ARCO 97

Edgar Negret. Metamorfosis. Aluminio pintado. 220 x 90 x 80 cm.

Feriaabr 1997 - jun 1997· Por Alejandra Pozo

ARCO 97

En los umbrales de América Latina

De la misma forma como las minorías y los mártires de la sociedad cobraron tanto auge y poder en la delirante sociedad norteamericana de los últimos años, le ha tocado a la marginada y periférica Latinoamérica pasar saldo por su cuota de poder y lugar en el mercado del Arte Contemporáneo. Los reconocimientos y los galardones se dictan desde los mismos centros de siempre (Europa y Estados Unidos) y hoy el premio se lo lleva América Latina. El vasto continente unido finalmente como fuerza artística emergente y debutando en la palestra internacional, se sintetiza en espacios e instituciones llevandose las nominaciones al mestizaje, al pluralismo, al sincretismo y demás calificativos permisivos.

ARCO 97, como todos lo sabemos de sobra, tuvo como invitado de honor el arte de Latinoamérica representado según el conjunto de galerías seleccionadas por Octavio Zaya. En principio la invitación sugería algunas ideas sobre cómo responder al compromiso de representar el arte latinoamericano dentro de una dinámica comercial. Fundamentalmente, cuentan los galeristas, mostrar obras a la altura del discurso internacional, muy lejos de relacionar las complejidades tercermundistas del continente con el arte que allí se genera. También fue recomendado no incluir demasiados artistas, no más de tres y preferiblemente los one man show. Teniendo en cuenta el carácter mercantil propio de una feria, se le sugirieron ciertos riesgos a los galeristas de América Latina a cambio del gran debut cultural del continente en ese contexto. Así que a la vez que para muchos fue la única posibilidad económica de asistir a una importante feria de masivo público organizándose más con cabeza que con el bolsillo.

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Miguel Ángel Ríos. Pliegues y fronteras, 1995. Instalación. Óleo y acrílico sobre lienzo plegado. 222 x 158 cm. Cortesía Galería Fernando Quintana.

A Zaya también le pusieron sus restricciones al no permitírseles incluir particularmente la neoyorkina galería Carla Stellweg que si bien representa artistas emergentes latinoamericanos y aquellos de este origen residenciados en Estados Unidos, no está ubicada en territorio latinoamericano. "La territorialidad impone un cierre entre dos culturas, la de Estados Unidos y la de América Latina, culturas que se extienden como coexistencia dinámica de las realidades económicas y sociales que las crean", defiende Zaya, quien además recalcó en su ponencia la creciente importancia de las raíces latinas en la cultura de Estados Unidos, país en el que fueran censados 30 millones de hispano-hablantes en 1996. Tampoco las galerías 204 de Venezuela, el Grupo Roja de Argentina y la Panadería de México, espacios que no respondían a las dinámicas comerciales según el comité organizador, llegaron a la final.

Si lo hicieron 34 galerías que a vuelo de pájaro brillaron con inusual intensidad entre las 212 que conformaban todo el arco de visión. Lo del one man show sólo fue cabalmente seguido por la galería Ars Forum que desplegó una hermosa instalación compuesta con la obra del venezolano Roberto Obregón, la Galería de Arte Tomás Andreu con una solitaria más del enigmático Arturo Duelos y la Galería Fernando Quintana con los grandes formatos de Miguel Ángel Ríos. Obregón sutil y poético como un taxidermista de pétalos de rosa, mostró distintas facetas y formatos de sus características disecciones en un interesante montaje que proponían al espectador una hermosa lectura. Duelos expone su obra bien formulada de infinitas combinaciones, múltiples desciframientos e infinitos discursos. Miguel Ángel Ríos ya ocupaba el lugar de honor en una de las entradas de la feria donde una institución presentaba su instalación Fronteras y Conflictos, una cartografía desplegada a trozos de una geografía catalogada por sus conquistadores. La galería también mostraba sus nuevas pinturas de flora autóctona, además de cartografías, discursos que desde su propio estilo hablan de una perspectiva continental, reconociendo las diferencias originales, históricas, naturales y culturales del "nuevo mundo". 

