Exposición Individualjul 1997 - sept 1997· Por Germán Rubiano Caballero

Mónica Meira

Galería Deimos

Radicada desde hace algunos años en Nueva York, Mónica Meira expuso un conjunto de pinturas entre marzo y mayo en la Galería Deimos de Bogotá. En noviembre del año pasado había mostrado un amplio grupo de grabados en la Galería Diners. Estas dos exhibiciones demuestran que la artista, quién en 1995 obtuvo una maestría en arte en la Universidad de Nueva York, está trabajando copiosamente y, sobre todo, con excelente calidad. 

Exposición Individual: Mónica Meira  — imagen 1
Mónica Meira Parados. 1997. Gesso y carboncillo sobre papel. 49 x 65 cm. Cortesía de la Galería Deimos. Bogotá. Colombia.

Su producción actual parte de los bañistas en la Galería Garcés Velásquez, en 1990, y en la Galería Arte La 10 de Medellín, en 1992, pero es algo bien diferente. Aunque el plegable de la muestra de Deimos no menciona los títulos de las obras, resulta evidente que Mónica Meira continúa el tema de los inmigrantes, un nombre amplio y diciente que alude a los viajeros que llegan a un país con el ánimo de poder establecerse, sin tener nada asegurado. La artista representa especialmente pequeñas figuras en medio del agua, personajes en grupos o solitarios que parecen perdidos en un gran espacio acuoso que no tiene límites -por los cuatro costados el agua sólo está limitada por los bordes de las telas-. La idea de que el mundo circundante es muy grande y que nadie sabe a ciencia cierta dónde está y qué va a hacer, enseguida salta a la vista. La sensación de ser diminutos y frágiles y de estar ante un destino desconocido tiene connotaciones propias del romanticismo e invitan a recordar los sentimientos de inquietud, melancolía, soledad y expatriación que permean la pintura de Caspar David Friedrich, un artista que vuelve a estar presente en los cuadros de Mónica Meira cuando se descubren tantos personajes de espalda, erguidos o sentados, mirando extáticos el fondo infinito, tratando de entrever en la lontananza la patria perdida. No faltan, sin embargo, algunos inmigrantes en la ciudad -de espacios geométricos y estrictos-. Aquí la figura sigue perdida en lo ilimitado y parece no tener tregua, busca o trota en pos de algo.

En ese pandemónium de ciudad que es Nueva York, Mónica Meira ha llegado a tener las vivencias de los inmigrantes. Ella nunca lo ha sido realmente, pero sí ha conocido el trasegar permanente -nacida en Londres, de padres argentinos, vivió en Colombia, en Argentina, y luego de nuevo entre nosotros, donde hizo estudios universitarios y donde se casó-; de hecho, se siente colombiana y en los últimos años ha pasado largas temporadas en París y ahora en Nueva York. Aquellas vivencias las presenta de manera sobresaliente, haciendo uso de la gran factura de los mejores pintores, empastando, manchando, creando transparencias y bellos efectos lumínicos. Sus acrílicos, trabajados con muy variados y entonados colores, parecen óleos, y sus pasteles, como siempre, se instalan en un punto exacto entre la pintura y el dibujo.

GERMÁN RUBIANO CABALLERO

Mónica Meira, por Germán Rubiano Caballero | artnexus