Jesús Soto

Jesús Soto. Esfera Lutétia, 1996. 600 x 600 x 435 cm. (236 1/5 x 236 1/5 x 171 3/4 pulgadas) Foto: Beatrice Hatala.

Monografíajul 1997 - sept 1997· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Jesús Soto

Entrevista con Francine Birbragher

En el mes de marzo, el maestro Jesús Soto asistió, como invitado de honor, a la celebración del primer aniversario del Museo de Arte Contemporáneo (MoCA), de North Miami. Su visita coincidió con la retrospectiva en la Galería Nacional Jeu de Paume, en París, y con el lanzamiento del libro Soto. La Différence, de Gérard-Georges Lemaire.

Francine Birbragher: Quisiera que hablara un poco de la exposición en el Jeu de Paume. ¿Quién fue el curador? ¿Cómo se organizó la muestra? ¿Qué obras se tomaron en consideración?

Jesús Soto: La exposición retrospectiva fue organizada por Daniel Abadie, el director del Jeu de Paume. Es un historiador de arte que lleva muchos años pendiente de nosotros y que ha escrito mucho sobre mí. Al ser nombrado director, lo primero que pensó fue: "Soto, tenemos que hacer una gran retrospectiva, y tiene que ser en diciembre. Yo le pregunté: ¿Por qué en diciembre? Y él me respondió: Porque en diciembre viene a París mucha gente interesante". No se pudo hacer en diciembre. Se inauguró el siete de enero. De todas maneras, fue una exposición que tuvo un récord enorme de público. Daniel Abadie hizo la selección total de las obras. Yo no hice sino tres obras nuevas que me pidió. Él se ocupó de la presentación, de seleccionar a quienes escribían los textos, y estoy muy agradecido porque verdaderamente la muestra sobrepasó el éxito que se había previsto.

Yo pensaba que sería interesante, pero nunca pensé que asistiría tanto público. Los días sábados y domingos hubo cola para entrar al Museo. Fue bellísimo. La exposición va a Alemania, al Museo de las Américas, en Washington, al Museo de Arte Moderno de São Paulo, al Museo de Montevideo y al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Terminará seguramente en Caracas, en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber.

F.B.: De las obras escogidas para la retrospectiva, ¿cuáles considera que se deben destacar?

J.S.: Como ya le dije, no fui yo quien las escogió. Fue Daniel, quien realizó la curaduría e insistió en incluir una parte que no se conocía en Francia. En un momento dado, yo trabajé mucho con mis amigos del nuevo realismo francés y traté de llevar su expresión al arte cinético. Casi toda esa obra se presentó en Venezuela en los años sesenta. El afiche y la invitación de la retrospectiva ilustran esas obras, que son tramados sobre maderas viejas, donde yo hago estructuras cinéticas. Indudablemente, la exposición está basada en todo mi proceso, que comienza en los años cincuenta, cuando llegué a París, y continúa hasta el día de hoy. Son unas cien obras a través de las cuales se puede leer muy bien todo mi trabajo, y se puede apreciar cómo ha ido evolucionando hasta las cosas actuales, que son más o menos virtuales, y me interesan enormemente. Yo creo que una de las grandes conquistas del arte moderno es descubrir que el volumen no es necesariamente una forma cerrada, sino que puede ser una forma abierta. Es decir, que puede acercarse el espacio hacia el volumen, como trozos de espacio donde he tenido que inventármela, como he podido, para poder hacer esa especie de “trampa de espacio”, para que el público se dé cuenta de que el espacio tiene una densidad. Presenté en la Bienal de São Paulo dos obras de este tipo y tuvieron muy buena aceptación. Son obras muy lentas de hacer. Son horas y horas de trabajo; además de la creación, está el trabajo técnico de tres o cuatro meses, varias personas trabajando; para finalizar una pieza que tiene un metro por un metro o dos metros por dos metros...

Monografía: Jesús Soto — imagen 1
Soto en Penetrable. Washington, 1975.

F.B.: A nivel de eventos internacionales, ¿cuál ha sido su participación más reciente?

J.S.: El año pasado fui invitado especialmente a la Bienal de São Paulo. Yo les mandé el croquis del penetrable y ellos lo realizaron. Dado que la Bienal tenía como tema lo inmaterial o la desmaterialización, los organizadores pensaron que yo era un artista que había trabajado mucho sobre ese aspecto y que sería adecuado que el pabellón venezolano participara con mis obras. Esas dos obras virtuales, las más recientes, van a venir pronto a Estados Unidos, a Oklahoma, a una exposición que se está organizando y a la que hemos sido invitados Marisol y yo, junto con un grupo de jóvenes artistas venezolanos.

