"Lo real es, a primera vista, un alimento", escribió el filósofo francés Gastón Bachelard. Para el artista, hubiera podido agregar. El arte se embriaga con muchas otras fuentes, por suerte, pero lo que nos interesa aquí es su apetito sin límites, su alquimia gastronómica. Absorción, digestión, deglución, reproducción. En su devoradora gesta histórica, estética e intelectual, la creación artística asimismo la rechaza y adquiere así la esencia misma de su indestructible intimidad. Los 100 años de arte moderno a los que nos convidó recientemente Julio Villani, artista brasileño radicado en París, son bacanales visuales que proyectan y multiplican su obsesión primordial por la dualidad, hacia una multiplicidad referencial, bien codificada, en la que su arte vaga en una total libertad.

La mesa está puesta en honor de los artistas que son referencias maximales para Villani, y el menú imaginado es una alusión emblemática a la obras. El artista se regocija citando a Malevitch con pequeños pasteles blancos y negros; a Mondrian, con un coctel purista blanco, rojo, amarillo y azul, y a Van Gogh, con orejas sobre una lechuga; tocos que imitan éclairs au chocolat evocan el nacimiento de la luz eléctrica, mientras que los cubiertos peludos y claveteados recuerdan tanto a Meret Oppenheim como a los dadaístas. Cézanne y muchos otros
se mezclan para alegría de nuestra mirada, pero el verdadero maestro de ceremonias es indudablemente Marcel Duchamp. Recordaremos la infinidad de obras metafóricas ligadas al eat- art, que brotaron durante las décadas pasadas. Que se trate delsuizo Daniel Spoerri y de las obras comestibles de sus ritos gastronómicos extravagantes; de la norteamericana Judith Chicago, invitándonos a su dinner party sexantropófago, o de las cenas simbólicas y comestibles del mexicano Raymundo Sesma (Bienal de Venecia de 1993), los artistas fascinados por el ritual primigenio nos han acostumbrado a la burla sarcástica y humorística, evocadora del modelo antropófago brasileño.
Villani sigue jugando con la transgresión de todos los tabús y se deleita con derrumbar todos los tótems: copia, cita, mezcla, superpone, arranca, imagina. Ha concebido el banquete como el eje de reflexión de su muestra, en la que desarrolla infinitas variaciones sobre los modos de captación del objeto, en este caso la botella. De su Naturicasso a su Naturelitz, pasando por Naturaleza plástica, Naturaleza Ivre morte o La muerte de la naturaleza, se transparenta su sentido del humor y se manifiesta su amor a la pintura y a las palabras. Una correspondencia visual e intelectual se establece entre el banquete y las obras dispuestas a su alrededor, para que circule y se materialice el concepto de su proyecto artístico museográfico. Villani superpone las representaciones, los sentidos, las referencias y la metáforas en el ir y venir de la pintura al objeto y del objeto a la pintura. Juego de imágenes y de palabras, circulación y juego de símbolos y de sentidos. En esa cadena antropófaga, el artista nos abre una multiplicidad de mundos interpretativos, tanto paródicos como satíricos, de la referencia a la irreverencia, a partir de un eje conceptual que perenniza las múltiples fuentes de las que se alimenta, sean familiares, artísticas, culturales o amorosas. Tras el humor existe también un cuestionamiento sobre la distancia y la proximidad de los mundos sin límites que el artista debe enfrentar para plantear ia viabilidad de su propia identidad.
La exposición se abría con la pregunta acerca de los orígenes, en una pintura llamada Quand le titre devient tableau (fechada en 1988, mientras toda la obra expuesta fue realizada en los dos últimos años), donde Villani describe los estratos fundadores de toda cultura personal. Al mismo tiempo, rompe las barreras, si quedaban algunas; elimina los centros y las periferias, si quedaban algunos, para que la exposición sea una invitación posible para todos. Lo que interesa al artista es este balanceo permanente que asiente su libertad de creación, de la pintura a la instalación, del objeto a la pintura, de la palabra al objeto y viceversa. Todo se cruza y se vuelve a cruzar en este "gran festín del pensamiento humano". La short story en homenaje a Fontana, última obra y cierre de la exposición, nos cuenta un sueño despierto que nos invita a compartir este saludable desdoblamiento.
CHRISTINE FRÉROT
