Art Chicago 97

Luis González Palma Entre raíces y aire. 1997. Copia en gelatina de plata con collage y pintura. 52 x 100,3 cm. Edición No. 10. Cortesía de Schneider Gallery. Chicago.

Feriajul 1997 - sept 1997· Por Janet Cavallero

Art Chicago 97

Si las ventas de Art Chicago 1996 son un indicio —más de $25 millones de dólares—, la exposición internacional de arte contemporáneo de este año en el Navy Pier de Chicago debería seguir imponiendo récords, con un número de expositores que sobrepasa los 200, una representación de 2.100 artistas de 23 países, y el aumento de más del 25% en la cantidad de público asistente, llegando aproximadamente a 40 millones de dólares en ventas, muy por encima de los impresionantes USS25 millones de Art Chicago 1996. A medida que el evento de cuatro días realizado a principios de mayo se acercaba a su fin, los galeristas se veían agotados, debido no sólo a la extenuante estimulación nerviosa producida por las multitudes acordonadas bajo las inmisericordes luces de neón, sino también por las ventas que continuaban superando lo proyectado. Los puestos de la Galería ocupaban cada pulgada disponible de los 165.000 pies cuadrados del Navy Pier Pavilion haciendo que los grandes pasillos centrales de los que se pudo disponer el año anterior se redujeran sensiblemente, y que los servicios de comida tuvieran que ser reubicados en  áreas anexas. Por segundo año consecutivo, la Feria incluyó una exposición de vídeos curada independientemente y una instalación de artistas internacionales y de Chicago. Además, se programaron nuevas conferencias de expertos, tanto nacionales como extranjeros, y un "Pier Walk", de una milla de largo, de escultura contemporánea, curada también de manera independiente.

Ar Chicago retornó a un Navy Pier renovado en 1995, el cual, desde entonces, se ha parecido más y más a un parque de diversiones que incluso tiene una rueda de Chicago gigante con una cinta en constante movimiento giratorio, para promocionar a su patrocinador, McDonald’s. Aunque el ambiente del Midway1 del Navy Pierse ve amenazado por la caída en picada en el lago a orillas del muelle, la representación actual del Navy Pier Resuena “de Chicago para Chicago”, de sus ferias mundiales de 1893 y 1933, por ejemplo, y su historia de vasto planeamiento urbano ejecutado con una visión que le aseguró a la ciudad un lugar en el escenario mundial.

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Elena Climent. Tocador con muñeca y fotografías del viejo estudio.1996. Óleo sobre lienzo montado sobre panel. Cortesía de Mary-Anne Martin FineArt. Nueva York.

Para un evento que hace tan sólo unos pocos años era considerado por los compradores como excesivo por ser demasiado comercial, demasiado internacional, demasiado presuntuoso y demasiado consentidor, el cielo azul y el turquesa brillante del lago Michigan parecen reflejar el estatus de Art Chicago como la feria de arte internacional más exitosa que se haya realizado en los Estados Unidos. ART 1997 atrajo un significativo contingente internacional, con Francia como el mayor participante, representada por 22 galerías, seguida de Gran Bretaña, con 19. Debido al caché y prestigio particulares de la Feria de Chicago, ésta se ha convertido también en un sitio obligatorio para los galeristas norteamericanos, que estuvieron representados por cincuenta galerías de Nueva York y participantes de más de veinte ciudades. Muchas galerías se abstienen de asistir a otras ferias para reservar sus recursos para la de Chicago; se pueden ver comerciantes, coleccionistas y curadores internacionales paseándose con intenciones de comprar.

Con este ambiente de carnaval entrando sigilosamente, las obras más simpáticas y espectaculares se convierten en favoritas de las multitudes. El año pasado fueron los carros pintados de Hiro Yamagata. Este año, un topo gigante de Mark Dion y las mofetas de Paul McCarthy, de tamaño humano, que juegan entre sí. En general, la calidad de las obras parecía reflejar el hecho de que los galeristas tienen menos necesidad del dumbing down de la obra contemporánea para vender. Escépticos, muchos de los críticos y artistas todavía hacen la acusación de que la representación de artistas reconocidos, sin importar qué tan recientemente, garantiza un mercado seguro; sin embargo, tal vez reflejando los altos estándares establecidos por Thomas Blackman Associates (TBA), organizadores de la Feria de Chicago, muchas de las obras exhibidas tienen tanto ventajas como dificultades. Quizá sea imposible desagradar a un público lo suficientemente sofisticado que desea comprar arte contemporáneo; y en la era del espectáculo, sin tener en cuenta sus fundamentos políticos, el arte se convierte en mercancía, a precios asombrosos.