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Roberto Obregón. Sin título, 1993-1994. Caucho puro. 70 x 70 cm. Cortesía de Ars Forum. Caracas.

Expectativas en Positivo

La etiqueta de "latinoamericano" puesta de moda en Europa desde la celebración del quinto centenario del descubrimiento de América en 1992, representa una generalidad débil de sostener cuando quiere englobar el arte. Hay quienes reconocen y en quienes se reconoce preocupaciones relativas a la identidad regional, otros sin embargo, críticos incluidos globalizan sus particularidades y se niegan a caer o prestarse a categorizaciones culturales. Entre los primeros citamos por ejemplo un retablo fotográfico del colombiano José Alejandro Restrepo donde el mito de Adán y Eva desmitifica la clásica fruta prohibida reemplazándola por un plátano, sugerente fruta propia de la auténtica geografía paradisíaca según el artista. Citamos, en otro orden de propuesta, los pantalones de Priscila Monge impecablemente realizados con toallas sanitarias, los que a su vez nos recuerdan la notable cantidad de propuestas presentes en la feria devenidas de la costura y el vestuario (Leda Catunda, Paula Santiago, Beth Moysés, Rosina Palazyan, Carlos Arias, por mencionar algunos).

Brasil es otra denominación de origen que brilla con luz particular. El carísima del arte que generan brasileros se distingue y en general sus sutil carga irónica unida a riesgos de soportes, resultan obras contundentes, pulcras, sofisticadas. El pequeño espacio de Joel Edelstein, por ejemplo, reúne obra de Tunga, Meireles, Rio Branco, Oiticica, un significativo muestrario de arte contemporáneo.

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Los Carpinteros. Mano creadora, 1996. Instalación (cedro y caoba). 10 x 60 x 180 cm.

Otro caso destacable, los cubanos. En la Galería Habana se exhibía la Mano creadora original de Los Carpinteros que obtuvieron el premio del público a la mejor obra: una escultura-mueble en madera alegórica al símbolo de la "mano poderosa" tan llena de compartimentos vacíos como de historias por llenar. Belkis Aayón, Tania Bruguera, Fernando Rodríguez y Esterio Segura acompañaron la mano premiada cuyo trío de autores siguen respirando aire madrileño en vísperas de la inauguración de una individual en la Galería Angel Romero, su representante en España. Ramis Barquet, paternal personaje del arte desde y más allá de México, tuvo en sus paredes al trabajo auto-fotográfico de la cubana Marta María Pérez, premio por parte de la Fundación Argentaría. Sus imágenes, la suya propia en situaciones límite, reflexionan sobre la violencia y el desgarramiento de la mujer. Finalmente, otro premio para un latinoamericano, la Asociación Española de Críticos de Arte se lo concede a Edgar Negret.

En general, esta super muestra de artistas latinoamericanos, tal vez la mayor que se haya realizado nunca, superó las expectativas de la mayoría de los galeristas. Jacobo Karpio lo reconoció como "lo más caliente del arte latinoamericano". Para Memo Sepúlveda, de Arte Actual Mexicano, este primer acercamiento es tan sólo una fase exploratoria, la presencia del arte latinoamericano en este tipo de eventos debería ser más permanente; "España, al igual que Italia, Portugal y Grecia son un poco los 'pigs' de Europa y existe hacia ellos cierto desprecio por parte de Alemania, Inglaterra o Francia y creo que España se desgasta mucho por ser aceptada sin mirar que tiene todo un continente al otro lado con el que pudiera tener más unidad, algo así como la madre que retoma al hijo". Dice Diana Lowenstein de la Galería Der Brücke, quien es además miembro del comité organizador de ARCO, que han sido tan positivos los resultados que la organización ha decidido incluir regularmente sectores del continente latinoamericano en las próximas ediciones. El Caribe, nuevamente enfocado por Octavio Zaya, será desplegado en el próximo Arco y presumiblemente será el Cono Sur el siguiente espacio ganado.

