Resistencia: Los Modernistas Afroamericanos y la Escuela Muralista Mexicana se concentró en el trabajo de ocho artistas afroamericanos: Charles Alston, John Biggers, Elizabeth Catlett, Sargent Claude Johnson, Jacob Lawrence, Charles White, John Wilson y Hale Woodruff, quienes fueron influidos por los grandes muralistas mexicanos José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. El catálogo de la exposición marcó un hito en la historia del arte transcultural. Los dos ensayos escritos por Lizzetta LeFallie-Collins, la curadora de la exposición, junto con las contribuciones hechas por Raquel Tibol y Shifra Goldman vienen a ser uno de los primeros estudios completos publicados sobre la interacción afroamericana y mexicana comprendida entre los años veinte y los sesenta.

La exposición se concentró en el trabajo de los años treinta y cuarenta y describió cómo los muralistas mexicanos les proporcionaron a los artistas afroamericanos un formato para la creación de ciclos murales. La organización multiperspectiva de las figuras de Rivera es evidente en la obra de Charles White Contribución de la Raza Negra a la Democracia en América (1943) y en La Raza Negra en la Historia de California (1949) de Halle Woodruff y Charles Alston. Las atenuadas figuras contorsionadas de Orozco sentaron el precedente para la pintura expresionista Noche de los Pobres (1955) de John Biggers. Pero, por extraño que parezca, la exposición no ofreció un adecuado estudio de los maestros mexicanos que los artistas afroamericanos habían estudiado con tanto cuidado. Sólo quince de las cien obras eran de artistas mexicanos.

Además de no representar suficientemente a los artistas mexicanos, El Espíritu de la Resistencia, sin proponérselo, transmitió un espíritu segregacionista. Sin tener en cuenta el hecho de que los muralistas mexicanos trabajaron con algunos de los artistas afroamericanos en los Estados Unidos, y que éstos viajaron para estudiar con los muralistas en México y participaron en el Taller De Gráfica Popular, no se expusieron obras que demostraran que los artistas se habían interesado recíprocamente en sus culturas. Por el contrario, los artistas afroamericanos y mexicanos estuvieron representados por obras que hacían énfasis en inquietudes paralelas con respecto a temas tales como la pobreza, los conflictos de clase, la guerra, el racismo, el colonialismo, la esclavitud y la representación de héroes y heroínas que lucharon contra esas injusticias. Las litografías de Charles White, Mujer mexicana (1946) y Niño mexicano (1946), y las de John Wilson El trabajador (1951) y Elizabeth Catlett Latinoamérica dice No! (1963) fueron unos de los pocos ejemplos de descripciones afroamericanas que cruzaron límites étnicos. Igualmente, Bailarines sobre el Océano (1945) de Tamayo, con sus figuras negras, fue la única obra importante que señalaba que los artistas mexicanos también se habían inspirado en la cultura afroamericana. Dado este contexto, fue muy lamentable que la curadora del museo omitiera la serie de Covarrubiass Pinturas de Negros que documenta la vida de los afroamericanos en Harlem.
El enfoque que la curadora le dio a El Espíritu de la Resistencia es comprensible. La erudición en lo que concierne a esta área está apenas empezando a aflorar y hay pocos precedentes para presentar un estudio binacional en el cual la mitad de los participantes sean minorías en su propio país. La curadora aprovechó la oportunidad para exponer muchas obras históricas afroamericanas que no habían recibido mucha atención en su época. Sin embargo, al hacerlo, sacrificó el incorporar a la exposición suficientes obras de artistas mexicanos para mostrar un retrato convincente de las complejas pasiones que encendieron esta alianza mexicana y afroamericana.
YASMIN RAMÍREZ

