Bienal de Pintura de Cuenca

Roberto Bethónico. Sin título. Punta seca, polvo de hierro y grasa sobre papel. 99 x 66 cm.

Colectivaabr 1997 - jun 1997· Por Marcos De Lontra Costa

Bienal de Pintura de Cuenca

Cuenca, Ecuador

Para aquellos que están habituados a los grandes eventos internacionales como la Bienales de Venecia y São Paulo o la Documenta de Kassel, la Bienal de Pintura de Cuenca propone indiscutiblemente algo más modesto, una especie de Fiesta de pueblos.

Es exactamente ese tono menor de Cuenca que le garantiza su importancia. Los grandes eventos tienden a sacralizar el objeto artístico. El aspecto institucional acaba por imponerle su verdad a la provocación existente en el arte contemporáneo. Expuesto en varios puntos de Cuenca, el arte pierde todo su carácter autoritario y propone un diálogo permanente con el espectador. Es evidente que esa situación acaba por traer otros problemas, pues supone lo presencial del escenario de manera excesiva. Pero eso no invalida la acción del arte y siempre es agradable poder uno caminar por una ciudad pequeña y bonita como Cuenca y descubrir espacios consagrados a la muestra artística.

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Ernesto Zaléz. Execración, 1996. Mixta sobre tela. 185 x 160 cm.

No se discute que la osadía de los organizadores de la Bienal merece nuestro aplauso: es una de las raras posibilidades para que se pueda mostrar un panel de la producción contemporánea de nuestro continente, lo que la hace merecedora del apoyo de todos. Sin embargo, algunos puntos se deben analizar y debatir. Discutir arte a través de técnicas es una práctica anacrónica. El cubismo ya se encargó de destruir las barreras que hacían de cada técnica artística una especie de altar romántico de idolatría. Limitar la visión del arte contemporáneo a la pintura es así una solución simplista e ineficaz. La V Bienal de Cuenca optó ahora por abrirle un espacio al dibujo, lo que no hace más que reforzar la afirmativa. Gran parte de los dibujos eran en verdad pinturas, así como muchas pinturas eran en verdad dibujos. El hecho es que clasificar el arte moderno contemporáneo por la técnica es una estrategia ineficaz. La acción artística se realiza en el espacio y en lo llano. Sería conveniente que la Bienal considerara de su interés específico los problemas de representación bidimensional abriéndose para todas las técnicas y materiales.

También los premios son motivo de controversia. En eventos internacionales vienen siempre regidos por intereses políticos. Además, acaban por crear una expectativa exagerada alrededor del vencedor, perjudicando la inserción del evento en el contexto. El dinero de los premios estaría mejor aplicado en conferencias y debates que, cerca de las salas especiales de algunos artistas, puntos de referencia para la cultura de nuestro continente, complementarían las muestras. Son cuestiones que deben examinar los organizadores para la próxima edición de la Bienal.

A pesar de esas objeciones de carácter general, los jurados de la V Bienal de Pintura de Cuenca trabajaron con objetividad y coherencia. En el Salón de Dibujo se concedió el primer premio al artista Celso Rojas de Ecuador y el segundo premio para el artista Ernesto Leal, de Cuba. En cuanto a la premiación de pintura el jurado concedió mención especial a la representación ecuatoriana y a Alexandre Nóbrega, de Brasil. El tercer premio con un valor de US$ 10.000 fue otorgado a José Morales, de Puerto Rico. El segundo premio de US$ 15.000 al artista Marcos Restrepo, de Ecuador. Y el primer premio de US$ 30.000 a Ernesto Zaléz, de Venezuela. En el acta de premiación, el jurado recomienda que en las próximas ediciones no se otorgue premios y se busque invitar un número mayor de artistas, historiadores, críticos y curadores. Es importante además que se trate de organizar muestras de significativos artistas latinoamericanos como hizo Brasil, presentando una muestra paralela con obras de la reconocida artista Tomie Ohtake. Esa relación entre obras ya consagradas y artistas jóvenes de producción reciente es fundamental para permitir una lectura del arte latinoamericano.

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Jorge Velarde. Al final de la tarde. Óleo sobre tela. 150 x 200 cm.

Inaugurada en noviembre del año pasado, la Bienal presentó muchos artistas jóvenes de nuestro continente. En el salón de dibujo se destacó la producción brasileña por su coherencia y objetividad. En cuanto a la pintura, a pesar de algunos buenos ejemplos aislados de Argentina, del Brasil, de Colombia y Ecuador, el destaque fue la representación venezolana, con un grupo de artistas homogéneo y capaz de sintetizar con precisión aspectos regionales y cuestiones internacionales.

La repetición de un ingenuo tardío y repetitivo caracteriza gran parte de la producción caribeña y la "Fridakahlización" del continente parece ser la piedra angular de la pintura mexicana. Sin embargo, nada peor que la representación norteamericana impregnada de un naturalismo anacrónico e imperdonable, aunque analizado desde el ángulo de lo kitsch. Son esos, en síntesis, los peligros del arte de nuestro continente: lo naif como condenación, lo exótico como estrategia de diferenciación y el apego a la naturaleza como culpa y castigo.

Afortunadamente la mayoría de los artistas contemporáneos de nuestro continente consigue leer claramente esas imposturas. La Bienal Internacional de Cuenca nos trajo ejemplos de artistas como Roberto Bethónico, Paulo Monteiro y Alexandre Nóbrega, de Brasil; Guillermo Londoño y José Antonio Suárez, de Colombia, Ernesto Leal y Jorge Luis Morreno, de Cuba; Tomás Ochoa, Marcos Restrepo y Jorge Velarde, de Ecuador; Javier Bassi, del Uruguay; Luis Romero, Natalya Critchley, Ernesto Zaléz, Laura Stagno, de Venezuela, que captan la realidad americana como un filtro, reciclándola y poniéndola en debate en la arena de la cultura internacional. Esa es aún la tarea principal de los productores culturales de nuestro continente y eventos como la Bienal Internacional de Cuenca nos permiten recibir e intercambiar informaciones.

MARCOS DE LONTRA COSTA

Bienal de Pintura de Cuenca, por Marcos De Lontra Costa | artnexus