II Salón Internacional de Estandartes

Vista de la exposición Estandartes .1997. Tijuana, Mexico.

Colectivajul 1997 - sept 1997· Por Carlos-Blas Galindo

II Salón Internacional de Estandartes

Centro Cultural Tijuana, México

Por segunda vez consecutiva, el Centro Cultural Tijuana alberga los resultados de un certamen internacional del que no sólo es sede sino institución organizadora y convocadora. Para un país que —pese a la fama de su arte pretérito— carecía de más concurso internacional en artes visuales (en diseño, desde 1990, es la sede de un certamen bianual de cartel), con la excepción de la nada prestigiosa bienal iberoamericana que hace una empresa vinícola, el Salón Internacional de Estandartes adquiere una indudable relevancia. ldeado por Marta Palau, su curadora y coordinadora, como un certamen heterodoxo —ya que el de los estandartes (o pendones, cada uno de cinco metros por un metro con ochenta centímetros) no es un género específico— las reglas con las que es efectuado garantizan, sin embargo, que los participantes elaboren alguna obra de manera expresa para atender a la invitación que se les hace. Además, los materiales y soportes previstos para la elaboración de las obras (resistente papel para envoltura, preferiblemente) garantizan atenuados gastos de traslado y de aseguramiento. Y el hecho de que la sede del concurso se halle en la ciudad de Tijuana, que es la más noroccidental de México, fronteriza con los Estados Unidos, consolida el rango cultural de Tijuana, que también es sede mexicana de la exposición binacional de instalaciones, lnSite.

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Vista de la exposición Estandartes .1997. Tijuana, Mexico.

Fungieron de jurados del II Salón Internacional de Estandartes (ES97) Luis Camnitzer —quien, junto con el peruano Eduardo Tokeshi, obtuvo el primer premio en el Salón anterior—, Andrea Giunta y Jorge Alberto Manrique. Ellos juzgaron las 39 obras con las que concursaron igual número de autores, originarios de 13 países, y concedieron tres reconocimientos honoríficos: A Flavio Garciandía (Cuba), por una obra en tinta sobre papel, titulada Algo pasa en mis frijoles negros o Ad Reinhardt en La Habana. A Martha Hellión (México), por su mixta en papel rasgado, La frontera. Y a Julio Orozco (México), por su impresión, resuelta a partir de numerosos fragmentos, de una fotografía digitalizada, llamada Gravedad. El segundo premio (de 35 mil pesos, equivalentes a algo menos de cuatro mil quinientos dólares estadounidenses) se lo otorgaron a Irma Palacios (México), por su pintura sobre papel Otoño-invierno. Y el primer premio (70 mil pesos), a John M. Valadez (Estados Unidos) —único participante chicano en el certamen—, por su pintura sobre tela Bocabajo, en la que alude a la violencia —que llega al nada infrecuente asesinato— de la que son víctimas tantas mujeres en las zonas contiguas a la frontera entre México y los Estados Unidos, así como al papel social de prostitutas que se les asigna a muchas de ellas. A un año de haber sido instaurado, el Salón ya suscita reflexiones de importancia, que, de hecho, son propiciadas por los organizadores-coordinadores del concurso, mediante la realización de un panel de discusión, previo a la apertura de la exposición del certamen. Durante su intervención en dicho panel, Shifra Goldman comentó que a pesar de que obras de características y dimensiones como las que son enviadas a este concurso son obras de carácter público y, no obstante, se exhiben en museos de índole pública (luego de ser mostrada en Tijuana a partir de marzo, la colectiva viajará a Guadalajara, Monterrey y la capital del país), resulta contradictorio que no haya sido previsto mostrarlas en exteriores. La misma especialista comentó que la rigidez física de la mayor parte de los estandartes (resultante, sin duda, de la interpretación llana de un punto de la convocatoria, creo yo) que son expuestos contrasta con la movilidad que, a consecuencia del viento, convendría que tuviesen. Pero, además de señalar asuntos cuya solución está en manos de los organizadores-coordinadores del concurso, Goldman mencionó otros de los que son responsables los artistas participantes: la necesaria simplificación de los elementos formales, de modo que los estandartes sean apreciables desde lejos; la concreción temático-formal, de manera que su lectura no sea innecesariamente compleja, y la conveniente previsión de que los estandartes serán mostrados como un conjunto, por lo que no puede esperarse que su apreciación ocurra de manera aislada. ¿Se trata del germen de un nuevo arte? Aun cuando haya dosis de veracidad en esta sospecha, me parece pretencioso afirmar desde ahora tal cosa, pues dicho germen está presente en varias de las actuales vertientes del arte contemporáneo, y no sólo en éstas. Por el momento se trata, más bien, de que las partes convocadora y curatorial del Salón Internacional de Estandartes, así como quienes accedan a participar en el concurso, sean capaces de aprovechar experiencias que provienen desde el muralismo mexicano histórico hasta sus secuelas más actuales, o del cartel publicitario callejero de grandes dimensiones hasta experiencias como las del “arte de los medios”, a la manera en la que, por ejemplo, Les Levine lo trabajó a mediados de los ochenta, o a la manera como las Guerrilla Girls continúan practicándolo.

De acuerdo con mi interpretación de los parámetros que Shifra Goldman enunció (y que desde luego comparto), en ES97 el estandarte mejor resuelto es Sin título, sobre rojo, de Liliana Porter (Argentina). Sus elementos principales son una silueta del ratón Mickey, una estrella, la hoz y el martillo, así como una cruz, que se hallan superpuestos sobre un fondo rojo. De acuerdo con la interpretación señalada, del conjunto destacan, asimismo, la obra de Manolo Escutia (México), cuyo título es Runa-tuna-runa-luna; el estandarte sin título de Leopoldo Maler (Argentina), relativo a los conceptos políticos de izquierda y derecha; el de Julio Pacheco Rivas (Venezuela), titulado Pintado por ambos lados, y el de Daniel Ontiveros (Argentina), que lleva el título de J. Perón Dixit. Cabe subrayar que en las cuatro obras citadas hay elementos tipográficos.

CARLOS-BLAS GALINDO

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