El 3 de mayo de 1997 murió Carlos Rojas en Bogotá, a los 63 años. Lo conocí en "Composición", uno de sus cursos en la Universidad de los Andes, durante mi primer semestre universitario. Al año viajó a Estados Unidos y a su regreso estudié nuevamente con él. Carlos era exigente, apasionado, difícil, quizá por su misma capacidad y su virtuosismo.
A veces una palabra, una sugerencia, una idea se transforman en un proyecto, y eso pasó con Carlos Rojas y Arte en Colombia.
En 1975, cuando obtuvo un premio en la Bienal de São Paulo, le comenté mi sorpresa por la muy poca difusión de su premio en la prensa nacional (unas 10 líneas en el periódico más importante del país) y la necesidad en Colombia de una revista de arte especializada. Me respondió que no había quién la hiciera. En ese entonces, Carlos trabajaba en Colcultura, la institución estatal a cargo de la cultura en el país, y le dije que era a ellos a quienes correspondía hacerla. Me respondió que no había presupuesto. Sin darle tregua le sugerí que la financiaran con publicidad. Y él, sin dar el brazo a torcer, aseguró que nadie le daría publicidad a Colcultura, y acabó proponiendo que yo la hiciera.
La idea comenzó a perturbarme hasta volverse una obsesión. Inicié una investigación que me ayudó a decidirme y volví a comentárselo. En respuesta, me obsequió el primer logotipo de Arte en Colombia. Hoy, 21 años más tarde, todos estos recuerdos están presentes en mi memoria. Aun cuando he repetido esto muchas veces, creo apenas justo rendirle un reconocimiento a quien de alguna manera encendió la chispa de este proyecto.
Ahora que Carlos Rojas se ha ido para siempre, nos queda el recuerdo del maestro, del artista talentoso, multifacético, con una enorme y excelente producción. Pero para mí, además, el recuerdo del amigo y del que motivó esta gran aventura llamada Arte en Colombia-ArtNexus.
CELIA SREDNI DE BIRBRAGHER
Carlos Rojas, vital como siempre, murió como había deseado: "quiero que si algún día la muerte llega, sea suave y gentil, como parte integral de lo que fue mi vida y no estridente como contraposición a lo que fui".
Había nacido en Facatativá, una población de la Sabana de Bogotá, en 1933. Después de estudiar algunos años de arquitectura se dedicó al arte y realizó su primera exposición en 1957, en Bogotá. Carlos Rojas era un artista, porque tenía una manera única y exacta de ver las cosas. Su arte es una simbiosis entre el diseño, que entendía como una capacidad de ver las propiedades formales de los objetos, y la vida, entendida como la materia en libertad. Sus pinturas permiten que el ojo entre, guiado por principios geométricos precisos, y ya en ellas, vive el pigmento como color y materia. Pero también habitan en la superficie fragmentos de objetos, como vidrios o maderas, usados generalmente en la construcción del mundo que nos rodea. El invitó a estos materiales a participar de sus propias construcciones, porque Carlos Rojas era un artista no solo porque veía con claridad, sino porque nunca perdió su capacidad de asombro. Los pequeños detalles son tratados con precisión, de tal manera que se vuelven accidentes visuales, hechos concretos, que están allí realmente, aunque pasen desapercibidos para los demás.
En los años sesenta comenzó su propio recorrido por la historia del arte, con una serie de estudios vegetales y pinturas cubistas sintéticas. Luego hizo algunas referencias a los movimientos dadá y pop con sus Mujeres con faja. De los años setenta es la serie Ingeniería de la visión, creando espacios con principios mínimos y analíticos, no solo en pintura sino en escultura, de varillas de hierro casi imperceptibles. De esta época es el diseño del logotipo de Arte en Colombia. En los años ochenta, los problemas espaciales y de diseño pasaron a un segundo plano, es decir, a un plano de sostén de problemas más expresivos como el color y el pigmento, acuoso o seco, que empezó a añadirse al bastidor con vida propia. Grumos, aguadas, rasguños y brillos se volvieron detalles concretos. América, El Dorado, Mulantes, MaterMateria y Por pintar son algunas de sus series construidas por la sustracción de los fragmentos del mundo que le interesaba, que generalmente era la superficie de las cosas, con un elemento que el artista llamaba «presencia», es decir, las superficies marcadas por el uso o el paso de los años, que se añaden de manera natural a sus condiciones formales, convirtiéndose en un todo inseparable. Así son sus últimas obras.
"Carlos Rojas influyó en toda una generación de artistas jóvenes colombianos, y éstos son dos testimonios: El pensamiento del maestro Rojas abría caminos, contemplando siempre la contradicción entre intuición y razón. Su pensamiento integrador es para mí una gran influencia." Luis Roldán
"Rojas quería el mugre; tanto, que ansiaba disolverse en él; ser parte de la ola de movimientos caprichosos que lo hacen posible; acompañar el tiempo que lo acumula y que lo solidifica. Me impresionaba su forma de trabajar: compraba el pigmento y lo esparcía sobre la gasolina que inundaba la tela. La esponja le servía para recoger el exceso de gasolina, respetando la ortografía que se acababa de formar, y también para recorrerla de nuevo y crear superficies. Con un lápiz sin punta y una vara de aluminio abría surcos paralelos al borde de la tela tensada o tomaba un tapa de basura y la giraba frenéticamente sobre la materia casi seca. Por último, soltaba al aire un puñado de pigmento dorado o plateado, que como una lluvia fina y sin prisa se posaba sobre la arqueología que surgía cubierta de tiempo. Rojas es peligroso." Danilo Dueñas.
NATALIA GUTIÉRREZ