F.B.: Entre los proyectos que está trabajando en estos momentos está el del aeropuerto de Hong Kong.

J.S.: Estamos trabajando en eso. Ellos están muy interesados en mi planteamiento pero el problema sigue siendo el costo. Es una obra de unos espacios inmensos. Tengo la impresión que van a realizar el proyecto por partes. Son cinco modelos, cinco módulos, y ya pidieron el central.

F.B.: ¿Ese proyecto fue adjudicado por concurso?

J.S.: Iba a ser adjudicado originalmente por concurso pero les dije que yo estaba muy viejo para participar en un concurso y ellos respetaron mi posición. En estos momentos estamos simplemente trabajando para que sea posible comenzar. No tengo ninguna prisa; les hago el proyecto y ellos lo organizan. El proyecto central es una obra que tiene como veinticinco metros, de alto va a tener doce o quince metros.

F.B.: ¿Es una pieza de piso, de techo, o un penetrable?

J.S.: Es un suspendido. La gente entra al aeropuerto por la parte baja pero estaciona su automóvil en un segundo piso. La obra se puede ver desde abajo y desde arriba, pues va a estar metida en ese hueco de doble espacio. Son cinco módulos que en total van a ocupar aproximadamente doscientos metros.

Monografía: Jesús Soto — imagen 2
Jesús Soto. Volumen suspendido, 1979 Centro Banaven, Caracas.

F.B.: El año entrante, el Museo de Arte Moderno Jesús Soto, en Ciudad Bolívar, cumple veinticinco años. ¿Qué proyectos tiene para la celebración?

J.S.: Uno de los proyectos que se está planteando, y que seguramente será realizado, es un catálogo. La misma gente que hizo el libro Soto. La Différence está muy interesada y yo haría, en parte, la diagramación. Ya estamos trabajando. Empezamos hace dos meses y estamos buscando las personas idóneas, sobre todo gente que siempre ha amado el Museo. Hay más de uno, por supuesto, Gules Placy, Jacques Leenhardt... Hay muchas personas que han seguido mi trabajo y el trabajo del Museo, que están muy contentos de participar. Ese es un trabajo inmediato que tengo que resolver de aquí a dos o tres meses porque hay que armar el libro y lo que nos queda es un año.

F.B.: A nivel de exposición, ¿se va a presentar la colección permanente del Museo o se van a presentar artistas jóvenes?

J.S.: No lo sé aún. Acabamos de cumplir los veinte años, lo cual fue un gran esfuerzo, y ahora aparece este nuevo esfuerzo. Hay que empezar de nuevo y hay mucha gente dispuesta a hacerlo. Tengo un magnífico equipo de estudiosos de arte que se ocupa del Museo. El consejo administrativo, dirigido por la gente más destacada en arte contemporáneo en Venezuela, trabaja en forma admirable. Lo hacen verdaderamente por amor al arte y lo están haciendo de maravilla. Con ellos tengo que hablar ahora para ver qué vamos a hacer para el aniversario.

F.B.: Se ha escrito mucho sobre los penetrables, las obras en espacios públicos, los trabajos arquitectónicos y la participación del público durante todo el proceso de cuarenta y siete años de trabajo artístico. ¿Cómo percibe usted está propuesta en la obra de los artistas jóvenes?

J.S.: No creo que estén muy interesados en la integración del arte con la arquitectura. Vivimos un período muy extraño que yo, como es normal, no puedo seguir porque pertenezco a una generación con otra preocupación. Más bien están interesados en la cosa efímera, que también es muy interesante. Espero, sin embargo, que con estos ejemplos que ha dado la gente de mi generación, la generación de los cincuenta, el arquitecto vuelva a respetar el aporte del artista. Lo que pasó fue que el artista, desde los siglos dieciocho y diecinueve, olvidó el arte en la calle. Se ocupó del taller, que tenía un nombre muy bonito, la torre de marfil. Allí, se sentaba, con un pequeño formato, y creaba obras maravillosas. La integración del arte y la arquitectura, normal en el renacimiento, en el medioevo, o en el barroco, se había perdido y nosotros, en un momento dado, encontramos la manera de convencer a los arquitectos de que nuestro trabajo enriquecía el espacio y no luchaba contra él. Esa teoría se ha ido desarrollando bastante bien. Hoy en día tengo mucho trabajo en ese sentido y mis amigos contemporáneos, los artistas del movimiento, tienen todos invitación a incorporarse al espacio cotidiano. Lindo eso, ¿no? La gente siempre tiene con los museos como un temor, “no puedo ir al museo porque no soy culto”. Hay una cohibición. Los museos se han mostrado como algo muy elitista y ha costado mucho trabajo aflo­jar al público. Si uno hace la obra en la calle, el público no tiene que saber de arte. La frecuenta, la vive, la disfruta o la ignora (en general no la ignora, siempre está interesado) y cada día hay más interés por instalar este tipo de obra. Es el caso, por ejemplo, de Caracas, donde he tenido la suerte de ser un artista que inventó una nueva manera de participar en la arquitectura. También he trabajado mucho en Francia, y ahora estoy realizando proyectos en Japón, Corea y Hong Kong. La gente sabe que puede contar con artistas como nosotros para meterse en ese mundo público sin molestar, sin equivocar la arquitectura. Es sencillamente un proceso de integración. Esa teoría había sido propuesta por el Bauhaus pero la guerra destruyó lamentablemente ese aporte. Mi generación la recuperó y creo que lo estamos haciendo bien.

