A ocho años de su última exposición en Buenos Aires, César Paternosto se hace presente en nuestro medio con la exhibición de alrededor de quince trabajos en la Galería Rubbers, los que contribuyen a completar nuestro conocimiento sobre su labor en este período de ausencia.
Debemos recordar que este argentino, radicado en Nueva York desde 1967, realizaba por aquel entonces obras con bastidores con formas denominadas Shaped canvas; y su imagen abstracta era de colores vibrantes. Hacia fines de los sesenta, sus trabajos tenían una inquietante superficie monocroma, con la particularidad de que en los cantos de los bastidores fluía el color, provocando el desplazamiento del ángulo de observación del espectador. En la segunda mitad de la década del setenta, los viajes que realiza al norte de la Argentina, a Bolivia y el Perú lo llevan a establecer coincidencias formales y de contenido con las culturas precolombinas.

No fue poca la expectativa que generó la presencia de César Paternosto entre aquellos que adhieren a las diferentes corrientes de la abstracción, así como entre los jóvenes estudiantes que lo relacionan con su clásico libro La piedra abstracta o sus artículos sobre arte.
Las obras presentadas en Buenos Aires tienen algunas diferencias con las anteriores, ya que hay variaciones que, si bien no hacen cambios conceptuales o estructurales, son modificaciones que hacen recorrido del lenguaje plástico elaborado por Paternosto. Hoy, la protagonista de sus obras es la luz. En otro momento era la observación lateral; también lo fue el tratamiento despojado de la superficie. Quizá, en todos estos trabajos se resumen, en una acabada síntesis, sus acentos anteriores; en todos los casos, el observador no es pasivo y debe establecer un diálogo con la obra.
El tema de la luz contribuye a este propósito, ya que, al penetrar por las aberturas existentes en el cuadro, va generando diferentes densidades de luminosidad. Este tratamiento genera una sutileza que despierta el interés del espectador, situación que se integra con el trabajo que realiza en la superficie del cuadro. El color, por lo general monocromo, tiene pequeñas variaciones tonales que acentúan determinadas zonas; a su vez, se ve forzado por discretos empastes, con lo que genera una totalidad ascética y armoniosa.
Las aberturas dan un ambiguo sentido volumétrico, y si bien su observación es frontal, la luz tamizada da un sentido de profundidad, que fluctúa entre lo sugerido y lo concreto. Un buen ejemplo lo encontramos en Construcción II, una técnica mixta de 1996, en la que combina el acrílico con el polvo de mármol sobre madera. En esta obra, la abertura tiene dos niveles y el juego que crea la luz tiene su correspondencia con el tratamiento del piano cromático. En este trabajo se observa una mayor sutileza que en la obra Díptico IV, del año 1992, en el que las aberturas son netas.
En resumen las obras presentadas por César Paternosto lo muestran en plena madurez, no sólo en lo formal sino en el sentido trascendente que imprime a su propuesta estética.
ALBERTO COLLAZO
