El Concurso de Arte Eduardo León Jimenes no cuenta con la publicidad internacional que se le ha dado a otros eventos similares; sin embargo, es muy importante en el campo del arte dominicano (el cual últimamente ha recibido mayor atención de los críticos y eruditos). Prácticamente los más notables (y algunos no tan notables) artistas presentaron sus pinturas, esculturas y dibujos. Este año se presentaron ochocientas obras originales y después de hacer una preselección, se escogieron aproximadamente doscientas obras para concursar en noviembre. La exposición estuvo abierta en Santiago de los Caballeros hasta enero, y más tarde fue trasladada a Santo Domingo.

Las contribuciones más destacadas se presentaron en las áreas de pintura y dibujo. A pesar de que se observó una amplia gama de tendencias, desde abstracciones geométricas hasta imágenes con un agudo contenido social, se pudo deducir que una de las principales preocupaciones de muchos pintores dominicanos (y, en muchos casos, su fuerza) estaba en el manejo del color intenso y expresivo. Esto se cumplió en la obra del artista que ganó el primer premio en pintura, Ricardo Toribio, nativo de Santiago. Artista promisorio de extraordinario talento, Toribio ha participado en muy pocas de las exposiciones organizadas a gran escala en el país y, hasta ahora, ha podido escapar del ojo vigilante de muchos de los más notables críticos de República Dominicana. La obra que ganó el primer premio pertenecía a su serie titulada Juegos Mayores - Danza para la Vida. Con frecuencia, Toribio describe imágenes tomadas de los ritos de Gaga, una secta de origen haitiano ubicada cerca a las fronteras. Toribio, sin ser literal ni narrativo, entreteje los elementos del movimiento y un sutil manejo de color intenso para formar un todo convincente. El ganador del segundo premio, Jesús Desangles impresionó al público con su uso de formas primitivas realzadas con un color deslumbrante; mientras que el ganador del tercer premio, José Sejo, obtuvo su premio con un lienzo grande de formas cuasigeométricas abstractas que también demostraron el diestro manejo que hace de las formas en el espacio.

En el campo del dibujo, muchas de las propuestas fueron impresionantes, siendo las más sobresalientes las del ganador del primer premio Léo Núñez Genao cuyo Misterio del Caribe iba en contra de la corriente con sus tonos sombríos. Su composición semiabstracta constituyó un llamado a una mayor atención con respecto a la ecología de la isla. Chiqui Mendoza y Dionisio de la Paz fueron otros de los artistas que se destacaron en esta categoría. Mendoza parece haber partido del uso de objetos rituales o tribales, descritos con colores intensos, entrando en una fase más hermética en sus dibujos que evocaban espacios sagrados.
Tal vez, lo que más decepcionó al público fue la categoría de la escultura. Muchos de los artistas mostraron duda en la utilización de su medio. Sin embargo, ciertas piezas transmitían mucha fuerza; la obra más notable fue la escultura/instalación de Tony Capellán (la distinción no era muy clara) titulada Vidas Tercer Mundo. Este artista, una de las figuras más famosas de este país en el escenario internacional, a menudo, sugiere en su obra la opresión política y esta pieza compuesta de sandalias y alambre de púa sobre una plataforma de madera, expresaba elocuentemente la injusticia y la miseria. La terracota de Luis Alberto Checo Muñoz Altar para la Fertilidad sugería, muy elocuentemente, antiguos rituales y prácticas ocultas y describía su clara maestría en el medio de la cerámica.
Todas las obras ganadoras pasaron a ser propiedad de la colección de E. León Jimenes. Puesto que la bienal ha existido desde 1964, la colección contiene un destacado conjunto de arte moderno de la República Dominicana. Actualmente, la colección se encuentra en la oficina de la compañía patrocinadora. Se espera que se construya un museo para permitirle al público un mayor acceso a estas obras que, en el mejor de los casos, deberían ser enviadas a una gira internacional.
EDWARD SULLIVAN

