La Galería Diners, durante los meses de marzo y abril, reunió en sus salas a tres jóvenes artistas colombianas, Lina Espinosa, Nancy Friedemann y Cristina Llano, quienes exhibieron sus más recientes obras dentro de un conjunto especial de propuestas artísticas. Como base, en la temática de las tres predomina la condición femenina bajo diferentes inquietudes: recuerdos, impresiones, imágenes y dramas de la realidad afectiva. Se enfrentan a estéticas diversas, con intereses disímiles.
Cristina Llano, pintora en el sentido más tradicional, analiza la situación del amor en pareja desde instancias dramáticas, distorsionando el recinto para enfatizar el sentido trágico de la escena. En ella predominan el maltrato, la angustia, la súplica, llevando posteriormente a un acto sexual violento.
Friedemann y Espinosa trabajan lenguajes íntimos encaminados a explorar nuevas relaciones y juegos plásticos. Aunque recorren caminos opuestos, emplean medios eclécticos para penetrar la sensibilidad femenina. La interpretación de imágenes metafóricas, su dualidad, son propuestas en las que combinan los recuerdos, la memoria, en términos de valorar la imagen o cuestionarla, o de descontextualizarla, para buscar lo identificable y revelar la esencia.

Nancy Friedemann establece un encuentro amplio entre espectador-obra a través de una mini retrospectiva. Es el trabajo de tres años, en el que explora los valores táctiles basándose en materiales y técnicas textiles desprendidos de estructuras globalizantes.
Ahondar en la memoria, enfatizar la idea del paso del tiempo, las acciones multiplicadoras, la construcción de recuerdos presentes en formas de crochet son llevadas a pinturas monocromas de gran formato, en donde el propósito es desplazar el centro compositivo y, por ende, la simetría deja de ser el eje regulador. En esta primera sala predominan las pinturas, y grandes carpetas de crochet alucinan puntos de estallidos, eclipses, desvanecimientos.
Sus títulos, Juegos kalidoscopios, Juegos artificiales, Eclipse, parten de reminiscencias y transgresiones del tiempo y el espacio.
Luego de comprender el crochet como la instancia mental y emocional de mayor enriquecimiento, transgrede la tradición pictórica, asumiendo los mayores riesgos de la muestra. Son trabajos con materiales de látex, plastilina, carbón y textos escritos que organizan las estructuras.
Pasajes literarios de García Márquez —Cuentos peregrinos— y Voltaire —Cándido— se convierten en el marco de obras fragmentadas donde los protagonistas buscan el ideal de vida y una persona perdida en la memoria los retiene. En Cuentos peregrinos, la superficie de las páginas del libro está protegida por una gruesa capa de látex, y, en el libro Cándido, el hilo de la historia en espiral bordea enmarcando la circunferencia del formato externo de la obra.

En Friedemann, las palabras la fustigan hasta quedar suspendidas en el desmenuzamiento de los recuerdos. Algunas de estas obras trabajadas en látex, material sensible, rico al tacto y cercano a la piel, le aportan a otra piel el deseo de codificar en fragmentos y crear nuevas tensiones para seguir la reconstrucción de recuerdos. En Mutantes y Salón, ambas de 1996, el crochet se presenta de forma real y no bajo el concepto ilusorio del crochet de la primera etapa. Traspasa los límites cuando en Principios, 1997, deconstruye físicamente el crochet en pequeñas puntadas tridimensionales trabajadas con plastilina. Las clasifica y cataloga a la manera museográfica, y son la historia de sus sentimientos, el recorrido de su propia vida.
Lina Espinosa soluciona las obras dentro de la bidimensionalidad. Pinta y apela a la imagen reproducida mecánicamente, empleando fotografías que lleva a la superficie del lienzo por medio del transfere. lmágenes solitarias, siempre absortas en la intimidad, fotografías repetidas con pequeños datos de información. La intención es saturar el soporte del papel o textil industrial. La obra, cargada de significados, en lugar de tener un sólo significado, crea múltiples focos de atención.
Espinosa mezcla imágenes de diversas procedencias, evitando una forma única o global. Produce juegos visuales, logrados por el collage, las fotos, las transparencias de los materiales o las repeticiones, que ayudan a mantener en el espectador el interés latente, en un ir y venir del ojo sobre la superficie, e impide que se convierta en una obra de lectura monolítica. La intención radical es enriquecer la pintura al transmitir movimientos y tiempos dispares en el cuadro.
La ambigüedad, los juegos polifacéticos de la cotidianidad, el reflejo de la imagen, la búsqueda de la identidad, los encajes de las formas libres o geométricas son muchos de los procesos a los que Lina Espinosa acude para encontrar soluciones a sus indagaciones pictóricas.
Llano, Espinosa y Friedemann se preocupan por integrar la vida a la creación artística, estando estrechamente vinculadas a la problemática de los sentimientos y sensibilidad femenina, proponiendo con sus obras salirse de las fronteras tradicionales.
MARIA TERESA GUERRERO

