Con el sugestivo título de Señalar,
Navegar, Desplegar, la dominicana Marianne de Tolentino agrupó a cinco artistas
de Buenos Aires: Silvia Brewda, Jorge Iberlucea, Carlos Kravetz, Héctor Medid y
Viviana Zargón, quienes exhibieron sus trabajos en la Galería Praxis. Esta
exposición continuará en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo para
posteriormente concluir en el Museo de Arte e Historia de San Juan de Puerto
Rico.
Cada uno de los artistas exhibió seis obras yalgunosobjetos. Además se presentó una carpeta con seri- grafías de cada uno de ellos, con lo cual se tuvo un panorama de la propuesta y se pudo apreciar la diversidad de caminos que concretaría.
Es de interés observar que la propuesta de exposición tuvo como punto inicial el hecho de que los artistas pertenecen a una misma ciudad. Este contexto urbano es el que brinda la posibilidad de ver la divergencia en la interpretación del hábitat, ya que cada artista señala con signos diferentes aquello que lo conmueve. Ese puerto común del que parten a navegar es el que los lleva a lugares distantes y antagónicos, ya en el presente como en el pasado. En estos recorridos que hacen a mundos tan particulares despliegan los recursos del lenguaje plástico que cada uno posee.

La obra de Silvia Brewda (1949) se nos presenta con una temática y una forma de representación que nos retrotrae a hallazgos arqueológicos. Sus imágenes fluctúan entre lo emblemático representado por los bovinos, verdadero exponente de un país ganadero y lo lúdico, en donde las columnas, los animales y la superficie sobre el que se hallan son representaciones arbitrarias.
La propuesta de Jorge Iberlucea (1941) nos lleva a planteos herméticos en el que las significaciones están ligadas a vivencias personales, las cuales sirven para que cada cual dispare sus fantasías. A ello contribuye un sutil manejo del color, el que es combinado con el objetos concretos como los metales, los que al integrarse en un todo armónico generan un clima denso. Los círculos irregulares o perfectos van graduando en un sentido o en otro la densidad dramática de esta artista porteño.
La construcción de una realidad fantástica
es lo que nos propone Carlos Kravetz (1951). Se vale para ello de la
utilización de Imágenes que fluctúan entre lo emblemático y lo mitológico, como
son los contornos del mapa del país o del rostro de Evita, que se delimitan con
borrosas rejas, ventanas o textos literarios. La solución es pictórica e
Integra formas geométricas y orgánicas en una gama de colores bajos.
Quizá el tema de Héctor Medid (1945) es el hombre al que ubica en la cuadrícula del espacio urbano cotidiano, con lo cual la fragmentación de la vida ciudadana adquiere una dramatlcidad contenida. Las pequeñas figuras humanas son representadas en las más variadas poses, casi siempre dinámicas, que se contraponen al cercamlento o atomización. Estas figuras se encuentran acompañadas o aisladas y su tratamiento pictórico se integra a un uso adecuado del collage.

El protagonista en las obras de Viviana
Zargón si bien es la ciudad, ella está ligada a la memoria la que juega con la
polaridad que fluctúa entre la nostalgia y el patetismo de la decrepitud. Se
basa para ello en la reiteración de imágenes objetivas de la realidad, las que
en cada cuadro relata situaciones diferentes.
ALBERTO COLLAZO