Monografía: Jesús Soto — imagen 3
Jesús Soto. Cubo de Seúl, 1994.

F.B.: En los últimos años, el mundo del arte ha sufrido un revés en Europa, en Francia en particular. En el aspecto comercial, muchos artistas se están yendo, muchas galerías están cerrando...

J.S.: Son períodos de angustia (el existencialismo es una expresión muy francesa). La angustia puede surgir en un momento dado. Sinceramente, aunque no vendo mucho en Francia, me siento muy feliz de trabajar allí. Voy a vender afuera pero los franceses me protegen, me quieren, me hacen la vida bonita, para que yo pueda, con la menor dificultad, desarrollar mi trabajo. Creo que eso es esencial.

F.B.: ¿Y Venezuela?

J.S.: Igual. En Venezuela soy tan popular como el mejor boxeador. Soy un caso raro. Un artista pintor que se vuelve tan popular como un pelotero. Por la calle me reconocen como un personaje popular. Eso es muy lindo, algo nunca visto. Y eso es parte también del arte en la calle, de eso que yo he hecho.

F.B.: ¿Qué proyectos ha realizado últimamente en Venezuela?

J.S.: Acabo de hacer una obra muy grande, que está en una gran avenida de Caracas. Es una escultura como la de Seúl pero toda amarilla (la de Seúl era de dos colores). Mide trece metros de alto y la esfera tiene nueve metros. Se instaló en el mes de diciembre. Está nuevecita. También tengo grandes proyectos en Alemania y en Corea.

F.B.: ¿En qué ciudad de Alemania?

J.S.: En Berlín tengo un proyecto inmediato, pero no lo voy a decir porque soy medio indio: hasta que no tengo la cacería en mi casa, no hablo. Todavía estoy trabajando con el arquitecto. En Corea hay también dos proyectos muy grandes y uno más en Venezuela.

F.B.: ¿Y en el resto de América Latina?

J.S.: Los brasileños están muy interesados en mi trabajo y me están ayudando mucho. Hay proyectos para Brasil y para Colombia. Colombia siempre me recibió con mucho cariño y ahora se va a realizar el penetrable de agua que yo propuse hace quince años en Medellín.

F.B.: ¿Cómo definiría usted el penetrable de agua?

J.S.: Es una especie de fuente de agua, que sale del suelo, en la que la gente se puede meter. El proyecto incluye un pequeño bungalow para que el público se cambie y se ponga su traje de baño. La idea es que las personas vivan el penetrable. Vamos a tratar de que los elementos formales, tubos, prismas, funcionen con un sistema electrónico, de tal manera que vaya cambiando de forma mientras el público disfruta de esa especie de ducha al revés.

F.B.: No se da por vencido en la búsqueda de materiales y técnicas no tradicionales.

J.S.: No, al contrario.

F.B.: ¿Ha pensado volcarse hacia el campo de la informática?

J.S.: Sí, lo estoy trabajando. No voy a estudiar la informática. Mi hijo está estudiando y tengo amigos arquitectos a quienes doy los dibujos y las ideas para pasarlos al computador.

F.B. Entonces, pronto tendremos a Soto en el Internet.

J.S.: ¡Por supuesto! ¡Inmediatamente! Es sólo cuestión de pedir que me lo pasen porque, en realidad, yo llevo mucho tiempo trabajando en eso. La obra del Centro Pompidou, por ejemplo, la hice con un amigo colombiano, ingeniero, en una época en que todavía la maquinita tenía que trazar rayita por rayita...

FRANCINE BIRBRAGHER

Historiadora y crítica de arte. Aseso.

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