En su más reciente exposición, Carlos Salazar exhibió un conjunto de pinturas que parecían explorar el tema y el fenómeno del placer visual. Estas pinturas, algunas diminutas y otras del tamaño de una pared, representan típicamente una figura femenina o un grupo de figuras femeninas organizadas en un espacio poco profundo o contra un fondo común. Estas mujeres, presentadas por medio de un realismo en cierta forma árido, de contornos y color casi deslucido, parecen representar objetivaciones de fantasías de diferentes tipos de belleza, que van desde el nudismo ingresco, hasta la excitación sexual, en una mezcla interesante de lo clásico y lo contemporáneo, con una insinuación de lo alegórico.
Sin embargo, el efecto reside finalmente en el lado apolíneo de la escala más que en el dionisíaco. En dos de las pinturas, Fishing at the Mainstream (1996) y Amorfo de primavera (1995), las tensas composiciones de Salazar aparecen desprovistas de volumen dentro de un plano pictórico fracturado en un mosaico de paneles irregulares y formas entrelazadas. Del tratamiento simplista que les da Salazar a estas figuras resultan abstracciones que empañan las líneas de la individualidad de las modelos. No obstante, mientras Klimt o incluso Katz poseen estrategias gráficas para manejar la figura en forma similar a la de Salazar, la disminución que éste hace de la forma está acompañada por una reducción al tipo, quitándoles la vehemencia y la personalidad a SUS modelos... pero esto sirve a sus propósitos.

La prolongada y complacida mirada de Salazar está compensada por el refrenamiento y la posesión de un ojo disciplinado para la tarea inminente de transmutar el placer visual disfrutado por el artista, en un objeto de placer visual para los espectadores. La superficie sin textura —producto de la forma como Salazar maneja la pintura—, el orden de estas estructuradas composiciones, el aislamiento y la separación de sus figuras, complementan la mirada escrutadora que parece ser la estrategia de Salazar. El juicio de París (1996), por ejemplo, representa un grupo de mujeres en una sola composición, a pesar de que cada una está vestida (o desvestida) en forma diferente una de otra, y aunque cada una está cobijada y enmarcada por una especie de nicho visual para lograr un efecto cuatrocentista. El encuadre simplista, con su falta de reflejos de luz coloreada, y que en gran parte produce sombra, no participa de la función que tiene el ambiente de realzar la realidad. No es en absoluto un espacio que “tenga sentido”, pero los intereses de Salazar están al servicio de la pintura terminada, no de la lógica y transparencia del realismo.
Salazar está comprometido con sus pinturas como objetos en el sentido modernista, como objetos de belleza y, en último lugar, como objetos de deseo. La combinación de formas y colores atractivos a la vista, y de figuras que despiertan la libido, es un éxito seguro. Dripping Venus (1995) es probablemente lo más destacado de la exposición, en virtud de la exquisitez pura de las curvas de Venus, aunque la otra fortaleza particular de Salazar, su habilidad para alcanzar la riqueza y la inusitada combinación de color y relaciones, está a la vista en cada pieza.
K.K. KOZIK
