En los grandes espacios del Museo de Arte Moderno La Tertulia, Sala de la Colección y Sala de Exhibiciones ltinerantes, se instaló la exhibición Imaginación y fantasía, una muestra con trabajos de diez artistas de las últimas generaciones, que abordan diversos problemas simbólicos a través de instalaciones y distintos medios visuales.
Conformaron la muestra los trabajos sugestivos de Óscar Muñoz, que juega con la representación, el ilusionismo y la voluntad del espectador para accionar las imágenes. Cuatro trabajos de Alicia Barney, quien relaciona colorido, materiales diversos y contrastados, y objetos elegidos para armar su obra en torno a lo antropológico. Retrata los mitos y leyendas tribales recreando obras emocionales y líricas. Nadín Ospina se aproxima a su mundo de ficción usando el recuerdo, la historia y el humor como ingredientes autónomos y locuaces. Los órdenes que maneja en su obra oscilan entre el reconocimiento y la tensión, glorificando y al mismo tiempo desmitificando iconos reconocibles.

Elias Heim presenta una de sus más recientes máquinas, relacionando la ambigüedad de la naturaleza y la apariencia ingenieril. El espacio museal como alegoría, verdad y lugar de contradicciones excita sus argumentos, que se valen de la acción real, lo automático y repetitivo como reflexión. Su alusión al mundo animal y al mito de Narciso señalan el sendero de sus intereses.
Dos artistas que trabajan el vídeo como recurso dramático y expresivo son Mario Opazo y Leonel Galeano. Ambos se fijan en lo político como argumento de sus soluciones. Fusilamientos, con un gran muro construido y la pared perforada, buscó ser una alegoría de la muerte, al tiempo que referente artístico de Goya. Leonel Galeano trabaja la muerte como un argumento persistente y conmovedor; la agonía y el inevitable ocaso de la vida sirven para localizar en vídeo, luz, viento y camas de hospital, su propuesta, que oscila entre lo macabro y lo poético.

Luis Roldán realizó, con elementos de reciclaje, murales cuya sugestiva apariencia de constelaciones produjeron múltiples lecturas. Su obra juega con la apariencia, el espacio, el preciosismo y los objetos encontrados como ejercicios de ilusión; la nada y el todo, así como el espejismo y la verdad, son razones importantes en sus trabajos que recogen lo relativo como problema.
Lucas Ospina ironiza en torno a la moda, su condición cambiante y el lugar que ocupa en la conciencia colectiva. Mediante sus acostumbrados dibujos caricaturescos, y usando bases y sábanas, crea un espacio humorístico, atrayente y despectivo.
Wilson Díaz y Juan Mejía entrelazaron sus ideas generando parodias de la pintura, la vida cotidiana, emprendiendo de nuevo la odisea del mal gusto como una práctica inevitable. Su espacio, con pescados chinos en el acuario, paisajes idílicos y turísticos más mesas, sofá y pasabocas falsos, atendió con una vulgar iconografía la idea imaginativa donde reconocerse era un desafío de contrarios.
MIGUEL GONZÁLEZ

