La plataforma de lanzamiento del chicagoísmo

Roger Brown. La entrada de Cristo en Chicago en 1976. 1976. Óleo sobre lienzo. Colección del Whitney Museum of American Art. Nueva York. Cortesía del Museum of Contemporary Art. Chicago.

Colectivajul 1997 - sept 1997· Por Rachel Weiss

La plataforma de lanzamiento del chicagoísmo

Una parábola acerca del lugar

La reciente exposición Art in Chicago: 1945-1995 (noviembre 16 de 1996 - marzo 23 de 1997, organizada por Lynne Warren) provocó tanto debates (sobre la existencia o no del Chicago Art) como bostezos (¿a alguien le interesa este asunto?) Los primeros tomaron la forma y temperatura de una disputa familiar en la que prácticamente todos los periódicos y revistas de la ciudad entraron a discutir quién había sido incluido y quién no, qué obras habían o deberían haber sido seleccionadas, etcétera. Entretanto, los últimos reflejaron una ambivalencia perenne sobre la especificidad de ser “regional" más que “internacional", situación que abunda de igual forma en cualquier otro mercado secundario del mundo del arte. No obstante, tal vez lo más interesante de esta exposición es la forma en que plasmó una posición ideológica de la cual puede decirse que es característica de la institución anfitriona, el Museum of Contemporary Art, ya que consolida una nueva identidad que se ajusta a su nueva edificación de 47 millones de dólares.

En armonía con las corrientes actuales, Art in Chicago fue bastante contextual. Una cronología informativa (a dos columnas), "Chicago" y "Allende", introducía cada sección de la exhibición, preocupándose por dar amplia información política, socioeconómica y de historia del arte para ubicar en ella las obras expuestas. La muestra fue muy variada y prestó especial atención -outsiders, de género y políticos. Se podía notar cierto didacticismo, junto con una estrategia que reflejaba aparentemente las presiones para incluir obras, muchas obras.

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Jeannie Dunning. Cuello. 1990. Copia lavada en tinte de plata montada sobre plexiglás. 209,5 x 177,8 cm. Edición 2/3. Colección del Grupo Refco. Chicago. Cortesía del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago.

Es difícil imaginar un método adecuado para resumir o dilucidar el arte de una ciudad o su identidad artística. Los críticos de esta exposición se centraron en su método historiográfico de exhibición, que sacrificó la austera claridad de las exposiciones más típicamente modernistas; en su segregación del Time Arts (es decir, espectáculos, películas y vídeos) a un campo física y estéticamente separado; en su mezcla/fusión de (depende de a quién se le pregunte) diferentes categorías artísticas, incluyendo aquellas de los educados en escuelas de arte, los autodidactas, o los outsider, en su inclusión de demasiadas corrientes de arte, no suficientes artistas o demasiados artistas; en su localismo defensivo frente al centralismo de Nueva York. Se ha afirmado también que Art in Chicago utilizó demasiado la colección del MCA al compilar la lista de obras de la exposición (más o menos una de tres), lo cual provocó probablemente una interpretación de la exposición como historia del MCA, en vez de historia del arte de Chicago. Cada enfoque de los curadores está limitado, obviamente, por sus propios parámetros; por ejemplo, una selección más centrada habría estado sujeta, sin duda, a que se le criticara más agudamente de excluyente, mientras que el enciclopedismo de Art in Chicago dejó abierta la posibilidad de que hubiera muchas quejas con respecto al desorden al que ha estado sujeta. De hecho, la expansión desmañada y el eclecticismo de la exposición hicieron surgir una pregunta, al menos en términos formales, acerca de si había alguna forma razonable de hablar del arte de Chicago. ¿El chicagoísmo tiene sentido? La respuesta dada por la exposición encaja perfectamente dentro del discurso postcolonial contemporáneo: sí y no. Sí, una vez (antes) lo tuvo y, no, hoy ya no lo tiene.

