Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Naief Yehya

Teresita Fernández

Teresita Fernández esculpe el espacio descontextualizando (o, para emplear su propia expresión, malcontextualizando) los escenarios comunes, los artefactos y símbolos simples, y encontrando un nuevo orden y una nueva lógica para ellos. En su reciente exposición, Borrowed Landscapes, Fernández crea extraños y austeros recintos en los cuales va más allá de la mera expresión minimalista, empleando realmente el vocabulario de las convenciones arquitectónicas y transformando, literalmente, símbolos y representaciones en materia física y volumen. Elementos de construcción reales y simulados son utilizados uno al lado del otro para crear ilusiones de distancia y falta de contraste y para mostrar la relación entre el espacio físico y el simbólico. La pieza más espectacular de esta exposición es un grupo de cinco compartimientos de diferentes tamaños, suspendidos e iluminados desde arriba por una sola luz de color Intenso (citrón, cerúleo, violeta, azul y citrón).

Exposición Individual: Teresita Fernández — imagen 1
Teresita Fernández. Paisaje prestado, 1999. Vista de la Instalación. Dimensiones variables.

Dentro de esos espacios, el suelo está cubierto de diseños pintados a mano inspirados vagamente en los jardines europeos del siglo XVIII y en pavimentos otomanos, similares a los que presentó la artista en su exposición anterior. Estos dibujos nos recuerdan a otro brillante minimalista, Tess Jaray, cuya obra se inspiró también en los dibujos en perspectiva de la arquitectura. La instalación combina arquitectura, escultura y pintura para crear un auténtico catálogo de estrategias y gestos de ilusión óptica que fusionan lo que vemos con lo que creemos estar viendo: desde la ilusión creada por los patrones parterre —que, de hecho, son pintados a mano y teñidos sobre papel— hasta el efecto espectral de la transparencia y opacidad creado por los velos o los lienzos que delimitan los recintos. Las paredes son una forma de barricada empleada para protegernos de la naturaleza, para separar las diferentes cámaras de la actividad humana: Interior y exterior, espacio para vivir y para trabajar, público y privado, sagrado y profano. Al utilizar medios semitransparentes y flexibles como muros, Fernández no está aislando espacios ni creando lugares escondidos, sino desplazando los límites entre el espectador y el objeto, está llevando al espectador desde afuera al primer plano, dejando el exterior como fondo. La artista se ha concentrado en una arquitectura suave o feminizada, desprovista de superficies duras y bordes fluidos, que integra exteriores e interiores y disuelve y amplía la noción de intimidad. Esta estrategia parece ser un comentario a la crítica feminista sobre el minimalismo, una escuela que ha sido domesticada, asimilada, apropiada y "suavizada" por los medios de comunicación. Al mismo tiempo, Fernández juega con la contradicción entre la ¡dea de exceso en el orientalismo y la austeridad del diseño japonés, en particular el shakkei, el concepto de escenario o paisaje prestado en el cual este último es usado como un elemento en las composiciones para el diseño de jardines o de interiores.

Con una sorprendente economía de formas y una limitada paleta de colores, Fernández crea un laberinto de luz en el cual el espectador puede caminar alrededor de los recintos, teniendo a cada paso una percepción diferente de los colores y la profundidad. Se supone que estas frágiles construcciones transparentes deben contemplarse desde el exterior, como si cada una de ellas estuviera formada por cuatro pantallas adyacentes iluminadas desde atrás, diseñadas para proyectar sombras. Las cajas traslúcidas pueden percibirse al mismo tiempo como cálidas y atrayentes o frías y exclusivas. A medida que se camina alrededor de los rectángulos iluminados, se disuelve el sentido de interior y exterior. Ellos pueden reproducir la seducción del harén o el mosquitero en un hotel del trópico, o la angustia de una celda en el panóptico, "para Inducir en el prisionero un estado de visibilidad permanente y consciente que asegura el funcionamiento automático de la electricidad", como lo define Michel Foucault.

Al espectador no se le permite Ingresar a los recintos, pero se le invita a mirar hacia adentro a través de una angosta rendija, para darle un vistazo a un espacio desprovisto de objetos pero, sin embargo, cargado
de sugerencias de misterio y secreto. Los delgados muros nos recuerdan la arquitectura japonesa; los diseños aparentemente seductores del piso evocan elaboradas alfombras, y los claustrofóbicos recintos se asemejan a los patios interiores del Mediterráneo o a extraños cubículos sacados de una película de ciencia-ficción. Bajo el intenso baño de luz, las líneas trazadas a lápiz parecen adquirir fascinante realismo y profundidad.

NAIEF YEHYA

Teresita Fernández, por Naief Yehya | artnexus