Se puede oler la nueva exposición de Neto incluso antes de voltear la esquina del vestíbulo y entrar a la Galería. Organizadas en un espacio sin pulir se encuentra un grupo de esculturas que son, para aquellos versados en su obra, a la vez familiares y muy diferentes. En un principio, su estrategia es aparentemente simple: desplegadas por la Galería se encuentran medias de nylon de mujer, que han sido rellenadas y estiradas de tal forma que llegan desde el piso hasta el techo.
Del mismo modo como lo ha hecho Neto antes, estos materiales cotidianos han tornado ahora una apariencia muy diferente, y nuestra atención visual se divide entre examinar cada pieza por separado, y mirar la obra como instalación, en la cual cada objeto es un elemento dependiente del todo. Nos encontramos de nuevo ante el juego entre la casi imposible elongación de la “pierna” que está fijada al techo o a la pared, y la bulbosa forma del “pie” que está sujeto al piso. Permanentemente nos damos cuenta del material empleado y de los resultados e implicaciones que conlleva cuando consideramos estas obras como una especie de comentario acerca del cuerpo de la mujer y la abstracta cualidad de la moda. Al mismo tiempo, perdemos de vista el propósito original del nylon, y vemos entonces un objeto que se ocupa en eventos de precario equilibrio, de delgadez ingrávida y masa sólida. Previamente, cuando Neto había rellenado estas medias con bolitas de plomo, había una tensión más entre lo liviano del nylon y la implacable solidez del plomo en reposo, en su cubierta, y amenazando, a la vez, con romper el material.

Esta vez Neto ha hecho un cambio sutil, aunque profundo. En lugar de utilizar plomo o concreto, ha empleado especias como clavos, comino y curry para rellenar el nylon y ponerle un lastre. Después de rellenar una media y estirarla, ha dejado que caiga hasta el piso. La salida de las especias por entre los poros del material ha dado lugar a la formación de un anillo de polvo alrededor de la base de la escultura y ha extendido la presencia del objeto hacia el exterior de los parámetros físicos reales del nylon.
Al emplear las especias, Neto le ha agregado muchas nuevas dimensiones a lo que era un proyecto conocido. La gran acumulación de especias puras le añade un audaz y colorido elemento a estas obras, algo que no fue un factor importante en sus obras anteriores. En lugar de ver un salón lleno de líneas y curvas peleándose unas con otras, experimentamos también las relaciones que el artista ha establecido entre los atrevidos amarillos, rojos y blancos. Las especias que se han regado pintan también el piso y se suman a la sensación de que se ha creado una instalación del tamaño del salón, de que Neto ha ideado una pintura abstracta tridimensional de líneas que se interceptan y redondos pozos de color. El empleo de las especias les agrega también otra respuesta sensorial a estas obras; en efecto, los olores, cuando se mezclan, rayan en lo desagradable y abrumador, tal vez para contrarrestar el intenso placer visual que estas obras proporcionan.
Tal vez, y esto es más importante, al emplear estas especias en obras que se estiran nostálgicamente hacia arriba y que están cimentadas en una forma bulbosa, Neto ha incrementado de manera dramática la sensibilidad orgánica de sus esculturas. Mientras que en las medias de nylon que estaban rellenas de bolitas de plomo podía verse alguna relación con el cuerpo, éstas adquieren un innegable carácter de planta, sembradas en su propio anillo de “tierra". Es posible que este cambio hacia lo orgánico pueda verse como un acto final de liberación por parte de Neto, un rompimiento terminante y decidido con las sensibilidades de concreto y acero del movimiento brasileño neoconcreto del cual formó parte; aunque podría verse también no como un acto de cierre sino de apertura a nuevas posibilidades. Tendremos que ver futuras exposiciones para saber cuál es realmente el caso.
JOHN ANGELINE
