Un conjunto reciente de textiles evocando Estelas y paisajes, presentó Olga de Amaral (Bogotá, 1932). Su carrera iniciada en 1957 ha sido un largo e intenso proceso de enriquecimiento en torno al tejido como instrumento simbólico, evocador y generador de formas sugerentes que han sabido retomar argumentos del entorno.
Su amplio espectro formal la han llevado a trabajar con infinidad de elementos de procedencia animal, crin y lanas, al tiempo que fibras vegetales y residuos sintéticos. En esa materialización de texturas ha creado ficciones en torno a la naturaleza, lo ritual y lo sagrado, y ha conseguido un lenguaje potente y reconocible.

A pesar de que la práctica textil es un ejercicio rico y variado que se remonta al período pre-hispánico y constituye una tradición no interrumpida en la actividad de distintos siglos, la gran intérprete contemporánea de esa experiencia es Olga de Amaral, quien ha conformado un taller capaz de producir obras monumentales y de concentrarse en una investigación sobre el color, la forma y las texturas que han ido dinamizando y enriqueciendo su código de creadora.
En los últimos decenios su trabajo comenzó a interesarse por el oro y luego la plata como elementos suntuarios y colorístlcos. La exhibición actual es una demostración de ese ejercicio donde la presencia de estos metales entrega evocaciones de fasto en sus argumentos y se adentra en lo táctil y ceremonial.
Su trabajo hoy oscila, con varios recursos y procedimientos, que incluyen formas astrales y variaciones donde se introducen las fases de la luna y la presencia del sol. Produce también piezas donde el peso y las texturas van planteándose y desenvolviéndose de manera natural y lógica con respecto al material. Otras endurecidas por el yeso, adosadas al muro u oscilantes en el espacio. Una preocupación constante en su trabajo ha sido producir superficies texturadas y al tiempo lograr cromatismos inspirados en líquenes, musgos, marañas, elementos que no han sido abandonados y que continúan enriqueciendo trabajos de distintos formatos.
Esta exhibición está hecha de obras individuales, va formando un conjunto con sentido y continuidad. En realidad las distintas piezas logran relacionarse y generar cierta lógica cuyo resultado es un ambiente como recinto único, con sugerencias de templo o tumba, donde lo teatral y dramático son sucesos evidentes.
Olga de Amaral se convirtió desde la década de los sesenta en una artista aguerrida y fuerte que ha ganado las mejores audiencias internacionales a través de sus producciones tejidas. Su trayectoria abarca un amplio espectro de definiciones en torno al textil y su evocación estética es indispensable en el conjunto de opiniones del arte contemporáneo. Ella ha podido a través de su obra conservar esa hegemonía y permanecer en un liderazgo que continúa haciendo presencia desirónica entre las propuestas actuales.
MIGUEL GONZÁLEZ
