La Séptima Exposición Anual de Arte Internacional de Miami, llevada a cabo del 8 al 13 de enero en Miami Beach, sufrió este año considerables cambios que contribuyeron al mejoramiento y éxito generales de la feria, para beneficio tanto de los galeristas, como de los visitantes. Art Miami exhibe arte contemporáneo internacional y latinoamericano y, debido a que Miami es una puerta de entrada a las Américas y un lugar en donde, tratando de huirle al invierno, se reúnen artistas y coleccionistas internacionales, esta feria sigue siendo la muestra de arte norteamericana más grande en pleno invierno, con más de cien participantes, provenientes de todos los rincones del mundo.

El tamaño de la feria y la diversidad y calidad de las galerías aumentó este año gracias a dos cambios importantes en su organización. Primero, el número de galerías se redujo, suprimiendo el exceso “decorativo” y comercial (se les animó para que más bien participaran en la Exposición Art Americas que realizarán los mismos organizadores en abril, también en el Miami Beach Convention Center)\ segundo, se creó un comité de asesoría a comerciantes de arte para orientarlos en el mejoramiento de la calidad y estándares con miras a la participación en eventos similares. Los organizadores también confirmaron su compromiso de mejorar la feria en el futuro mediante el establecimiento de un grupo de coleccionistas locales denominado Friends of Art Miami, quienes ofrecieron hacer giras privadas de sus colecciones y exposiciones en museos, las cuales ciertamente realzarán el ambiente de los eventos de fin de semana.

Más de veinte curadores internacionales de museos y cincuenta coleccionistas fueron invitados como huéspedes de la feria, y deleitaron a los asistentes con numerosos eventos. La presencia de la Gramercy Art Fair en el Hotel Raleigh de South Beach, con el enfoque vanguardista que le dio a la forma de exponer arte (en los cuartos del hotel) fue otro punto a favor que ofreció algo muy nuevo para aquellos que piensan que las ferias tradicionales tienen muy pocas sorpresas. La comunidad local se sintió muy bien atendida con una Exposición de Proyectos de Arte en Lugares Públicos y con una recepción especial que presidió su directora Vivían Donnell Rodríguez.

Al reducir el número de galerías, la feria les ofreció a los visitantes la oportunidad de ver obras de calidad sobresaliente y olvidarse de las pocas obras que quedaron al margen y no pudieron participar. Las exposiciones individuales de Julio Larraz en la Galería Ron Hall, y del maestro argentino Xul Solar en la Galería Rachel Adler, Nueva York, fueron memorables. La obra de Xul Solar se ve muy raras veces en estas ferias de arte, y la selección de sus pequeñas imágenes de fantasía en acuarela y lápiz fue un maravilloso y poco usual convite para los amantes del arte latinoamericano. Los maestros latinoamericanos también estuvieron presentes con una exposición estelar en la Mary-Anne Martin, Fine Art, Nueva York, que incluyó obras de Diego Rivera, Alfredo Castañeda, Rufino Tamayo, Torres-García, una hermosa pintura y la más insólita escultura en plata, titulada Vaca, de Leonora Carrington, y el poderoso autorretrato en el exilio de Luis Cruz Azaceta, titulado El viaje, 1986.

Las principales galerías latinoamericanas, como la Roberto Martín Arte Contemporáneo de Buenos Aires, Ramis Barquet de Monterrey, México, Tomás Andrew de Chile y Praxis de Buenos Aires, trajeron nombres famosos y conocidos que han sobresalido en el mercado del arte en años recientes. Botero es todavía popular entre los visitantes a la feria, y sus esculturas pudieron verse en Ia Galería El Museo de Bogotá, mientras que sus dibujos, pinturas y otras de sus esculturas fueron presentadas por la Galería Fernando Quintana, Bogotá. Praxis de México siguió atrayendo multitudes con las pinturas superrealistas de Santiago Carbonell. El realismo no predominó este año, se notó especialmente la ausencia de las galerías Heller de Madrid y Nueva York.


España se hizo presente con Afinsa Galleries-Mercart, que trajo no solamente pinturas, sino también un sistema computarizado para la promoción de obras de arte denominado MERCART, que digitaliza imágenes provenientes de galerías de todo el mundo. La tecnología de la computadora ya ha tenido un tremendo impacto en el mundo del arte; sin embargo, es interesante anotar que en la feria de este año no se incluyeron ni instalaciones ni proyectos notables desde el punto de vista de los avances tecnológicos. Aunque las producciones que incluyen instalaciones de videos y multimedia son difíciles de vender, se debería alentar a las galerías para que incluyan este tipo de obras. A pesar de que, aparentemente, se hizo un esfuerzo conjunto por invitar a artistas jóvenes de vanguardia, hubo muy pocos, de los cuales los más sobresalientes fueron los europeos. Solamente la Galería Frederic Snitzer, Coral Gables, montó instalaciones. Su selección de obras de los artistas cubanos exiliados, José Bedia y Rubén Torres Llorca invitaba a los visitantes a explorar el arte más allá del marco, a la vez que entraba en un diálogo multicultural especialmente apropiado para Miami.
CAROL DAMIAN
Profesora Asistente de Artes Visuales de la Universidad Internacional de la Florida, Miami U.S.A.

