Entre las muchas definiciones que nos aproximan a la figura del crítico de arte está la de la persona que con frecuencia visita y comparte con el artista en su taller. Por una u otra razón o circunstancia, a lo largo de la trayectoria del crítico, éste va conformando una colección que revela su gusto, sus convicciones, los privilegios que le brindó la amistad con los pintores y la suerte de su oficio.
Luego, por destino de la vida, esa colección tan particular, por haber pertenecido a un individuo tan especial, se integra al patrimonio de un museo, como cuando Clara Diament Sujo donó a la Galería de Arte Nacional de Caracas noventa y cinco piezas que reunió a lo largo de su vida, que se mostraron con el título Una visión del arte venezolano, 1940-1980. Colección Clara Diament Sujo, en noviembre de 1995, de notable calidad. En cambio, a veces sucede la dispersión, como aconteció con la pérdida del patrimonio de Alfredo Boulton (en 1995-1996). En fin, también ocurre que, por motivos de salud, una colección sea puesta a la venta. Éste es el caso de las obras que pertenecieron a Roberto Guevara, uno de los críticos más sobresalientes de Venezuela, autor durante décadas de una columna semanal en la prensa caraqueña, comisario para São Paulo y, desde hace diez años, director nacional de museos.
La exposición Hallazgos y sorpresas en una colección. Obras de la colección de Roberto Guevara (marzo de 1997) estaba integrada por treinta y cinco obras de igual número de autores, entre pinturas, dibujos y esculturas. Algunas piezas de este conjunto, pinturas y grabados, ya habían sido vendidas en fechas anteriores.
Guevara escogió obras de artistas nacionales y latinoamericanos, entre quienes se destacaban Elsa Gramcko, Darío Morales, Luisa Richter, José Gamarra, Jorge Stever, Ana María Mazzei, Maripaz Jaramillo, Harry Abend y Águeda Lozano. Por lo general, eran formatos pequeños y medianos.
El sentido del espacio —Richter, Mazzei, Lozano— y del tiempo —Stever, Gramcko o Abend— son los posibles lazos comunes entre estos diferentes autores. Igualmente, una inventiva latinoamericana —Jaramillo, Gamarra o Morales— define los perfiles de la mirada de Guevara.
En el conjunto se podían apreciar obras primerizas de artistas que, con el pasar del tiempo, mostraron regias personalidades: Quilici, Alexis Gorodine, Nadia Benatar, William Stone, Margot Romer o Patricia van Dalen, todos venezolanos.
La mayoría de las obras expuestas eran sobre papel; por ejemplo, los del grupo de artistas citados en el párrafo anterior, así como Jaramillo, José V. Aponte o Antonio Moya, quien incorporaba madera a su composición. Entre las pinturas, se destacaban las de Carlos Alberto Castillo, Rolando Dorrego, Corina Briceño y Rodolfo Stanley.
Entre los escultores, Gramcko y Abend tenían obras de los años setenta. De Gramcko se mostraba un relieve con maderas recogidas, con las que establecía planos horizontales y verticales; mientras que Abend estaba representado por una acumulación que revelaba intensidad.
Para cada obra en particular, Guevara escribió unas breves palabras en las que definía la creación del artista y el momento específico en el que quedaba representada su escogencia.
JUAN CARLOS PALENZUELA

