Exposición Individualjul 1997 - sept 1997· Por Edward M. Gómez

Ignacio Iturria

Museo de las Américas

A principios de noviembre del año pasado se inauguró en el North Dakota Museum of Art en Grand Forks, North Dakota, una exposición itinerante de nuevas pinturas, esculturas y pinturas-construcciones del artista uruguayo Ignacio Iturria. Grand Forks es la misma ciudad de la parte norte del centro de los Estados Unidos, cerca de la frontera con el Canadá, que fue recientemente devastada por fuertes inundaciones. La muestra de Iturria abrió sus puertas durante una ventisca invernal que duró una semana, y permaneció expuesta hasta finales de enero de este año, cuando fue trasladada a Plug-In, un famoso museo de espacio alternativo en Winnipeg, Canadá y, finalmente, al Museo de las Américas de San Juan, Puerto Rico.

En esta selección de nuevas obras, producidas principalmente en 1995 y 1996, Iturria continuó desarrollando los temas que por largo tiempo han dominado su obra, así como los aspectos técnicos de su pintura y escultura que la han distinguido por muchos años. En particular, sus nuevas pinturas-construcciones montadas sobre la pared y elaboradas en madera, alambre y óleo, y sus imágenes al óleo sobre lienzo de solitarios retratos de individuos anónimos suspendidos de un hilo o alambre, en inexplicables vacíos, aludían a (y hacían énfasis en) algunos de los temas que el artista ha estado explorando por más de una década.

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Ignacio Iturria. Vista de la instalación en el North Dakota Museum of Art. 1996. Grand Forks North Dakota, EU.

Estos temas incluyen el aislamiento existencial de la persona típica del mundo moderno movido por la tecnología y controlado por la burocracia; la búsqueda de la identidad personal en la sociedad tecnocrática actual saturada por los medios de comunicación; y el valor duradero de un sentido de comunidad, como forjador de cultura e identidad y, a la vez, refugio para aislarse del rigor de la modernidad, que genera ansiedad.

Cada una de las pinturas que lturria hace sobre lienzo, cartón o papel, y cada una de sus construcciones elaboradas en papier mâché o en materiales mixtos, puede verse como un ensayo que expone la perspectiva filosófica de un observador profundamente humanista de estos tiempos postmodernistas del siglo XX; porque lturria comparte visiblemente su creencia de que, para todos nosotros, las cosas del espíritu pueden, y deberían, ser lo primero. lrónicamente, es mediante una investigación de dichos lemas centrales del postmodernismo, tales como la construcción de la identidad o la cultura y de la historia en sus manifestaciones más personales (árboles genealógicos, costumbres sociales, tradiciones que moldean la sociedad), como lturria reafirma los principios básicos del modernismo, que tan poderosamente caracterizan y enriquecen su obra.

Estos aspectos incluyen una apreciación y un respeto por la humanidad esencial, incluso hasta del más anónimo y humilde de los seres humanos, así como una creencia en el valor espiritual y el poder trascendente de una cultura común definidora de la identidad. La preocupación de lturria por estos temas modernistas-postmodernistas es evidente en los nuevos trabajos que presentó en Grand Forks, Winnipeg y San Juan. Consideremos, por ejemplo, sus pinturas de veloces trenes cuyos pasajeros miran fijamente a través de las ventanas con una mezcla de impotencia y añoranza; o sus paneles de madera cubiertos con pequeños cubos de madera, cada uno de los cuales ha sido marcado por lturria con una pequeña cara o una figura, a menudo salida directamente de sus tubos de óleo; o sus oscuras cuadrículas de retratos alineados en filas perfectas, en los cuales la pintura ha sido raspada y grabada con líneas finas y fuertes para lograr una textura adicional.

Estos últimos retratos colectivos presentan grupos anónimos de personas —¿relacionadas entre sí de alguna forma, tal vez habitantes todos de un mismo pueblo?— de un modo que rememora la fotografía documental y evoca el aura de un álbum de retratos familiares bien organizado. Sus figuras incluyen gauchos, hombres en esmoquin, niños con sus uniformes de colegio, un astronauta en la luna, soldados y una pareja de recién casados sobre una torta de bodas.

Como es usual en el arte de Iturria, los objetos de la vida diaria se transforman en espacios físicos y conceptuales para sus paisajes melancólicos y soñadores y para sus ambiguas y divertidas representaciones de hombres y mujeres que bailan, están sentados o de pie, agitan banderas o hacen el amor, o de niños que juegan, y de animales que se relacionan con sus confusos compañeros humanos. Un lavamanos puede convertirse en un lago, y la superficie de una cama puede tornarse en una extensión en crecimiento de las pampas. Laurel Reuter, director del North Dakota Museum of Art comenta que, en el arte de lturria, "Nuestras vidas se viven en una serie de tableras de mesa. La mesa se convierte en el teatro humano, y la silla es el depositario de la historia de la familia".

En sus obras para esta reciente exposición itinerante, lturria también hizo énfasis en los azules y negros y extendió la terrosa paleta de barrosos cafés y espesos blancos que han sido el soporte principal de su arte por muchos años. Manchas intensas de azul en la chaqueta de un joven, o de rojo en el uniforme de un soldado de juguete energizan sus composiciones basadas en cuadrículas. lturria también experimentó con pintura en aerosol para crear un patrón de anillos oscuros semejantes a nubes en una pintura especialmente abstracta, con muchas figuras que parecen flotar libremente en un cielo luminoso e infinito.

"No me gusta viajar, ni siquiera me gusta manejar", ha dicho el solitario artista, quien vive y trabaja en Montevideo. No obstante, como lo demostraron una vez más las nuevas obras de esta exposición itinerante, lturria es un ensayista visual inquisitivo con una perspectiva singularmente atenta a todos los rincones del espíritu humano que le gusta explorar. Para los espectadores que quieren unirse al paseo, el entusiasmo radica en aprender a ver el mundo a través de los ojos de lturria.

EDWARD M. GÓMEZ

Ignacio Iturria, por Edward M. Gómez | artnexus