Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina

Paula Santiago. Amorfeo II, 1996. Papel de arroz, sangre y cabello bordado. 40 x 50 x 20 cm.

Colectivaoct 1997 - dic 1997· Por Autor no disponible

Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina

Centro Cultural Arte Contemporáneo

El irrefutable planteamiento implícito en el título de la exposición, Así está la cosa, no da cabida a discusión alguna. Según explican sus organizadores, la única pretensión de la muestra —quizá un punto a debatir— es ofrecer un amplio panorama de la producción de los artistas que, en el último decenio, se han abocado a la creación de instalaciones y de arte-objeto en Latinoamérica. Por lo tanto, el criterio de selección de la obra obedece al sentir exclusivo de los curadores (Robert Littman y Kurt Hollander) y no pretende establecer vínculos geográficos ni revelar temáticas específicas. La imposición de un muestrario artístico de esta índole tiene la ventaja de dar por sentado una serie de lenguajes a los que el gran público puede no estar del todo acostumbrado, aun cuando la pertinencia de algunas de las obras resulte cuestionable, como la Caja de zapatos vacía, que, con un dejo de arrogancia, presenta el mexicano Gabriel Orozco.

Colectiva: Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina — imagen 1
Francis Alÿs. Cuentos zoológicos (detalle), 1991-1997. Técnica mixta. Dimensiones variables.
Colectiva: Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina — imagen 2
Valeska Soares. Sin título (de Intimidades), 1994. Madera, tela y vaselina. 50 x 20 x 20 cm.

Ya sea que los artistas recurran al significado inmediato de las cosas o que procesen diversos elementos para transformar su contenido y crear un discurso propio, las relaciones que establecen con su entorno, a través de la manipulación de objetos y materiales, pautan el recorrido de la exposición. Así, por ejemplo, Francis Alÿs (Bélgica) altera la arbitraria funcionalidad de las cosas al presentar una mesa mutilada que descansa sobre tres de sus patas; recurriendo a la impecable lógica del absurdo, Alÿs restablece un equilibrio truncado al transformar la cuarta pata faltante en una pequeña muleta. Algo similar ocurre en Inmensa, del brasileño Cildo Meireles, una mesa que, vista desde distintos ángulos, se transforma en una silla que a su vez se vuelve mesa para luego convertirse en silla. El artista establece un juego formal que no sólo mina la esencia de los objetos y su carácter utilitario, sino que apunta a un desplazamiento de los significados, como sucede en la pieza Hilo, un enorme cubo de paja cosido con un filamento de oro. Esta estrategia adquiere otros matices en las obras de aquellos artistas que recurren, con cierto distanciamiento, a la figura humana, a las vísceras y fluidos corporales como instrumentos o metáforas para elaborar sus piezas. Azis + Cucher (Venezuela) presentan una serie de retratos digitalizados que, a pesar de referirse a individuos específicos (Mike, George, Martha), carecen de rasgos distintivos. Habiendo perdido ojos, nariz y boca, órganos sensoriales que permiten relacionarse con el mundo, las imágenes aluden a la degradación de nuestras condiciones de vida. Fernando Arias (Colombia) elabora la irónica Madre patria, con cordones umbilicales; el grupo Semefo (México) dice llevar a cabo un Estudio de la ropa de cadáveres —una denuncia demasiado evidente para resultar provocadora—, mientras que Paula Santiago (México) confecciona delicadas chambritas con pelo y sangre, contraponiendo naturaleza y civilización.

Colectiva: Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina — imagen 3
Nadín Ospina. Pieza arcaica (de la serie el gran sueño americano) Bart Simpson. 1996. Resina de poliéster. 142 x 51 x 43 cm.

Por otra parte, la suerte que Thomas Glassford (Texas) infligía en su obra anterior a materiales orgánicos, como el cuero y los guajes, desemboca en una pieza de látex que adquiere un carácter fetichista, casi sexual. La relación que el artista establece con la materia al constreñirla a adoptar un discurso determinado despunta, en este caso, bajo los cinturones tensados y las hebillas de metal que someten a la inmovilidad a los remolinos blancos y negros de las superficies unidas por cierres a las que se sobreponen. La manipulación y transformación de los materiales adquiere un carácter más sutil e intimista en algunas de las piezas, como P y P, de la mexicana Silvia Gruner. Un enorme collar de piloncillo incrustado en un suelo de duela nos remite a la imagen digitalizada de una pintura de Gustave Caillebotte, unos hombres trabajando un piso de madera. La obra contrapone lo dulce y lo agreste, lo femenino y lo masculino, y parece aludir a la ambigüedad de las relaciones de afecto y poder, de sumisión y entrega. 

Colectiva: Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina — imagen 4
Cildo Meireles. Hilo, 1990-1995. 100 metros de alambre de oro, una aguja de oro y 48 pacas de pacas 212 x 177x 193 cm.

Entre tanto, Amor extraño, de Valeska Soares (Brasil), una fuente de cera que exhala agua perfumada, explora a manera de alegoría la esencia efímera de la sensualidad. Entre los artistas que recurren a los significados implícitos en los objetos y materiales con los que elaboran sus piezas, se encuentran los cubanos Kcho y Fernando Rodríguez Falcon, quienes, dentro de la vertiente que aborda los problemas de identidad cultural y contrae un compromiso social, manejan un discurso que hoy resulta un tanto trillado. Mucho más sagaces dentro de esta vena son las Piezas arcaicas, en resina de poliéster, del colombiano Nadín Ospina (Mickey Mouse o Bart Simpson discretamente transformados en falsos ídolos precolombinos, para el consumo). Ante el número de artistas y de discursos que reúne esta exposición, cada obra exige ser leída como una presencia irrebatible y autosuficiente que impone sus leyes internas de funcionamiento. Como la mayoría de los artistas se encuentran representados por una sola pieza y resulta difícil tener una lectura global de la exposición, la discreta estrategia puesta en marcha por los curadores logra singularizar cada una de las obras y difundir una visión inequívoca y abierta del arte latinoamericano actual.

MAGALI ARRIOLA

Así está la cosa: instalación y arte-objeto en América Latina | artnexus