Exposición Individualabr 1997 - jun 1997· Por Ana Tiscornia

Sergio Vega

Basilico Fine Arts

La pasión más profunda del intelecto occidental es encontrar la unidad con las ralees del propio decía Richard Tarnas citado por llya Prigogine en El fin de las certidumbres. Este último agregaba de su propio peculio: "Esta pasión condujo a la afirmación prometéica del poder de la razón, pero también se la identificó con el drama de una alienación, con una negación de lo que otorga significado y valor a la vida... Esta misma pasión puede conducir hoy en día a un nuevo tipo de unidad en nuestra visión del mundo, y la ciencia debe desempeñar un papel importante en esta construcción de una nueva coherencia". Esta reflexión hecha desde la perspectiva de un científico que ha auscultado tanto a Einstein como a Platón o a Borges, bien podría tener un paralelo en algunos de los nuevos modelos para leer la realidad, cuyo advenimiento fue auspiciado por el devenir de la modernidad.

Sergio Vega en su exposición Memoirs of an Outspoken parrot (Memorias de un loro charlatán) parece ajustarse a esta línea de pensamiento, reescribiendo sin saber a Flaubert o invocando a Dante para metaforizar esa nueva coherencia habilitada por la mezcla. Mezcla que es intersección de distintos estratos del pensamiento y azogue de un espejo en el que Vega se reconoce e identifica las pertenencias del ser latinoamericano.

Exposición Individual: Sergio Vega  — imagen 1
Sergio Vega. El loro santo, 1996. Técnica mixta. 25.4 x 40.6 x 25.4 cm. Cortesía Basilico Fine Arts, Nueva York.

The Holy Parrot (El loro santo) irradia su "luz divina" desde numerosas barras de bronce macizo que convergen cual rayos al cuerpo del loro embalsamado, centro del plano azul "celestial" que le hace de fondo. Este "Espíritu santo" es el híbrido con el que Vega viene insistiendo, imbricando, religión, política y lenguaje. Es también su controlada manera de articular el discurso visual con el rigor racional de quien busca una nueva unidad entre forma y contenido. A su vez es un ejercicio de conciliación del humor con la mordacidad implícita en este juego donde lo divino de alguna forma está hecho a semejanza de lo humano, si no física, al menos verbal, ya que los hombres hemos condenado al loro al papel de nuestro repetidor.

Hace tiempo ya que Vega, en sus preocupaciones por perfilar esta geografía sociocultural poscolonial, se sumergió en la construcción de estas parodias. Dante, a quien el otorga la paternidad simbólica de la afiliación a la cultura occidental del continente latinoamericano, es otro de los protagonistas principales de las mismas. Pero no se trata solamente de que Dante, a quien el otorga la paternidad simbólica de la afiliación a la cultura occidental del continente latinoamericano, es otro de los protagonistas principales de las mismas. Pero no se trata solamente de que Dante explique o metaforice el occidente infiltrado en la realidad vernacular de Latinoamérica, sino de los manejos visuales y conceptuales de Vega. Por un lado, él se entrega a la ficción y se deja guiar por ella de tal suerte que sus objetos e instalaciones son continuaciones visuales de las narraciones. Por otro lado, invierte los papeles y oficia de guía para Dante. Lo lleva de la mano a revisitarse a si mismo, ya no en la ficción, sino en la realidad, resultando en un territorio socio cultural y político donde el fenómeno está hecho a semejanza de la literatura. Vega despliega estas simetrías en Jungle-Beard (Selva-barba) con una gran mesa de diseño racionalista, en cuyo centro la maqueta de una selva genérica —una Cuba aparente— muestra el perfil de la sierra confun-diéndose con el de Dante, todo circundado por un mar camuflado de guerra. La mesa tiene su contraparte en las fotos que rodean y que constituyen Within (imprecisamente traducible como "adentro de sí mismo"). Estas fotos responden a un encuentro de Vega con un libro de León Pinelo escrito en el siglo XVII. En el libro se describe la ubicación del Jardín del Edén, en Suramérica y en medio de la Selva, lo que pretextó la sobre-impresión de los párrafos iniciales del ingreso al infierno de la Divina Comedia, en el follaje cerrado de la selva-paraíso en el Amazonas.

Es que el paraíso está en la tierra. Pero el infierno también y en el mismo lugar. La selva es todas las selvas y nosotros estamos tan perdidos en ella como en nosotros mismos. Esta convicción de Vega, afincada entre otras cosas en su observación del realismo mágico, proyecta su obra como una reflexión simultánea de distintos tópicos. Cabe aquí encontrar un espacio del pensamiento capaz de reunir desde el tema de las luchas revolucionarias, donde Cuba es paradigmática, al sincretismo religioso, desde la ilusiones modernistas en agonía a la interpretaciones socioanalíticas de corte lacaniano capaces de explicar la recurrente parodia de que el infierno está en el paraíso.

ANA TISCORNIA

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