Sin Fronteras: Arte latinoamericano actual

Eugenio Dittborn. Pintura aeropostaI No.97, 1991-1992. Pintura, carboncillo, hilván, y foto-serigrafía sobre dos fragmentos de entretela sintética. 210 x 280 cm. Colección privada. Cortesíadel MAVAO, Caracas.

Colectivaabr 1997 - jun 1997· Por Jesús Fuenmayor

Sin Fronteras: Arte latinoamericano actual

Museo Alejandro Otero, Caracas

Con curaduría de Miguel Miguel y textos de él mismo y Ménica Amor para un catálogo próximo a ser publicado, Sin Fronteras reúne un conjunto de obras de artistas latinoamericanos contemporáneos, la mayoría de las cuales se encuentran en colecciones privadas.

Desde el Inicio la curaduría acepta explícitamente la contradicción que lleva en su título: "Paradójicamente desencontrado, el nuestro es un continente unido en y por su diversidad", dice al comenzar su texto el curador. De hecho, las obras que conforman la exposición abordan todo tipo de medio, soporte, escala, técnica, temática, estructura, concepto, etc., que los artistas de hoy tienen a la mano en su repertorio. Aún cuando a algunos les pueda parecer que las obras pudieran estar unidas, en su mayoría, por un predominio de la ¡dea sobre la materia, allí están artistas que han debatido esa relación sin establecer una preferencia de una sobre la otra como Gabriel Orozco, Guillermo Kuitca y Meyer Vaisman (entendiendo que la materialidad no es un territorio exclusivo o inclusivo del objeto pictórico o escultórico).

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Meyer Vaisman. Propiedad privada IV, 1995. Materiales diversos. 65 x 65 x 34 cm. Colección privada. Cortesíadel MAVAO, Caracas.

Muchos de los artistas presentes en esta selección pertenecen a ese grupo de privilegiados que han adquirido un cierto reconocimiento internacional gracias a la divulgación de sus obras en el sistema internacional de las artes visuales contemporáneas. Además, de los arriba mencionados, la exposición incluye obras de artistas como Félix González-Torres, José Antonio Hernández-Díez, Ana Mendieta, Tunga, Ernesto Neto, Aziz+Cucher, Doris Salcedo, Jac Leirner, Alfredo Jaar, Ray Smith, Arturo Duelos, Miguel Ángel Ríos, Andrés Serrano, Victor Grippo, Kcho, Fabián Marcaccio,, entre otros.

Aunque resulta muy difícil imaginarse que en otro país de Latinoamérica se pueda realizar una exposición de alcance y objetivos similares con obras exclusivamente pertenecientes a colecciones locales con una presencia de más de treinta artistas, a esta exposición la antecede en uno de sus cometidos unos pocos pero significativos esfuerzos recientes que han realizado curadores latinoamericanos para reinterpretar el contexto cultural de recepción del arte producido en Latinoamérica. Muchos de estos proyectos han estado centrados, a diferencia de Sin Fronteras, en la discusión de la representación entre nuestros artistas y sobre todo en aquellos en cuya obra se destaca una carga iconográfica. Ante América y Cartografías son dos ejemplos recientes que además de compartir la Intención de recontextualizar al arte latinoamericano también tuvieron como sede en algún punto de sus periplos al Museo que alberga a Sin Fronteras.

Esta exposición parece estar más focalizada que aquellas en presentar a los artistas por sus méritos propios en términos del interés que han despertado más allá de las fronteras de sus países de orígenes. Sobre las obras incluidas en Sin Fronteras no puede decirse que ellas privilegien los estatutos del constructivismo latinoamericano y sus aspiraciones a una cierta universalidad, aunque unos cuantos de los artistas presentes como Jac Leirner, Kcho y Marcaccio, planteen en su trabajo una revisión y hasta una recuperación de los postulados de la modernidad en América Latina. Tampoco parece ser preocupación de esta propuesta curatorial retomar la tan manida discusión acerca de la latinoamericanidad, aún cuando artistas como Miguel Ángel Ríos, Arturo Duelos y Ana Mendieta, sino han sido estandartes al menos han estado en el centro de este debate. Así que los dos grandes temas que pudieran desprenderse de esta muestra serían, a nuestro entender, la legitimación del arte latinoamericano a nivel internacional y la complejidad, casi inescrutable, de su identidad.

