Exposición Individualjul 1997 - sept 1997· Por Juan Carlos Palenzuela

Luisa Richter

Museo de Bellas Artes, Caracas

De origen alemán, pero integrada totalmente a Venezuela desde 1955, donde recibió los honores de los premios nacionales de dibujo, en 1967, y pintura, en 1982, Luisa Richter es un personaje calificadísimo del arte contemporáneo venezolano.

Richter se desempeñó como profesora, lo que le permitió vincularse con los jóvenes venezolanos pero, además, ha mantenido un intenso ritmo expositivo, por lo que su obra es ampliamente conocida. Ocasionalmente ha escrito algunos textos sobre el arte, y su trabajo creador lo manifiesta en la pintura, en el dibujo y en la expresión del collage. En los meses de abril y mayo su obra volvió a mostrarse en las salas del Museo de Bellas Artes de Caracas, en estas modalidades.

Los títulos que Richter coloca a su obra revelan un fino sentido de la comunicación. El espejo de la apariencia y Lo invisible permanece sirven de ejemplos para mostrar que su concepción de la imagen tiene razón en la duda, en la provocación, en la secuencia de pianos, en las posibilidades de lo visible. Quizá podamos decirlo con sus propias palabras, en un título que gira alrededor de un dibujo-collage: Cada resultado es promisorio y tiene el carácter del proceso.

Exposición Individual: Luisa Richter — imagen 1
Luisa Richter. Signo del presente. 1969. Foto de Asdrubal Perdomo. Cortesía del Museo de Bellas Artes de Caracas, Venezuela.

El arte, entonces, como una metamorfosis que no cesa, como una expresión contraria a la lógica del espacio, como una persistente ventana u ojo: no es gratuito que su formato predilecto sean el óvalo, el círculo y lo circular en el cuadrado. Se remarca tanto lo que se ve como el órgano de la vista.

El reflejo será, en consecuencia, uno de los basamentos de la poética de la artista: lo espacial, los trazos blancos, los juegos de las horizontales, las verticales y las diagonales, suceden como tema de esta obra, como composición, estructura, contraste, ilusión de la pintura y visión de una cultura pictórica y humanística.

El reflejo en la pintura de Richter también tiene cualidad de tiempo indefinido, de la imprecisión que logra entre el adentro y el afuera de la imagen, del tiempo de la pintura. Y, además, en sus collages agrega el signo del presente onírico por medio de los restos de instrumentos de medición, del dibujo arquitectónico y de mobiliario, en situaciones de un espacio despojado.

A lo largo de la obra de Richter apreciamos cómo sus trabajos son fraccionados para volver a nuevos soportes y/o formatos. Su obra es, en consecuencia, una y múltiple, una y otra, donde el detalle se suma al todo. "La labor del artista es la recuperación", advertía ya Roberto Guevara. Sus collages sobre tela o papel y su pincelada no oculta esa condición de sumas.

Hay viejos dibujos de Richter, de principios de los años sesenta, que recordarían la escritura y la gráfica orientales. Líneas sobre el espacio blanco, enérgicas, definitivas o, por el contrario, apenas presentes en la hoja. En ocasiones son más que la mancha de tinta, su ondulación, su fuerza o delicadeza, y entonces podemos distinguir un desnudo o un Cristo crucificado. Pero algunas también abarcan la bóveda del espacio, como intentando una primera definición de lo que será su fraseo plástico y conceptual.

La palabra, la frase, el signo caligráfico, resultan persistentes en su obra. Palabra como dibujo en medio de la composición, o frase como pensamiento de la artista: "El hacer depende del riesgo personal".

Los pianos, las líneas y los sentidos constructivos e ilusorios del color no concluyen en sí, sino que, más bien, estimulan continuidades en la pintura misma.

Luisa Richter, personaje central de la pintura en Venezuela, nos reconforta con el milenario arte del pincel sobre la superficie, en ese diálogo continuo entre lienzo, papel y verso.

JUAN C. PALENZUELA

Luisa Richter, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus