Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por José Antonio Pérez Ruiz

Antonio Fonseca Vázquez

Galería Botello

La Galería Botello exhibe una colección de dibujos y medios mixtos de Antonio Fonseca Vázquez. Cada pieza mostrada deriva de situaciones que oscilan entre la realidad y la fantasía. En cada composición el artista demuestra su virtuosismo como dibujante. La manera de sortear los trazos, con el propósito de presentar al público una labor donde cada línea posee pesos ópticos variados, está destinada a mantener la visión del espectador en constante búsqueda, logrando proyectar así las variantes impresas en su discurso plástico.

Sabe insertar en sus pronunciamientos detalles o pistas a través de las cuales se pueden investigar las razones motivadoras de su inspiración. La producción responde a imperativos existenciales trabajados de manera espontánea.

Exposición Individual: Antonio Fonseca Vázquez — imagen 1
Antonio Fonseca. Baquiné I. 1996. Técnica mixta. 127x152,4 cm.

En las obras de Fonseca Vázquez, se aprecia una tendencia a ocupar todo el espacio provisto por el soporte. Ocasionalmente, alterna el carboncillo con asaltos cromáticos bien estudiados, como sucede en Psico. En esta obra quiebra los cánones de formato establecidos y trae un cuadro para ser ubicado en una esquina. De otra parte, la concepción desborda hacia la pared, para evidenciar su intención de no someterse a fórmulas que de tanto repetirse se han convertido en atavismos.

Otro punto que no debemos pasar inadvertido es su propensión a dejar que las figuras se esfumen pausadamente en fondos blancos. Como ese color sintetiza todos los matices y a la vez concentra la luminosidad, podríamos afirmar que sus rasgos se desplazan entre los fulgores, como si fueran tallados por ellos.

En otras ocasiones acude a tradiciones seculares, como en el Baquiné I o Velorio de angelitos para ofrecernos su interpretación, su imaginario, en torno a esa práctica ritual afroantillana: nos presenta la imagen del niño en vías de ascensión a los planos celestes. La criatura es de raza blanca como el que yace sobre la mesa de la famosa representación de Francisco Oller. Fonseca divide el espacio en dos partes, como si hiciera referencia a antiguas creencias paganas que separaban el mundo de los vivos del de los muertos. Las fronteras que deslindan esos ámbitos están pobladas de jeroglíficos extraídos del legado indígena americano. En el lugar correspondiente a los mortales se asoma una faz oscura cuyos ojos escrutadores dan la impresión de querer penetrar en el más allá.

Es necesario indicar que las tonalidades de los medios mixtos utilizados son cálidas. Origina así un trópico pictórico que alterna con las siluetas delineadas. Una de sus tareas es de carácter crítico, como sucede en Pretexto para no terminar con la naturaleza. Según él, con ese título hace eco de un cuento por todos conocido. Se refiere a las personas que verbalmente defienden el ambiente pero no desarrollan acciones positivas para preservarlo. Por esa razón, los recrea con sus brazos cruzados. Al extremo inferior izquierdo, presenta la efigie del dólar que, a su juicio, es el más prominente agente desnaturalizador. Ante el poder de "don dinero", como le llamara en el siglo XVII el poeta Francisco de Quevedo, las debilidades humanas afloran, al punto de contravenir nuestra propia naturaleza. De ahí que los seres protagónicos del cuadro asuman una posición de tristeza y amenazante a la vez, quizá por temor a evidenciar las contradicciones de su conducta.

Asimismo, el entorno sombrío de ultratumba, donde les ubica, nos lleva a pensar que nos encontramos ante muertos en vida. A Fonseca le gusta representar lo contradictorio que responde a experiencias reales, como se ve en Descorazón Ado y Descorazón Ada, donde se expresa sobre el tema de los problemas del amor. Es interesante cómo puede percibir el observador la lucha entre el artista y las imágenes que transmite al papel.

JOSÉ ANTONIO PÉREZ RUIZ

Antonio Fonseca Vázquez, por José Antonio Pérez Ruiz | artnexus