacular repercusión en su entorno. Los impactos de estas obras de gran formato se complementaban con una serie de dibujos y de realizaciones más íntimas que se exhibían en la Galería Der Brücke (Argentina). Por su parte, Roche-Rabell llenaba toda la superficie de la Galería Botello de Puerto Rico, con obras que transpiraban un vibrante temperamento cromático y una intensa resolución expresiva. Una presencia plural e impactante tuvo igualmente el español Lluis Barba, quien exhibió sus cuadros en los espacios de las galerías Antoni Pinyol, Carles Taché, Espai Miquel Gaspar y Jacob Karpio. Además, coincidiendo con la FIA, fue inaugurada una individual del artista en el Museo Jacobo Borges. En el marco de esta presencia singularizada de Barba, cabe mencionar el empeño realizado por varias galerías en favor de muestras individuales; tales son los casos de la galería chilena Tomás Andreu que presentó obras recientes de Roberto Matta, realizadas con una técnica mixta en donde el grabado y las intervenciones del artista servían de base para generar curiosos y ambivalentes efectos. En el mismo sentido, hay que subrayar la amplia muestra de Oswaldo Vigas, albergada en los espacios del Grupo Li, y compuesta por pinturas, esculturas, cerámicas y dibujos, así como por una inédita y sugestiva serie de grabados eróticos. La Galería Sin Límite también destinó sus espacios a una importante serie de obras de Pedro León Zapata e Ismael Mundaray. Dentro de este esfuerzo por resaltar las singularidades, no pueden dejar de mencionarse los sugestivos autorretratos de la serie Narcisos, de Óscar Muñoz, congregados en la Galería Jenni Vilá. También hay que reseñar la consecuente muestra de Ignacio lturria en la Galería Praxis Internacional (Argentina).


lgualmente, debe subrayarse la selección de algunas muestras colectivas, en donde la calidad de las obras, el nivel de las firmas y el criterio de los montajes resaltaban con distinción. En este caso se identifica la Galería Afinsa y Mercart, en donde se reunían piezas de Paul Klee, Miró, Tápies, Lam, así como una curiosa obra de Claudio Bravo, de 1971. La Galería Luis Adelantado se destacaba por la amplitud y significación de su registro. Ahí se congregaban las firmas de Carmen Calvo (quien representa actualmente a España en la Bienal de Venecia), Miguel Navarro, José Noguero, Marta María Pérez y Luis Gordillo. Como en ocasiones anteriores, la Galería Camargo Vilaça (Brasil) logró acaparar un gran número de conocedores y curiosos para observar la contemporaneidad de los lenguajes exhibidos, entre los cuales se destacaba el toque simbólico y la naturaleza conceptual de la pieza de José Antonio Hernández-Díez, así como el sentido irónico y mordaz de las obras de Saint Clair Cemin, Paul McCarthy y Jac Leirner. Asimismo, fue importante el repertorio mostrado por la Galería Carles Taché, que incluía las realizaciones, en diversas técnicas, de Antoni Tápies, así como un hermoso cuadro de José Manuel Broto y varias ejecuciones de Luis Lleo y de Eduardo Arroyo. La galería argentina Roberto Martín congregó también un curioso conjunto, dentro del cual se destacaba la obra de Alejandro Colunga, al igual que los manteles de Rosalía Marguid y las sutiles e íntimas instalaciones de Beatriz Ruderman. En la Galería Alonso Arte de Colombia se destacaba la capacidad integradora y esquemática de las esculturas de Ronny Vayda. En los espacios de Luis Pérez se hacían presentes interesantes realizaciones de Negret y Fernando Botero. Como en años anteriores, la Galería 4.17 se destacó por su amplia muestra escultórica. La Galería El Museo invadió su territorio con un heterogéneo espectro, en donde se afincaban las piezas de Jim Amaral, Nadín Ospina, Hugo Zapata y Bernardo Salcedo, quien puso a relucir el extraño encanto de sus mordaces y sutiles realizaciones.