Art in Chicago escudriña una historia general que va del imaginismo, el Hairy Who, el arte outsider y otras marcas locales, hacia un neo conceptualismo practicado actualmente por los artistas de Chicago. El primero, excesivamente modulado por la figuración, una tendencia a lo grotesco y una propensión local a coleccionar que se había inclinado hacia el surrealismo, se reconoce generalmente como el mayor éxito del arte de Chicago, el ícono pictórico más reconocido de la ciudad. 

La historia imaginista, como se dijo en esta exposición, está mirando constantemente por encima del hombro hacia el oriente (es decir, hacia Nueva York), yendo en picada debido a malas reseñas y/o falta de atención por parte de ese centro. Las obras neo conceptualistas, ubicadas en el extremo más escondido de la exposición, sin embargo, fueron hechas por artistas que se describen a sí mismos específicamente como exponentes de un “lenguaje internacional". Viven aquí, trabajan aquí, pero el arte no es de aquí ni de ninguna otra parte que se defina por parámetros de lugar. En otras palabras, desde la Segunda Guerra Mundial, Chicago Art se ha movido, en términos generales, de “Chicago" a "Allende".

Vale la pena notar la posición de Art in Chicago dentro del contexto del Museum of Contemporary Art y su trayectoria actual. Art in Chicago es la segunda exposición que llena las nuevas galerías del MCA, después de la intelectualmente ambiciosa y globalizadora Negotiating Rapture, del ex curador principal Richard Francis; Art in Chicago trata de interpretar las dos como una pareja. Rapture, con su insistencia en el uso de una voz “internacional" para abrir las puertas del nuevo museo de la ciudad, se llevó a cabo en medio de un aparentemente interminable flujo de publicaciones de prensa que proclamaban con bombos y platillos el tamaño del edificio que, según se aseguró, es el más grande destinado al arte contemporáneo en Estados Unidos (parece que un recientemente anunciado Website está dentro de esta categoría). El (relativamente) extremo particularismo de Art in Chicago, el segundo habitante del edificio, contrasta en gran manera con los expansivos discursos dedicados a su predecesora. Pero no se preocupen, lo local no es ni más pequeño ni menos importante que el conjunto, si se le mira en la debida forma.

Me ha sorprendido la posición semejante que el MCA, como institución, ha formulado frente al mundo. Está aquí en Chicago, es cierto; sin embargo, se le describe siempre en términos que lo relacionan con el mundo que está más allá de la ciudad. Su programa de exposiciones no favorece ni las historias locales ni las esencias locales, sino que insiste más bien en una ciudadanía global como su centro. Art in Chicago, entonces, puede verse fácilmente como una articulación de la estrategia institucional del MCA mismo, paralela a la función más común de la exposición como reconocimiento de la práctica artística. Ésta aboga por que se entienda que Chicago es importante por sí misma, precisamente en virtud de su calidad de ciudad de clase mundial. Al alcanzar una estatura global, ha trascendido la necesidad de una identidad local.

Entonces, la historia que tenemos ante nosotros es una parábola acerca del lugar. Alguna vez creímos que la geografía era importante, incluso fundamental, para definir quiénes somos como artistas y como público. En los años setenta, la última vez que Chicago tuvo un “aire” visual que podía identificarse por sí mismo, ese mismo aire se desarrolló como desafío a la reputación de segunda clase que Nueva York le había otorgado a la ciudad, y fue absorbido dentro de un complejo local. Sin embargo, la incoherente ambición del chicagoismo de convertir la ciudad en un lugar de destino artístico parece ahora tristemente pasada de moda; su sueño de fervor y singularidad locales ha sido reemplazado por un práctico reconocimiento de las ventajas locales que acompañan la adopción de una retórica global. Tal vez, éste es un fenómeno semejante al giro que ha dado la voz de los curadores, al pasar de una narrativa idiosincrática a una plataforma institucional.

RACHEL WEISS

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