Para el circuito artístico chileno, 1997 se inaugura con una muestra que, sin duda, constituye un hito. Se trata de la exposición Joven en Chile (1986-1996), curada por el crítico Guillermo Machuca, en la que se reúnen once artistas que vienen exhibiendo con intensidad desde mediados de la década de los ochenta. Los expositores son Alicia Villareal (39 años), Nury González (36 años), Carlos Montes de Oca (36 años), Pablo Rivera (35 años), Pablo Langlois (32 años), Natalia Babarovic (30 años), Victoria Polanco (29 años), Cristián Silva (27 años), Mario Navarro (26 años), Voluspa Jarpa (25 años) e Iván Navarro (24 años). Podrían incluirse, con justicia, varios nombres más, pero los presentes logran configurar un panorama consistente de uno de los sectores más interesantes de la plástica chilena contemporánea.
En rigor, no se trata de una generación de artistas (existen diferencias de hasta quince años entre las edades de algunos de los participantes); tampoco esta muestra da cuenta de un grupo formal de trabajo, con programas y propuestas estilísticas comunes. La exposición está marcada por la diversidad de apuestas que pasan, todas, por una visión crítica de la historia del arte y una inversión seria en la investigación técnica y conceptual que cada proyecto requiere.

Los artistas participantes de esta muestra, si bien no adhieren a un "programa" o "tendencia" común, han circulado por los mismos espacios de exhibición, caracterizados por su carácter "alternativo", su independencia respecto de los imperativos comerciales y por el respeto frente a la autonomía de las obras. Por otra parte, todos ellos pueden considerarse, de algún modo, herederos del arte crítico experimental de mediados de los setenta.
Antes de esta muestra hubo otro intento de reunir en un montaje a los artistas jóvenes de la vertiente crítica (la exposición Zona Fantasma, realizada a mediados de 1995 en la Galería Gabriela Mistral de Santiago), pero esta exhibición cuenta con una curatoría y un aparato teórico más elaborado. Además el hecho de ocupar un lugar institucional, como es el Museo Nacional de Bellas Artes, constituye un gesto inédito de legitimación histórica para este conjunto de artistas. Otro aspecto sobresaliente es la destacada participación de las mujeres, lo que viene a desmentir ciertos viejos prejuicios relacionados con la falta de productividad y presencia pública de la plástica femenina.
Dentro de la heterogeneidad presente en esta muestra, existen importantes conexiones entre obras, lo que permite reagrupaciones menores según diferentes criterios. En términos temáticos, por ejemplo, los trabajos de Babarovic. Jarpa y Langlois convergen en la interrogación respecto a la tradición de la pintura chilena del paisaje. Destaca la obra de Langlois, quien ensaya una serie de desplazamientos conceptuales y de montaje en una instalación que, a pesar de su audacia, se mantiene dentro de la técnica tradicional de la pintura. Su obra posibilita una gran complejidad de lecturas y aporta guiños irónicos de singular agudeza.
Una clara relación de procedimiento se establece entre las obras de González y Polanco. Ambas artistas recuperan manualidades domésticas femeninas (la costura, el bordado, el tejido) para legitimar, desde un registro opuesto a la artesanía y el folclor, lenguajes desprestigiados por las estructuras oficiales del poder.
Más distantes de la historia local y de la tradición de la pintura se encuentran los demás trabajos. Villareal continúa investigando en torno a la constitución de un alfabeto y manteniendo la sofisticada limpieza de su factura, mientras que Montes de Oca se arriesga en una instalación, un tanto desconcertante, cuyo registro visual es absolutamente ajeno a su producción anterior.
Dentro del grupo más joven de la muestra están los hermanos Navarro y Cristián Silva, definitivamente más atentos a los procedimientos y sensibilidades recogidas de la escena plástica internacional. En sus obras, entre las que destaca el trabajo de Iván Navarro, está cifrada la promesa de nuevos derroteros para el arte chileno de la próxima década.
CATALINA MENA

