Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por Susana Benko

Antonio Lazo

Sala Mendoza

Una de las exposiciones más destacadas en Caracas durante los meses de junio y julio ha sido Horizontes. Límites de una idea, del artista venezolano Antonio Lazo.

En esta muestra, Lazo realiza una obra esencialmente espacial cuya dimensión trasciende los límites de su "corporeidad", por su intención conceptual, reflexiva y contemplativa. En efecto, el artista, en actitud casi "titánica", transfiere espacios existentes —su taller en París— a los espacios dados en la Sala Mendoza. En esta transferencia hay una voluntad de superar obstáculos espaciales, no sólo la distancia geográfica París-Caracas, sino también de confrontar al espectador con una interesante experiencia de percepción. Por una parte, porque éste sabe de la existencia real del paisaje urbano parisino, sus calles, casas, así como del taller del artista, pero, inevitablemente la distancia hace que sólo tenga una "idea" de estos lugares. Pero por otra, el artista trasciende estos límites u horizontes reconstituyendo estos espacios en Caracas. Se trata de su taller y el lugar donde éste se encuentra, pero también es su idea.

Exposición Individual: Antonio Lazo — imagen 1
Antonio Lazo. Línea horizonte. 1995. Carboncllio y acrílico sobre papel arrugado. 1,50 X 10 m.

La exposición parte de lo general hacia lo particular. Hay una presentación del paisaje urbano mediante maquetas y otros elementos que nos muestran la zona en particular en que se encuentra el taller. A medida que avanzamos en la instalación, penetramos en espacios cada vez más específicos hasta llegar al lugar donde se desenvuelve el artista. Allí están dispuestos sus objetos. Estos ámbitos son reconstruidos mediante materiales desechables, tales como papel, cartón y tela, ensamblados con estructuras de madera, y otros. Se crea, sin duda, una dicotomía entre lo duro y permanente (taller real) y lo desechable y efímero (la idea del taller). Lazo recurre a las maquetas, y con grafito o carboncillo "calca" sobre los papeles algunos elementos arquitectónicos (puertas, ventanas, muros, etc.), así como objetos tomados de su taller (biblioteca, banco). El espacio natural, como bien señala Cecilia Fajardo-Hill en el catálogo, es representado mediante su traducción lingüística: pájaro, nido, árbol, etc. Así el concepto traslada la experiencia misma.

Ineludiblemente, la obra discurre en un tiempo —el paso del espectador por estos "lugares"— pero también el artista transfiere su tiempo real cotidianamente vivido, en videos instalados como parte del montaje. En ellos el artista muestra escenas y secuencias de su desplazamiento.

Todo esto evidencia un paso de lo pictórico (obra de la década de los ochenta) a lo conceptual. El dibujo es esencialmente el recurso apropiado para los objetivos de esta instalación, pero con la intención de trascenderlo. Este deseo de trascendencia no es nuevo. En los ochenta, Lazo deslumbró por la voluptuosidad con que asumía su obra pictórica. Era prolífico en recursos y materiales. En esta ocasión, sorprende por lo contrario: por la austeridad de los medios, la fragilidad de los materiales empleados e incluso la sensación de "levedad" que se percibe. Se trata de una instalación monocroma, neutra, despersonalizada por la representación sistematizada de la experiencia, pero, al mismo tiempo, concebida con una mentalidad "titánica" y voluptuosa. Esta necesidad de abundancia se desplaza ahora hacia la reflexión y al carácter conceptual de la obra.

El espectador llega a la Hora nona: una "habitación" con una caja de luz que invita a la contemplación. Es la hora del cerramiento y la meditación. Aquí, frente a un cuadrado "cerrado", es posible que tengamos el universo tornado de la mano.

Antonio Lazo, por Susana Benko | artnexus