Once piezas constituyen la exposición individual de Florencio Gelabert, presentada en el Museo de Arte de Fort Lauderdale. lnstalaciones y esculturas muestran, a partir de diversas alternativas estéticas, un discurso estrechamente ligado a su experiencia como artista cubano exiliado en los Estados Unidos.
La exposición comienza con Prisionero de sí mismo (1997), una instalación que combina cuatro objetos independientes. El primero es una bola sólida de metal con púas, patinada en colores óxidos y balanceada sobre un alambre grueso terminado en dos esferas pequeñas. El objeto, que recuerda un arma medieval, está colocado en el suelo junto a un escudo de metal patinado en tonos verdes. Visto de frente, un tercer objeto de madera pulida, que parece un remo o un instrumento de cuerda, contrasta con las piezas de metal. Visto por detrás, la superficie tosca de la madera sin tratar, atravesada por pequeñas puntillas doradas, refuerza la tensión generada por los dos primeros objetos. Esta tensión se repite formalmente en el último eslabón de la instalación, un alambre que une las paredes que la enmarcan y que, además, produce varias sombras que se incorporan positivamente a la totalidad de la obra. La fuerza y la elegancia de esta instalación es un acierto en esta muestra.

La segunda instalación, Geografía inmediata (1997), es más anecdótica. En ella, Gelabert presenta un mapa de Cuba, hecho en espuma selladora y pintado de rojo, y una mesa de madera rústica cubierta de clavos. La idea del mapa se remonta a una obra anterior, La fidelísima (1992)1. En cambio, el uso de un material maleable como la espuma es una novedad, pues su obra está hecha generalmente con materiales más sólidos, como el metal y la madera. Se trata de una alternativa viable dentro de un proceso de experimentación, que incluye, además, el uso del color como contraste, y no como simple terminado.
En Santo trabajo (1996), la tercera instalación de la muestra que fuera realizada originalmente para la exposición individual Las estaciones (Galería lntar, Nueva York, febrero de 1997), un halo, hecho de hoces y sostenido con alambres prácticamente invisibles, adorna un martillo de madera gigante, pintado de rojo, que aplasta un montículo de gravilla volcánica. En esta pieza, que algunos críticos han reconocido como una instalación fuerte y bien lograda2, el artista hace una aproximación a un discurso más conceptual a partir de objetos que, tanto en su realización como en su simbología, se refieren al trabajo manual.
Además de las instalaciones, Gelabert presenta ocho esculturas de pared que ilustran el desarrollo de su obra reciente. La pieza más antigua es Para los muertos (1993), una larga viga de madera pulida y barnizada elegantemente que sostiene, en su parte inferior, una cuchilla de hierro en forma de quilla. Junto con Lógica existencial (1994), un sarcófago de malla oxidada, y Barca (1994), un trozo de madera en forma de bote atravesada por sólidas cuchillas de hierro fundido, hacen referencia a la problemática del exilio y, en particular, al fenómeno de los balseros. Antidialéctica (1996), una hélice compuesta por un escudo metálico y ocho brazos terminados en machetes oxidados, Fusión Ill (1996), una hermosa pieza hecha con un palo en forma de horquilla, que sostiene una cuchilla de hierro semicircular, y Fusión IV(1996), una horquilla cuyo mango está forrado con alambre de púas y cuyas ramas finalizan en dos hoces, tratan la misma temática desde una postura más conceptual. Sin título (1997), una larga viga de madera pintada de negro, colgada verticalmente a partir de una hebillametálica, logra transmitir el mismo mensaje desde una aproximación puramente minimal.
La última pieza de la muestra (Eulogy of Violence, 1997), una viga metálica con tres hachas clavadas, cuyos mangos están cubiertos de plumas negras, es una composición novedosa dentro del conjunto. Aunque retoma algunos elementos formales de obras anteriores, muestra una nueva dimensión en la escultura de Florencio Gelabert. Hay más elaboración, tanto en la escogencia de los materiales, como en el mensaje. Si bien este último sigue siendo claramente político, también puede relacionarse con referentes sociales o religiosos, según el contexto en que se interprete, sobre todo si se tienen en cuenta las sombras que se vinculan a la obra, gracias a una meticulosa y acertada iluminación.
NOTAS
1. Esta instalación, compuesta por un mapa de Cuba, con clavos y un poste que sostienen una hoz y un martillo, está ilustrada en el catálogo de la exposición Esculturas recientes. Frederic Snitzer Gallery. Coral Gables, enero de 1993.
2. Holland Cotter, “Florencio Gelabert", The New York Times, viernes 21 de febrero de 1997. Elisa Turner, "Hay arte en lo emocional", The Miami Herald, domingo, mayo 4 de 1997, 1 (I) y 8 (I).
FRANCINE BIRBRAGHER
