Exposición Individualoct 1997 - dic 1997· Por Marta Rodríguez

Alicia Viteri

Centro Colombo Americano

Durante el mes de mayo, hasta comienzos de junio, en el Centro Colombo Americano del Centro de Bogotá, se exhibió la obra de Alicia Viteri titulada Espacios pictóricos, realizada en 1984, la que desde 1986 ha conocido un largo itinerario por la Galería Intar, el Hispanic Art Center en Nueva York, la Galería de Quito, el Museo de Arte Contemporáneo de ciudad de Panamá, el Museo de La Tertulia de Cali y el área cultural del Banco de la República de Pasto.

La muestra exhibida en Bogotá estuvo conformada por el Mural, una pieza compuesta de seis paneles dibujados sobre tela al óleo, en blanco, negro, plata y dorado, que miden en su totalidad 7 x 3 cm, donde se trabaja el tema de los carnavales y funerales, eventos que se funden en un mismo acto, de manera que una muchedumbre de personajes invaden la tela para llorar a sus muertos y para gozar del baile. Se incluyeron seis bocetos preliminares, siete pinturas al óleo (en las que, a la manera de un close up cromático, se destacan algunos personajes que habitan el mural) y un video en el que se recogen momentos de la elaboración de la tela, así como su montaje y exhibición.

Exposición Individual: Alicia Viteri — imagen 1
Alicia Viteri. Mural. 1985. Óleo sobre tela. 700x300 cm.

El interés prioritario de este trabajo radica particularmente en tres aspectos. En primer lugar, es una obra que en su momento resultó sumamente innovadora pues si la miramos desde la perspectiva del ámbito del arte colombiano al que Alicia Viteri pertenece por formación y nacionalidad, las instalaciones apenas se habían iniciado; uno de los pocos casos existentes era el de Miguel Ángel Rojas, quien comenzó a incursionar en este campo desde finales de los setenta, en el Salón Atenas y en la sala de proyectos del MAM de Bogotá. El trabajo de Alicia Viteri, más que una instalación, puede considerarse como un ambiente que incorpora, además, sonido: se trata de una grabación que mezcla ruido urbano con música, sonido que tiene una doble lectura; en ocasiones puede asociarse al zumbido de los insectos, o puede escucharse como el murmullo de la muchedumbre. Para la creación de este ambiente también es muy importante el manejo de las luces que colorean las figuras que mantienen una escala natural. Estos elementos contribuyen a crear una atmósfera, un ambiente en el que se rebasa la condición bidimensional del dibujo y la pintura, lo que permite involucrar al espectador, vivencialmente, con el funeral y el carnaval que se representan en la gran tela. Es importante recordar que esta obra fue concebida y construida a través de un trabajo plástico que se ha cimentado en una ardua investigación en el campo de la gráfica y de una búsqueda en el terreno de la pintura.

En segundo lugar, este trabajo se constituye en uno de los momentos más decisivos del proceso artístico de Alicia Viteri, en el que se abandona el mundo de los insectos, con el que se marcó toda una época durante la década del setenta, tanto en Bogotá, como en Quito y Panamá, en la que con una iconografía muy inquietante se presentan unos insectos que, entre la ternura y el terror, poco a poco se van humanizando, dando origen a una metamorfosis prolongada que concluye justamente con el Mural.

En tercer lugar, esta muestra incluye los bocetos preliminares del Mural, que, sin duda, se constituyen, junto con la serie de dibujos y grabados de los insectos y con la serie titulada La momia, en las piezas más interesantes de toda su producción. Con estas obras, Alicia Viteri se consagra como una de las dibujantes más destacadas que surgieron en la década del setenta dentro del arte nacional. En los bocetos, elaborados en óleo sobre papel, se evidencia cómo el manejo del pincel permite una liberación en el campo del dibujo, de manera que el énfasis recae sobre el acto de dibujar pues en el trazo se preserva el momento de su elaboración. Estos dibujos, realizados con tanta espontaneidad, dan cuenta de un oficio depurado que se ha nutrido de un mirar hacia adentro, hacia la propia condición humana, así como de un mirar hacia afuera: la historia del arte. En ellos se proyectan las sombras de Goya, los claroscuros de Rembrandt —y con fuerza avasalladora se evidencia la voluntad del arte expresionista—, los que a la manera de atmósfera, de telón de fondo, guiaron los pasos de Alicia Viteri hasta la conformación del Mural.


MARTA RODRÍGUEZ

Alicia Viteri, por Marta Rodríguez | artnexus