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Francis Alÿs (Emilio Rivera). Hombre al mar, detalle. 1995-1996. Esmalte sobre lámina. 60,3 x76,5 cm. Cortesía Galería OMR. México.

México y Suramérica estuvieron representados por nueve galerías que expusieron obras de artistas que oscilaban entre los más reconocidos desde el punto de vista comercial, como Fernando Botero y Aurora Cañero, traídos por la Galería El Museo, de Bogotá, hasta artistas de vanguardia, tanto famosos como emergentes. Estas galerías hicieron una importante contribución a este encuentro, con una sofisticación que es a la vez cosmopolita y exótica: la vitalidad de su reconocido carácter híbrido crea un fuerte impacto que evade con sorprendentes giros y vueltas las nociones euroamericanas de los “movimientos” reconocidos.

La Galería OMR de Ciudad de México presentó una variedad de artistas, que incluyó a Marina Núñez, Manuel Ocampo y una considerable gama de obras de Xawery Wolski. Francis Alÿs estuvo representado por dos contribuciones: una del pintor de muestras mexicano Emilio Rivero, y otra de Rivero y Juan García. Alÿs ubica a pintores comerciales mexicanos y les solicita que incorporen sus propias interpretaciones al pintar una versión ampliada de una de sus pequeñas pinturas. Las imágenes de Alÿs están pintadas con sencillez, en formas de colores planos. En el caso de Catálogo No. 4 (1996), que representa la parte superior del torso de un hombre y una pierna y un pie que se introducen por la esquina superior derecha de la pintura para patearle la cabeza, Alÿs se afectó tanto con la versión equivocada que le dio Rivero a una irregularidad casi imperceptible en la curva de la media, y que él interpretó como que el pie se estaba saliendo del zapato, que decidió volver a pintar su cuadro original para que hiciera juego con el de Rivero. En las dos interpretaciones de Hombre con peluca (tríptico), hechas por Rivero y García (1995-1996), un hombre visto por la espalda está atrapado en un amoroso beso con la parte interior de una peluca de mujer. Con sus firmes bordes, dibujo naif y expansivos fondos que aíslan las pequeñas figuras, estas imágenes son evocadoras de las pinturas de René Magritte. Estos caprichosos ejercicios combinan la repetición del surrealismo con mezcla de arte de todas partes.

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Adriana Varejão Libre. 1996. Óleo sobre tela y lino 195 x 165cm. Foto Vicente de Mello Cortesía de la Galería Camargo Vilaga São Paulo, Brasil.

Brasil estuvo representado por dos galerías con énfasis muy diferentes. La Galería Camargo Vilaça de São Paulo presentó obras de una serie de artistas, que incluyeron dos trabajos nuevos de Jac Leirner, y Diálogo com amaú, una suite de los inquietantemente hermosos y perturbadores Cibachromes de Miguel Rio Branco. El piso estaba ocupado por la pieza arquitectónica endoselada de Ernesto Neto, sostenida por tres varillas de cobre y sacos de arena, mientras una pintura sobre lienzo, elaborada por la naciente artista Adriana Varejão, parecía estar hecha de baldosas; los cuadrados hábilmente pintados de azul recordaban a la loza vidriada ; las imágenes de una niña japonesa y de un cazador europeo, colocadas sobre sus respectivos caballetes, se repetían como miniaturas y luego en versiones con detalles ampliados que llenaban las media lunas de las baldosas. De manera extravagante, esta obra hace referencia a la colonización a través de una proliferación y apropiación recíproca de lo que parecen ser los artículos más inofensivos.

