Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD

Roberto Marquez

Galería Quintana

La exposición de Roberto Márquez Divina prisión se inspira, como muchas de sus series anteriores, en una experiencia personal. La idea de recurrir a temas religiosos surge a partir de una conversación con un amigo. Según Márquez, la música, por la que siente gran afición, se alimenta constantemente de la tradición religiosa, mientras que la pintura contemporánea en general, desaprovecha esa fuente. Las obras de la muestra combinan las experiencias religiosa, mística y estética. Su objetivo es crear una metáfora sin caer en el plano devocional y lo logra, utilizando un lenguaje en el que combina armoniosamente elementos eróticos y místicos.

Exposición Individual: Roberto Marquez — imagen 1
Roberto Márquez. Stella Marís. 1996. Oleo sobre tela. 183x305cm

En El misterio del fuego, por ejemplo, una mujer con el torso desnudo se arrastra hasta una olla de fuego que cuelga de una soga. Inspirada en el martirio de Santa Inés, la imagen transmite la experiencia mística del sacrificio. El fuego, símbolo de purificación, es una constante en la muestra, como también lo son algunas características físicas de las figuras femeninas como las poses de sumisión o de plegaria, las cabelleras largas, las miradas fijas, casi aterradoras, que refuerzan, como un velo misterioso, el carácter místico de la serie.

La transfixión de Teresa, que inspira el nombre de la muestra, presenta una mujer atada con correas en posición de rezar. Los arcos que enmarcan la figura reiteran la importancia que para Márquez tiene la arquitectura (su formación académica es precisamente en esa disciplina) y un poema escrito en rojo al revés simboliza, como en otras pinturas, la idea de «ventana» o de «espejo mágico» que de alguna manera comunica al espectador con otro mundo.

Una de las obras más impactantes es Stella Maris, una anunciación basada en un texto de Rilke sobre la vida de María. La joven, arrodillada con las manos abiertas en señal de contemplación, observa la luz que surge de la parte superior del cuadro. A diferencia de las imágenes tradicionales, Márquez enmarca los rayos de luz en una mancha de sangre roja que chorrea hasta la mitad del cuadro, donde aparecen escritas al revés las palabras Ave Maris Stella. La imagen tiene un doble significado ya que además de representar la concepción, simboliza también la anunciación del sacrificio de Cristo (la sangre simboliza su pasión). A nivel emocional, la mujer inspira sentimientos de sumisión, asoro y sufrimiento, que son reforzados por los tonos grises y fríos de los muros de concreto que enmarcan la escena.

Otra obra, Inés pecadora narra la leyenda de Santa Inés, quién fue puesta en exhibición en un prostíbulo y cuyo cabello creció hasta cubrirle el cuerpo. Cómo las demás piezas de la serie, se trata de una composición alegórica. En este caso, la figura aparece cubierta con cuadros rojos que simbolizan la sangre, elemento de sacrificio y de tortura. La cuadrícula, típico elemento arquitectónico se convierte en este caso en un símbolo pictórico.

Una de las pinturas más poéticas de la muestra es Esperando el milenio, inspirada en un texto de Paula Celan. En ella, una mujer recostada aparece rodeada de ollas con fuego. Los tonos rojizos del entorno generan una atmósfera lúgubre y tenebrosa, reforzando la idea sugerida por la palabra Tenebrae escrita en la parte superior de la composición. El fuego simboliza la ofrenda y a la vez la sumisión de la figura que acepta humildemente su condición.

Además de los cuadros, la exposición incluye una serie de obras tridimensionales entre las que se destacan La red y La mártir de velo azu\. En La red un cuerpo de mujer con piel de jaguar, encerrado en una caja a manera de relicario, simboliza la caza del animal. La cacería, a su vez puede ser interpretada como metáfora de la pasión. La misma idea se repite más claramente en La mártir del velo azul, otra caja en la que el cuerpo de mujer, amarrado, pintado con el símbolo concéntrico de un tablero de tiro al blanco y cruzado con flechas, se convierte en una nueva versión del martirio de San Sebastián.

Una de las mejores piezas de la muestra es El viudo, un rostro de yeso, alado, cubierto con un delicado velo, colocado sobre una almohada y enmarcado en una urna de madera. Se trata de un autorretrato que hace referencia al poema El desdichado de Gérard de Nerval. La imagen es a la vez tenebrosa y melancólica. En La noche del cazador, otro autorretrato incluido en la exposición, aparece un tigre enjaulado. Nuevamente se puede hacer una lectura múltiple, pues además de representarse como felino debido a su fascinación por los tigres, Márquez recurre a un símbolo utilizado anteriormente como imagen de Cristo.

Esta exposición pretende crear una duda en el espectador. Más que ilustrar mediante el uso de símbolos o de facilitar una lectura, las obras estimulan una experiencia puramente mística y estética. La falta de una correspondencia simbólica fija genera una obra ambigua, imposible de comprender en su totalidad. Las historias representadas pertenecen a un repertorio personal y sólo el artista podría, dado el caso, interpretarlas adecuadamente. Sin embargo, no es esa su intención.

Roberto Márquez es representado por la Galería Riva Yares, y realizará una retrospectiva en el museo MARCO de Monterrey en enero de 1997.

FRANCINE BIRBRAGHER

Roberto Marquez, por Francine Birbragher-Rozencwaig PHD | artnexus