A la vez escuchamos voces inconformes, la de Miguel Ángel Ríos entre otras, que reclamaron que prevaleció la cantidad frente a la calidad y ante la invalorable oportunidad de confrontar el arte latinoamericano con tal cantidad de público, acusaron ausencias graves y representativas ¿Meyer Vaisman?, hay quienes no les interesa presentarse en esta clase de contextos, por ejemplo Hernández-Diez que queriendo no estar apareció de todos modos con un par de fotografías de la serie de muñequitos mordisqueados en una de las paredes de Camargo Vilaga. En todo caso se trata de un contexto paradójico, combinación de pretensiones comerciales y culturales, condiciones esencialmente independientes y generalmente contrarias. Mirar ARCO desde la perspectiva crítica de un espectador que asiste a una exposición es una pretensión descontextualizada, pero como magno espectáculo, multitudinario, artístico y comercial resulta un evento fuera de serie.

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Eduardo Medici. Comun-uniones, 1995. Negativos fotográficos sobre tela. 50 x 70 cm. Cortesía de la Galería Der Brücke, Argentina.

Horizontes Teóricos juntos en la diversidad

En el marco de la cara cultural del evento se organizaron encuentros teóricos, uno de ellos denominado Horizontes del Arte Latinoamericano. Sin querer ninguno de los ponentes en este ciclo encasillar el arte en cuestión en parámetros de origen geográfico e históricamente tardíos (América se menta como tal sólo a partir de su relación con Américo Vespucio) y tratando con mucho recelo conceptos como identidad o idiosincrasia, el tema se presta para cantidad de especulaciones conceptuales cargadas de crítica, ironía y reivindicaciones. "El arte latinoamericano para ser tiene que dejar de ser" decía David Suárez, Crítico de Arte y Profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Citaba la necesidad de superar la neurosis de identidad de América Latina, cliché que identifica al continente como el reino de la diversidad. "Tras el engaño de una aparente diversidad se oculta el terror de lo que somos y mientras nos definimos como tal o como cual perpetuamos nuestra propia obediencia dentro de fronteras. El objetivo cultural de América Latina, continente cuyos aspectos aglutinantes vienen dados por exclusión en los discursos de las grandes metrópolis, radica en poder rechazar el propio rechazo que se produce fuera de esos países". La visión de Pérez, la de un europeo analítico y solidario, se propuso carismáticamente alertar ante ciertas trampas que genéticamente reconoce y que como un proceso colonizador más interviene hegemónicamente y dictatorialmente sobre los otros. La falacia postcolonialista que apuesta por una igualdad cultural no reconoce que hoy en día el mundo está más colonizado que nunca por condiciones mediáticas y que el único multiculturalismo es el de la instantaneidad económica. "Lo que actualmente se intenta colonizar son las mismas estructuras en las que se asienta el arte. Existe una sola cultura en el mundo, la derivada del libre mercado".

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Daniel Shemberg. ¿Por qué?, 1997. Acrílico sobre tela. 198 x 246 cm. Cortesía Jacob Karpio-Atma.

Marcelo Pacheco, director de la Fundación Espigas de Buenos Aires, se pregunta para empezar si al hablar de Arte Latinoamericano se utilizan categorías prestadas de terrenos como la geopolítica, la macroeconomía, la historia cultural o la antropología. Desciframiento al que le suma el cómo operar simultáneamente una reescritura de la historia del arte local, una traducción al ámbito internacional y una participación activa en la discusión latinoamericana actual.

