Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Marta Rodríguez

Oscar Munoz

Museo de Arte Moderno

La obra de Oscar Muñoz, desde sus inicios a comienzos de la década del setenta ha permanecido Intimamente ligada al procedimiento del dibujo. Para toda una generación que se forjó en torno al lenguaje del dibujo y la gráfica fueron memorables sus carboncillos de temas eróticos, en los que daba muestra de un gran dominio del medio, asi como de una actitud beligerante, crítica, que se nutría como otros tantos artistas de su generación, con Imágenes fotográficas provenientes de las más diversas revistas. De este lenguaje fotográfico proviene el tratamiento hlperreallsta del dibujo que poco a poco se fue desarrollando y madurando a través de una temática eminentemente urbana en la que Muñoz trabajó espacios interiores, rincones de habitaciones oscuras, pasadizos, colchones abandonados, donde siempre estaba presente alguna huella de existencia humana.

Exposición Individual: Oscar Munoz — imagen 1
Oscar Muñoz, aspecto de la exposición en el museo de Arte Moderno de Bogotá

La exposición que se llevó a cabo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, durante los meses de Agosto y septiembre, reunió una selección de su obra realizada en la última década, en la que podemos percibir cómo Oscar Muñoz ha continuado con su constante Indagación en torno a las posibilidades del dibujo. Esta búsqueda es la que da cuerpo y sustancia a su proceso, en el que ha recurrido a la utilización de una diversidad de soportes, al empleo de múltiples procedimientos, sin perder nunca un hilo conductor que parece trazarse a partir de la compenetración con el medio, con el oficio mismo, con la Imagen a la que este da lugar y sobre todo, por una especie de idea recalcitrante o de conceptualizaclón que vigila y guía los factores recién mencionados.

La muestra curada por Miguel González, estaba conformada por tres temas: los baños, las superficies y los retratos. Al tema de los Baños corresponden dos serles de trabajos. La primera conformada por algunos dibujos que exploran el problema de la apariencia real y la representación de las paredes de los baños, asumidas como superficies que recogen luz y humedad y en las que persisten profundas huellas de presencia humana. Este tema conduce a Oscar Muñoz a una experimentación sobre grandes telas, trabajadas con acrílico y yeso, en las que a través de nuevos recursos y con una Innovada percepción, el artista continúa con su indagación en torno a la luz, protagonista esencial de su serie anterior, en la que Muñoz se sumergió en penumbrosos espacios Interiores del entorno urbano. En segundo lugar, como parte de esta temática de los baños también están las Cortinas de baño que son utilizadas como soporte y tema. En esta señe realizada a mediados de los ochenta, se aprisiona y se detiene un Instante de la acción realizada por cualquier individuo diariamente en la ducha. Estas Imágenes capturan la silueta del cuerpo humano y algunas huellas de los baldosines originando una Imagen sumamente Inquietante.

En la serle de las Superficies al carbón trabajada desde finales de los ochenta hasta comienzos de los 90, Muñoz retoma el problema de las superficies y es en ella donde tal vez nos encontramos ante, una etapa en la que la reflexión, rebasando el tema, se vuelca sobre el dibujo mismo. En esta reflexión persiste el problema de la realidad y la representación, pero esta vez abordado desde la perspectiva del oficio mismo, de las posibilidades y limitaciones del dibujo, desde su naturaleza de ser superficie bldimenslonal. En ocasiones, ante las obras de esta señe, tenemos la sensación de estar ante enormes superficies abstractas en las que mientras la luz agoniza (1), la materia en sí misma cobra una inusitada validez y presencia.

Y finalmente está la serle de los Narcisos su más reciente producción, donde la Indagación de Oscar Muñoz asume el tema del retrato para explorar otros aspectos de la Imagen, donde bajo una nueva perspectiva, se retoma la relación entre el dibujo y la fotografía que constituyó su punto de partida. Esta señe es particularmente interesante y compleja, razón por la que puede suscitar los más diversos enfoques de lectura y en ella de manera contundente se hace evidente que la obra de Muñoz reflexiona sobre sí misma y es capaz de ser política, cuestionadora y procesal. (2) De los muchos aspectos que presenta esta serie vale la pena destacar el procedimiento utilizado en el que la mano del artista no Interviene. El dibujo de los Narcisos tiene como origen y matriz una fotografía que luego se estampa en una seda fotosensible dejando a la manera de la fotoserigrafía, los espacios para que el polvo de carbón se filtre dando origen a una imagen que se deposita sobre un papel que está en el fondo de una cubeta que contiene agua. La segunda parte del procedimiento es esperar a que ésta se seque, de manera que es el azar, el agua y el transcurso del tiempo los factores que dibujan o dan curso a la imagen final.

Cada una de las imágenes que conforman estas etapas desafió los difíciles espacios del Museo convirtiendo a cada lugar en el recinto apropiado para albergar sus superficies tiznadas, a veces húmedas y en ocasiones magníficamente deterioradas. Superficies que hablan de la percepción más que del trazo, de la seducción por la huella del carbón, de la presencia de la vida, de la luz, de lo efímero y también del azar, hechos inasibles, apenas nombrables que en los trabajos de Oscar Muñoz hallan un estado de concreción precisa para convertirse en imágenes duraderas a través del pensar y explorar en el ancestral acto de dibujar.

La muestra estuvo acompañada por un excelente catálogo en el que se documenta detalladamente el proceso de este artista nacido en la ciudad de Cali, donde siempre ha residido y trabajado. La documentación rica en fotografías además está acompañada por la reflexión de diversos críticos que se han aproximado a los distintos momentos 'de su obra y de una conversación con Miguel González, en la que se revela la conciencia y la visión que el artista tiene de su propio proceso, Este catálogo queda como testimonio de una excelente muestra que da cuenta de una generación de artistas que, partiendo de unos presupuestos muy propios de las décadas del sesenta y del setenta, ha continuado con un trabajo sumamente interesante que se sostiene con fuerza y vehemencia frente al supuesto embate del arte de los más jóvenes. A diferencia de lo que sucede con estos últimos, una obra como la de Oscar Muñoz nos deja la grata sensación de que requerimos de procesos sólidos en los que la reflexión tiene un lugar privilegiado dando lugar a imágenes que sólo son posibles a través del transcurso lento y depurador del tiempo.

NOTAS

1.         William Ospina. Nombre del artículo escrito en mayo de 1991, incluido en el catálogo del MAM.

2.         Miguel González, en la presentación del catálogo del MAM, 1996.

MARTA RODRIGUEZ

Oscar Munoz, por Marta Rodríguez | artnexus