Modernismo Mexicano

Diego Rivera. Retrato de la señora Natasha Gelman, 1943. Óleo sobre masonita. 115 x 153 cm.

Exposiciónabr 1997 - jun 1997· Por Carol Damian

Modernismo Mexicano

en la Colección de Jacques y Natasha Gelman

El MOCA continuó la celebración de su año inaugural con una destacada exposición de obras maestras mexicanas pertenecientes a la colección de Jacques y Natasha Gelman, de Ciudad de México. La fortuna de Jacques Gelman proviene de su actividad como productor de cine, especialmente, de películas protagonizadas por el popular cómico Cantinflas. Los Gelman, ávidos coleccionistas de arte europeo y americano, empezaron a adquirir pinturas mexicanas en 1943, y se hicieron amigos y entusiastas patrocinadores de muchos de los artistas, quienes correspondían a su mecenazgo, haciéndoles retratos (cinco de los cuales hicieron parte de la exposición). La colección Gelman, considerada como la colección privada de pinturas modernas mexicanas más significativa, podrá verse únicamente en dos lugares en los Estados Unidos: el Museum of Modern Art de San Francisco, y el MOCA, de Miami.

Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 1
Frida Kahlo. Un abrazo de amor del universo, la tierra (México), Diego, yo y el señor Xólotl, 1949. Óleo sobre masonita. 70 x 60.5 cm.

La exposición de 53 obras de 15 artistas detalla paso a paso la evolución del arte mexicano, desde las pinturas estelares del gran triunvirato de muralistas (Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco), hasta las tendencias contemporáneas de los ochenta (Francisco Toledo y José Luis Romo). Los temas incluyen las realistas imágenes sociales de gente nativa, retratos, paisajes surrealistas y fantasías míticas y abstracciones cuidadosamente elaboradas. En este grupo de pinturas aparece la gama completa de incursiones modernas en nuevas expresiones de lenguaje pictórico que emplea en el proceso creativo tanto el compromiso analítico, como el emocional, y que hace que se disipe cualquier suposición de que el modernismo mexicano se limita al comentario social y a los ideales revolucionarios.

Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 2
María Izquierdo. Los caballos, 1932. Acuarela sobre papel. 21 x 28 cm.

Las nueve pinturas de Diego Rivera reflejan su eterna devoción por México, su pueblo y su historia, a la vez que sirven como un grupo de obras especialmente informativo para demostrar la fuerza de su maestría técnica y su desarrollo estilístico, iniciado en París con composiciones cubistas (Última hora, 1915) y continúa con el monumental estilo social-realista que caracteriza sus trabajos de indigenismo, representados en forma espléndida por Vendedora de Alcatraces, 1943, y por un paisaje surrealista de cactus del desierto, Paisaje con cactus, 1931. El retrato de Natasha Gelman, 1943, es una excelente demostración de la habilidad de Rivera para aplicar su estética personal de patrones repetitivos y pinceladas vigorosas, impenetrables, para describir la personalidad humana dentro de un ambiente cuidadosamente escogido. 

Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 3
José Clemente Orozco. Autorretrato, 1932. Acuarela y gouache sobre papel. 37 x 30 cm.
Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 4
Rufino Tamayo. Retrato de Cantinflas, 1948. Óleo sobre lienzo. 100 x 80.5 cm.

Las obras sombrías de Orozco y Siqueiros reflejan seriedad de contenido y un estilo pictórico mucho más agresivo, incluso cuando se retiran del muro para pasar a la pintura de caballete, y le permiten al espectador escudriñar cada pincelada. Es interesante ver que las dos pequeñas obras de María Izquierdo no son especialmente representativas de su extraordinaria carrera, y los temas de El altar y la alacena, que son más característicos de su obra, aparecen oscuros y sombríos, y muy cercanos a la disposición de ánimo de Orozco y Siqueiros. Rufino Tamayo y Francisco Toledo, ambos de herencia zapoteca, del estado de Oaxaca, se aproximan a la expresión de la verdadera "Mexicanidad", con su canto a las leyendas y mitos de su patrimonio; sin embargo, sólo una de las pinturas de Toledo demuestra este aspecto de su obra. Son más bien, las obras de Frida Kahlo las que reflejan el verdadero espíritu mexicano como una revelación del poder de la naturaleza, desde el nacimiento hasta la muerte. Seis de sus más famosos autorretratos se encuentran entre las diez obras expuestas, incluyendo el extraordinario Autorretrato como Tehuana, 1943. Sin embargo, es su fascinante obra El amoroso abrazo del universo, la tierra, Diego, Yo y el Señor Xólotl, 1949 la que revela la complejidad de su imaginería e instintiva inclinación al Surrealismo que hizo a Frida Kahlo tan atractiva para la vanguardia europea.

Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 5
Agustín Lazo. Robo al banco, 1930-32. Gouache y tintas sobre papel. 27 x 36.6 cm.
Exposición: Modernismo Mexicano — imagen 6
Gunther Gerzso. Rojo, amarillo, verde. 1966. Óleo sobre masonita. 60 x 45 cm.

El uso del abstraccionismo para expresar temas mexicanos está perfectamente representado en las pinturas de Gunther Gerzso y Carlos Mérida. Su diestra aplicación de planos de color radicalmente simplificados inspirados por las leyendas y las ruinas pre-hispánicas de un misterioso pasado, da como resultado detalles superficiales especialmente hermosos que van desde las texturas de la piedra de los templos antiguos hasta las brillantes superficies de los muros revestidos de azulejos. Estas pinturas abstractas se destacan en una exposición llena de obras maestras, y son el medio perfecto para demostrar la riqueza de la creatividad mexicana.

CAROL DAMIAN

Profesora Asistente de Artes Visuales de la Universidad Internacional de la Florida, Miami U.S.A.

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