Los tesoros de los señores de Malagana

Nariguera compuesta por tres partes que nos recuerda un felino al acecho. 28 x 25.5 cm.

Exposiciónabr 1997 - jun 1997· Por Natalia Gutiérrez

Los tesoros de los señores de Malagana

El Museo del Oro de Bogotá presentó en sus salas los hallazgos arqueológicos de Malagana encontrados en las cercanías del río Bolo en el municipio de Palmira en el Valle del Cauca. Los arqueólogos afirman que es otro de los cacicazgos subandinos del suroccidente colombiano, con fechas entre el 70 d.c. y 140 d.c.

La tipología de los objetos encontrados lo relacionan con la secuencia de manifestaciones culturales llamada Calima, que se extienden a través de más de 500 años y que abarca diferentes estilos. Pero los hallazgos de Malagana presentan también particularidades temáticas, técnicas y de diseño que permiten pensar en un conjunto de piezas con personalidad propia.

Exposición: Los tesoros de los señores de Malagana — imagen 1
Alcarraza. 15 x 15 cm. Colección particular.

Los investigadores han llamado cacicazgos Subandinos a una serie de cambios en las pautas de asentamiento y de visión del mundo en las sociedades prehispánicas, que comenzaron cerca al 1.000 a.c. En realidad se caracterizan por pequeños grupos de casas o de viviendas dispersas en las laderas de la cordillera de los Andes. Poblaciones dedicadas al cultivo del maíz y cercanas a un río o a alguna fuente de agua. Culturas estratificadas y con un sistema coherente de creencias y prácticas religiosas, que permiten especular y responder a preguntas fundamentales como la relación entre el hombre y la naturaleza, el sexo, la alucinación y la transformación.

La estratificación social se expresa principalmente en las diferentes pautas de enterramiento, que van desde el más humilde hasta el suntuoso, con adornos de oro personales cargados de símbolos. La cerámica roja y blanca encontrada en las tumbas muestra personajes ricamente vestidos sentados en bancos especiales o con máscaras y tocando el tambor, como el caso de uno de los más expresivos vasos silbantes de Malagana.

Exposición: Los tesoros de los señores de Malagana — imagen 2
Collar de cuentas en forma de aves. 3.6 x 1.3 cm. cada cuenta.

No hay que olvidar que los objetos de oro que se encuentran acompañando el cadáver de alto rango, también son compañía para una travesía que necesita de la magia para comprender el concepto de metamorfosis y transformación. Al respecto, los antropólogos revelan que los indígenas creían que el muerto continuaba su vida en la tumba, por lo menos durante cierto tiempo, y por esta razón se enterraba con sus atavíos. Imaginarse al muerto como si estuviera vivo, llevaba a sus parientes a adornarlo con brazaletes, diademas y collares.

Seguramente la observación detenida de la perfecta concepción y acabado de estas piezas nos permita entender la importancia de una acción tan significativa como vestir un cadáver con collares exquisitos. En esta exposición pudimos ver algunos ejemplos sobresalientes de ellos, como el colgante de campánulas y pistilos móviles, probablemente la flor de la granadilla, con todos sus órganos sexuales fundidos por separado en oro, y complementado con piedras grises y verdes. La representación cuidadosa del reino vegetal es característico de los hallazgos de Malagana y permite pensar que sus habitantes lo concebían con un sentido mítico, tal vez relacionada con el uso de alucinógenos como una ayuda en la transformación y el cambio. Una ayuda en ese viaje imaginario entre la vida y la muerte para el inconsciente colectivo de estas sociedades.

Exposición: Los tesoros de los señores de Malagana — imagen 3
Alcarraza con 8 esferas. 22 x 14 cm. Colección particular.

Reflexionando en la palabra transformación, podemos entender que el arte precolombino está muy lejos de ser signos emblemáticos, estáticos, con un sólo significado. Al contrario, son símbolos visuales que indican una búsqueda de sentido, que va desde el propio cuerpo, en el movimiento del baile y en el ritmo de sus cantos que debieron ser protagonistas en los rituales y en la vida cotidiana, hasta comprender la naturaleza y el papel que se juega en ella. En la mayoría de las piezas de esta cultura se identifican gestos y risas con un sentido del ritmo entendido como cambio, equilibrio y peso. Todo un ejercicio de síntesis. La composición además está pensada tomando en cuenta lo relativo; por ejemplo, el tamaño de la boca se achica para que los cachetes se inflen, o los ojos, la nariz y la boca están estratégicamente agrupados en el centro de la cara, para que ésta adquiera mayores dimensiones. Por estas razones las máscaras de Malagana están llenas de vida, con ojos saltones y bocas expresivas, felinas o cantantes, hasta llegar por ejemplo a una hermosa máscara sin rostro, como una simbolización de la transformación paulatina después de la muerte. Sobresalen también los alfileres, como aquel en forma de palma o penacho esquematizado, que a pesar de su tamaño adquiere proporciones grandiosas, los brazaletes de serpientes que se muerden la cola y las cuentas de m collar con esquematizaciones de hombres, murciélagos o plantas.

Exposición: Los tesoros de los señores de Malagana — imagen 4
Colgante de collar en forma de flor del género passiflora. 3.2 x 2.5 cm.

¿Por qué los señores de Malagana? Al parecer los cacicazgos estaban divididos en territorios bajo la dirección de un señor principal, quien ejercía su autoridad con los conocimientos de los fenómenos naturales. La exposición permite pensar en ellos ataviados con sus máscaras ceremoniales, que son en realidad inmensas narigueras que cubren parte del cuerpo, compuestas de laminillas colgantes que resplandecen con el movimiento y la luz. Nosotros podemos imaginarlos entonces bailando resplandecientes frente a la hoguera o el sol, en una acción casi hipnótica sobre todos los demás hombres que los observan, permitiendo que el color y el brillo del oro les transmitan su energía fertilizadora e interpretando su resplandor y sus sombras proyectadas.

Gerardo Reichel-Dolmatoff, en su libro Orfebrería y chamanismo, se detiene en una observación que permite entender el sentido del oro precolombino. En el viejo mundo, dice, el encanto de una joya antigua reside en su centellear secreto, en el juego de luces y sombras, junto con el brillo de piedras preciosas. En Colombia, un sol violento reflejaba toda la luminosidad cegadora del oro hacia afuera, a distancia. El oro se asociaba con el sol por su resplandor y con ello adquiría un significado seminal, fertilizador, vital y aún de poder político. Esta observación nos permite también entender al orfebre como un artesano que tiene en sus manos un material resplandeciente, sagrado y que en Malagana le da vida como nunca, con una maestría en el laminado, al crear objetos planos delicadamente repujados, la cera perdida, con formas orgánicas y complejas y la filigrana con todo tipo de pequeños colgantes.

Esta exposición es un ejemplo del empeño que ha venido mostrando en los últimos años el Museo del Oro de Bogotá, para realizar montajes cuidadosos en sus exposiciones, didácticos, pero que a la vez realcen el diseño de las piezas y sobre todo por crear guiones museográficos vivos, que no sólo estimulen en el espectador un paseo frente a piezas de formas muertas, sino que tratan de involucrar otras variables que permitan entender la función del arte en la sociedad.

*Fotos Cortesía del Museo del Oro. Bogotá.

NATALIA GUTIÉRREZ

Decana de la Facultad de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá.

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