Exposición Individualabr 1997 - jun 1997· Por Erena Hernández

Luis Enrique Camejo

Galería Luis de Soto

Desde su fundación en 1976 hasta el presente, el Instituto Superior de Arte de La Habana ha creado  una especie de tradición sin proponérselo, en el sentido de que la mayoría de sus estudiantes exponen por toda la ciudad y se van armando de un currículum que, una vez egresados, e incluso aún recibiendo enseñanza, ya les proporciona el status de artista y el reconocimiento social que ello implica.

De la última promoción en el ISA es el pintor Luis Enrique Camejo y ya, la que comento, es su cuarta exposición personal, sin mencionar su participación en múltiples colectivas. Esta se tituló La obsesión del arte y estuvo recientemente en la Galería Luis de Soto, de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

Exposición Individual: Luis Enrique Camejo — imagen 1
Luis E. Camejo. Muerte del sujeto, 1996. Óleo sobre tela. 154 x 120 cm.

Camejo continua aquí una investigación emprendida hace años. Con ella se propone —ha dicho— reconstruir el paradigma estético de la pintura, a partir de la exacerbación del discurso de la superficie pictórica. Establecer un equilibrio entre los motivos de la superficie y los motivos de la representación, bajo la intencionalidad de un mensaje abierto y, por último, ilustrar la teoría de la cultura contemporánea y cómo ésta se inserta en el contexto del arte cubano.

Para lograr tales ambiciosos objetivos, Camejo se remontó al impresionismo y lo analizó muy bien, incluyendo las posteriores derivaciones puntillistas y las preocupaciones de Cézanne. Pero a él no le interesa la operación fotográfica y científica que inspiró a aquel movimiento; si toma esa manera de pintar es como una forma de identificación personal y, también, para construir una metáfora sobre la idea de dispersión, de la inestabilidad de lo real, de la fragmentación de los discursos, de mostrar la imagen como un mosaico, con el objetivo de edulcorar la superficie con pinceladas ordenadas y dispersas, mostrando así el elemento sensible de la pintura que se mueve en la superficie y cobra forma mediante la particularización de los colores.

La escuela, vista como un ghetto cultural, es el motivo principal de la representación en su obra. Le preocupa la precariedad de la relación espiritual sujeto-objeto, artista-obra de arte, consecuencia del nuevo orden de las cosas en Cuba, con el resurgimiento del interés en los aspectos económicos. Por ello los artistas, aún siendo estudiantes, están ansiosos por ser reconocidos en las instituciones y por el mercado.

Esa mentalidad afincada en el interés material —antes impensada en la utopía— es reflejada en los cuadros de Camejo, donde aparecen los artistas comiéndose el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, o con los ojos puestos en el MoMA y en otras instituciones legitimadoras de Europa y Estados Unidos.

El primer contacto con el puntillismo de nuevo tipo de Camejo desconcierta un poco. Una vez digerido por sus atractivos visuales, se asume el peso específico de las ideas que contienen sus cuadros. En general trabaja en grandes formatos y los construye apropiándose de la Historia del Arte y de la iconografía de los artistas cubanos contemporáneos.

En ocasiones, la disposición de imágenes inconexas, colocadas ex-profeso como un mosaico devienen significantes despojados de su significado original; al estar imposibilitados de unirse coherentemente, ofrecen la sensación del arte como una experiencia esquizofrénica, donde no se logra reconocer la identidad personal, según el propósito confeso de su autor.

ERENA HERNÁNDEZ

Luis Enrique Camejo, por Erena Hernández | artnexus