Las obras exhibidas por Joel Edelstein, Arte Contemporánea de Río, representaban una estética completamente diferente. Las obras incluían las esculturas metálicas constructivistas de Waltercio Caldas y las conmovedoras fotografías de Mario Cravo Neto. También estaba representada la obra conceptual de Cildo Meireles, cuya exposición retrospectiva terminó recientemente una gira por ciudades europeas y norteamericanas; su obra Inmensa, una escultura de madera en forma de silla, ocupaba un lugar prominente.

Mary-Anne Martin Fine Art de Nueva York expuso obras de Elena Climent, una artista que vive en Nueva York, aunque fue educada en Ciudad de México. El vibrante color auténtico de sus naturalezas muertas engendra el sentimiento de esa megalópolis. Climent es autodidacta, debido a que su padre, quien también es artista, no ha sido partidario de la educación artística formal. El matiz de ingenuidad que resulta en la pintura de sus abarrotadas composiciones también sugiere su herencia mexicana. En las pinturas de Climent los temas de identidad tienen una aparente presencia subliminal; las naturalezas muertas pintadas en un estilo de fuertes rasgos están llenas de detalles incidentales de objetos que fueron dispuestos para sugerir, casi involuntariamente, ofrendas votivas.

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Edgar Ladrón de Guevara El beso esencial II 1997 Copia en plata virada 146 x 70,5 cm. Edición No. 3. Cortesía de la Galería Nina Menocal. México.

Ramis Barquet de Ciudad de México tenía un stand con participación de artistas tanto latinoamericanos como internacionales, entre los que se incluían Luis Bourgeois, Sandro Chia, De Kooning, Nam June Paik, con unos pequeños robots armados con televisores, junto con artistas latinoamericanos como Ray Smith, Guillenno Kuitca y José Bedia, quien además se encontraba en varios stands como Fleisher/OIlman (Filadelfia), Polígrafas (Barcelona) y el impecable stand de Der Brücke de Buenos Aires, donde se destacaban las obras de Hernán Dompé, Carlos Gallardo, Eduardo Medici y Eduardo Hoffman.

La Galería Nina Menocal, también de Ciudad de México, presentó trabajos fotográficos del artista Arturo Cuenca y pinturas de Boris Viskin. Las esculturas minimalistas de Carlos Aguirre, en madera, estaban expuestas a lo largo de la pared, y las tensiones del material que se convierte en estructura eran claramente visibles en su tratamiento de la madera, doblada por medio de aparatos especiales para trabajar este material hasta darle formas que interactuaban con la superficie de la pared. Edgar Ladrón de Guevara jugó con la estabilidad de lo que conocemos y con la confiabilidad de la representación, en su serie The Essential Kiss: una imagen inicial de dos caras que se juntan en un beso, se distorsiona cada vez más en paneles sucesivos hasta que desaparece completamente. En la Galería Schneider de Chicago estaban expuestos trabajos de fotógrafos latinoamericanos tales como Martina López y María Magdalena Campos-Pons. Especialmente notables eran los grabados pintados a mano en plata y gelatina de Luis González Palma, que combinaban imágenes icónicas, generalmente de mujeres, con mezclas de contenido indígena, para generar una pátina de tiempo, memoria y pérdida.

María Schneider, de la Galería Schneider, ofreció interesantes anotaciones con respecto a artistas latinoamericanos contemporáneos y a su reciente descubrimiento, que incluyen la transgresión de viejos tabúes y la idea de que ellos han sido formados por otras fuerzas además del catolicismo. La positiva evaluación del arte latinoamericano hecha recientemente por Europa y Norteamérica, como lo refleja, por ejemplo, el enfoque latinoamericano de ARCO de Madrid podría acercarse peligrosamente a guetoizar el arte de los países al sur de Norteamérica como algo monolítico y susceptible de generalización. Pero la reconceptualización de las escuelas y movimientos de origen euroamericano a través de las múltiples lentes de una diversidad de culturas les da, al igual que un caleidoscopio, nuevos significados a lugares y movimientos que en otros lugares podrían haber empezado a pasar de moda.

NOTA DEL TRADUCTOR
1. Midway: forma corta de Midway Plaisance, el área de entretenimientos de la Columbian Exposition (1893) de Chicago; generalmente es la parte de una feria o exposición en donde se ubi­can los espectáculos y otras diversio­nes.  

JANET CAVALLERO

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