Sheila Leirner, Crítico de Arte y ex-Comisaria General de la Bienal de São Paulo, en su ponencia "Arte del Nuevo Mundo en dirección a un mundo nuevo", sí reconoció la universalidad del arte, obra latinoamericana incluida, al tratarse de actuaciones sincronizadas en un mismo circuito mundial. Todo trabajo artístico como tal rechaza principios de siglo —enarbolándolo como bandera para enfrentarse al eurocentrismo que determina el mundo del arte contemporáneo. "La cultura universal procede de cada una de las culturas regionales y es preciso recuperar una mirada propia y expresarla mediante lenguajes universales". Kahlo, Orozco, Rivera, Berni, Iturria, el grupo CAYC de Argentina, sirvieron para apoyar sus ideas.

Lo efímero y lo dinámico en el arte relativo a este "horizonte" estuvo presente en las ponencias de Coco Fusco —Profesora de Arte en la Tyler School of Arte de Temple University— y de Cuauhtémoc Medina —Crítico de Arte y Profesor de la UNAM de México—. La primera hizo mención al performance, ilustrándolo con registros fotográficos de varias experiencias —por ejemplo una de ellas en la que un grupo de "salvajes" autóctonos de América Latina debidamente enjaulados eran expuestos en espacios públicos de los Estados Unidos, generando interesantes reacciones por parte de un público que se tomaba ingenua y literalmente lo que veían sus ojos— que proponen un diálogo con un público popular poniendo en duda las reglas del mercado. Medina, también con recursos audiovisuales, se refirió al "arte joven" de México y sus incursiones en nuevas formas de creación y nuevos circuitos de exhibición que rompen con la rutina de los espacios, salones y galerías típicas de arte joven.

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Miguel Rio Branco. Pernas (Piernas), de la serie Barraco, 1993-1996. Cibachrome. Cortesía Galería Joel Edelstein. Rio de Janerio.

María del Carmen Ramírez, Curadora de Arte Latinoamericano del Archer M. Hungtinton Art gallery y Profesora del Departamento de Arte de la Universidad de Texas en Austin, se refiere a "contexturas" —denominación propia— como oscilaciones o desplazamientos que originan nuevas redes de intercambio artístico mediante la superación de fronteras. Esta movilidad, que repercute en los discursos artísticos, posibilita asimismo al arte latinoamericano competir en circuitos globales sin escaparse ni de la necesidad de legitimación ni tampoco del tejido vernáculo. El punto de partida lo marcan los modos que representan algo propio, una realidad mediata, aunque reconoce producción artística en Latinoamérica que no refleja ninguna problemática particular.

Gerardo Mosquera, Crítico de Arte y Curador del New Museum de Nueva York, fue el ponente de mayor quórum y la sala se llenó de protagonistas del mentado arte latinoamericano que no se perderían las amigables expectantes palabras de Mosquera. Como una simbiosis, las miradas de colonización o de acceso al arte de América Latina por parte de las estructuras hegemónicas es una manipulación que repercute asimismo en el colonizador. La globalización, en su esencial apropiación, es hoy en día como "robar del pastel robado". Estamos en los tiempos de las diferencias, el dinamismo y la contaminación, obviamente no hay regreso viable a la tradición precolonial. "Desde el poder existe una razón totalizante. Esta idea de expansión del mundo culmina, curiosamente, en una relación inversa de la totalización: el mundo es cada vez más pequeño". La globalización implica el concepto expansivo-contractivo. Todas las culturas se roban una a otras, sea en situación de dominio o de supeditación. Los latinoamericanos nos hemos transformado de copiones a sutiles transgresores. El poder ya no busca reprimir sino controlar la diversidad. Una de las decisiones que tiene que tomar el mundo latinoamericano es la de participar o no en los circuitos globales, en el que en el fondo todos están implicados.

Cómo quién y dónde enfrentar la fama es asunto delicado pero nada despreciable. La dignidad de cada movimiento será recompensa o alienación y la incursión de cada voz en el territorio del reconocimiento abrirá espacio a nuevas imágenes que en el mejor y peor de los casos enriquecen el discurso artístico universal.

ALEJANDRA POZO

Crítica de arte venezolana. Reside en las Islas Canarias.

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