Algunas galerías venezolanas se destacaron también por el seleccionado registro de sus conjuntos. Un rápido recorrido nos recuerda el entusiasmo de Juan Pablo Muci para exponer obras clásicas de la plástica nacional en combinación con los nuevos maestros de la pintura venezolana, en donde deslumbraban las piezas de Manuel Quintana Castillo (homenajeado en la FIA’96). Asimismo, la Galería Freites, con la sobriedad de todos los años, mostró piezas de Alirio Palacios, Edgar Sánchez, Manolo Valdés y Baltazar Lobo. Por su parte, el Centro de Arte Euroamericano combinó un interesante grupo que incluía desde la sátira agresiva de Zerpa y la suprema expresividad de Zaléz (ganador de la última Bienal de Cuenca) hasta las texturas de Benaim y los trazos de Lizardo; asimismo, recordamos las piezas de Botero, Armando Morales y Darío Morales, expuestas en los espacios de la Galería Acquavella. No pueden dejar de mencionarse las multitudinarias muestras acogidas en las galerías D’Museo y Graphic/ CB2, en donde sobresalían las obras de Sigfredo Chacón, Ana María Mazzei, María Teresa Torrás, Miguel Von Dangel, J. J Moros, Nanin García (artista inédito que vendió todas sus piezas en horas) y el fotógrafo alemán Jurgen Mahnert-Lueg. Con base en esta apreciación global, podemos intentar una evaluación estética de esta VI edición de la FIA. El espacio disponible sólo permite afirmar que, en comparación con la edición anterior, apreciamos ahora una mayor cantidad de piezas de calidad pero, simultáneamente, también se nota la presencia de abundantes obras de muy escasa significación plástica. Este diagnóstico se traduce en una especie de ensanchamiento del espectro, con lo cual nos viene a la mente la célebre hipótesis de H. Read: más que progreso, en el arte lo que existe es una ampliación de la sensibilidad estética. Sin embargo, no debe dejar de enfatizarse que estos márgenes deben tener una escala controlable. En este mismo ámbito de reflexión, resulta útil apoyarnos en Tomás Llorens para decir que, generalmente, en las bienales el arte contemporáneo se comporta de manera prepotente e, incluso, llega a convertirse en academias. En cambio, las ferias presentan la oportunidad de tocar la realidad más de cerca y de tomarle el pulso más inmediato a lo que acontece. Esta hipótesis, más que un criterio valorativo, es una importante advertencia para concebir, diseñar y apreciar las ferias en su más amplio potencial.

En esta breve revisión deben comentarse dos acciones que ampliaron las fortalezas de la FIA’97. Una fue la asociación lograda con la Universidad Simón Bolívar para transmitir, vía teleconferencia, las intervenciones de Alirio Rodríguez y Juan Liscano, así como un panel sobre postmodernidad, en donde intervinieron Carlos Silva, Ariel Jiménez y quien suscribe la presente crónica. El otro aspecto importante fue la organización de una muestra que servía de introducción a la FIA, y que se tituló El petróleo nuestro de cada día. Amparados bajo esta temática, se observaron importantes trabajos de los artistas venezolanos Ricardo Benaim, Carola Bravo, Sigfredo Chacón, Víctor Hugo lrazábal, Luis Lartitegui, Antonio Lazo, Hernán Monterola, Julio Pacheco Rivas, Sydia Reyes y Gisela Romero.

Para finalizar, se impone un comentario sobre la naturaleza comercial del evento. Sin recurrir a explicaciones muy estadísticas, basta reseñar que durante el último día la sonrisa de los galeristas era bastante generalizada y suficientemente expresiva. Este éxito se incrementa en significado cuando lo asociamos con la circunstancia de que el día domingo 6 de julio se realizó en el Teatro Teresa Carreño (ubicado a 100 metros de donde se celebraba la FIA) un gigantesco remate, en donde Odalys, casa de subasta, vendió el 93% de las 160 obras ofrecidas. Ante esta circunstancia sólo se nos ocurre pensar que, afortunadamente, el sol salió para todos los galeristas en esta ocasión. A este resultado económico hay que añadir el ambiente festivo y multitudinario con el cual el público caraqueño se hizo presente durante la secuencia de este evento.
VÍCTOR GUÉDEZ
Crftico de arte venezolano. Reside en Caracas