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Víctor Grippo. Analogía IV, 1972. Papas, plato, cuchillo tenedor (reales cincelados en acrílico), mesa de madera, mantel de liencillo, mantel de terciopelo. 76 x 94.5 x 59 cm. Colección privada Foto Ernesto Valladares. Cortesía de MAVAO, Caracas.

En relación a la legitimidad del arte actual en Latinoamérica, la exposición parece proponer una estructura que pudiera, a primera vista, resultar dudosa. Poseer la mayoría de los artistas incluidos cierta notoriedad internacional pudiera suponerse que la curaduría está siguiendo un patrón impuesto por ese circuito, en pocas palabras, pareciera ser producto de la aprobación de los centros de divulgación. Sin embargo, la presencia de algunos artistas que rechazan las polaridades predominantes en el arte latinoamericano, ponen en entredicho esta suposición. Félix Gonzalez-Torres, por ejemplo, fue siempre alguien que consideró su trabajo como una forma de contaminar los sistemas de exclusión desde adentro. Alfredo Jaar está presente en la exposición con su conocida obra, A logo for América, una serie de fotografías que documentan su intervención en la pantalla de Times Square en Nueva York: una obra que revisa la idea que América es un país y no un continente en el pleno corazón donde se ha formado semejante percepción. Esta y muchas otras obras en la exposición, nos hacen reflexionar si es que acaso el éxito internacional que sus creadores han obtenido es una forma de negar o afirmar al arte latinoamericano. ¿Será que hemos llegado al planteamiento, por demás absurdo, de acuerdo con el cual un artista latinoamericano deja de ser tal o va dejando de serlo en la medida que su obra obtiene atención fuera de sus fronteras originarias?

La respuesta es obvia pero la pregunta no. Sí, hay quienes se han planteado la relación de lo local con lo internacional en estos términos y desafortunadamente abundan. Sin Fronteras da una respuesta contundente a esas manifestaciones frecuentes de veleidad corriendo el riesgo de hacer ilegítimos algunos de los reclamos que se le hacen a quienes creen que el arte latinoamericano es sólo un conjunto de individuales que no responden ni a un proyecto en común ni a una tradición.

Legitimar al arte latinoamericano por la vía de la internacionalización de sus artistas es definitivamente uno de los caminos más difíciles de escoger. Pero este camino supone que las estructuras que sirven hoy para divulgar al arte latinoamericano están vencidas y necesitan una urgente revisión. Reclama un mayor respeto para la obra y exige que los contextos sean revisados profundamente. Contribuye también a divulgar un patrimonio cuyo destino era mucho más incierto que ahora, por cuanto ahora se le da la posibilidad de una aspiración a formar parte de esas estructuras de legitimación. Convoca a todos sus actores creando un nuevo uso para la institución.

Es posible que Sin Fronteras haya dejado inquietud en cuanto a que no se plantea como un debate sobre la complejidad de la identidad latinoamericana sino que la asume como un hecho. Pero aún así, el trabajo de los artistas expuestos no puede circunscribirse a una aspiración a ser universales. Si se recorren las salas del Museo Otero, se encuentra la mitología de lo cotidiano en las propuestas de Tunga, de Mendieta, de Obregón; allí uno encuentra también la tradición de la modernidad antropófaga de los brasileños en la continuación contemporánea que han sabido darles Leirner. Neto, Rennó; al espíritu de los venezolanos que si bien no siguieron la tradición constructiva como Vaisman Hernández-Diez, Cucher, Fernández y Ramírez, si han dado continuación a su raigambre iconoclasta; el vaciado de los signos de los chilenos está perfectamente representado en las obras de Dittborn y Duelos; los argentinos están presentes en su eterna lucha con la territorialidad en las obras notables de Kuitca y Marcaccio (en su caso, una territorialidad del flujo material); y así como a ellos pudiéramos seguir enumerándolos a cada uno por país hasta encontrar algún nuevo estereotipo que nos permita hacer de la diferencia una categoría que sea tan o más válida que la de la igualdad, a la que los detractores de esta exposición quisieran deslegitimar.

JESÚS FUENMAYOR

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