Myrna Báez presenta sus pinturas recientes en el nuevo local de Galería Botello. La obra de la artista se ha caracterizado por no cesar de plantear Interrogantes. Es así debido a que su Intención al concebir sus trabajos es reunir situaciones particulares cuyas afinidades con la vida les otorgan vibraciones especiales. Cada una de sus telas posee ese toque poco común derivado de la capacidad de movilizar y organizar lo que Jorge Luis Borges señaló como ...las perplejidades esenciales del hombre. Son planteamientos que se transforman en metáforas válidas a diversos niveles. Es así porque da corporeidad en estratos sensibles a lo invisible.
Ocasionalmente, Báez aglutina sombras cuyas presencias se asemejan a encuentros espirituales que actúan como si fueran eternos aspirantes a convertirse en seres protagónlcos.

La marginldad de éstas contrasta con la soledad existencial de las figuras centrales. Dichos seres ostentan la autonomía característica de quien no tiene razones que le lleven a explicar quién se es ni de donde se proviene. Como sus imágenes no denotan ni satisfacciones - o resignaciones, se presenta cual si poseyeran la huella prístina de quienes aún no conocen el mal. Convierte el entorno donde radican en factor facilitador para actuar sobre las presentaciones que ocupan el núcleo de la pieza con la Intención de concentrar toda la atención sobre esos puntos. Semejante hecho le permite convertirse en nauta en busca de las Interioridades psicológicas. Cuando ello sucede, activa en el contemplador la tentación de reflexionar sobre un punto particular que lleva a vetas diferentes simultáneamente. Sus ensayos ópticos van dirigidos a los espectadores inmediatos para conmoverles al evidenciarles esas ambigüedades sutiles que emergen de las situaciones elusivas que se dan en la realidad. De esa manera, las modalidades de lo intangible al exteriorizarse avanzan hacia lo no objetivo. Así, la jurisdicción de lo visible se torna más palpitante al mostrarse en medios en los cuales prevalece la fascinación de lo atemporal. Báez establece relaciones sutiles que interactúan entre la representación principal y sus circunstancias. Todo eso hace que sus cuadros se conviertan en discursos que reclaman ser releídos constantemente pues cada vez que le observamos, incitan a transitar por nuevas vías interpretativas. El abanico de posibilidades para ingresar en las verosimilitudes del mundo artístico de Myrna Báez pisan como afirma José A. Torres Martinó en distinto... terreno aunque por el mismo rumbo.
En esta colección, Myrna Báez ha sabido emplear sus recursos técnicos de manera inteligente y, a la vez, obvia lo habitual. Su meta es exponer imágenes arrancadas del diario vivir para ubicarlas bajo el foco interpretativo donde la fábula y la memoria se le unen como agentes complementarios. Un hecho sugestivo en sus lienzos es cómo en ellos se desplazan corrientes ópticas en las cuales espacio, acción y tiempo actúan independientemente. Ese contrapunto es concertado magistralmente por la autora. Se percibe cómo sus comparsas de espectros sostienen gestos históricos. Esos ademanes les dan injerencia para servir de mediadores para que la artista, sus personajes y los espectadores puedan comunicarse. Logra establecer acuerdos mágicos destinados a superar silencios indescifrables que permiten dar permanencia a lo efímero en planos vitales.
Las obras hoy estudiadas requieren ser vistas de manera particular. En ellas se da el fenómeno del cuadro dentro del cuadro. Hay por tanto, contrastes de realidades, ya que la voluntad artística de la pintora impone las pautas para acercarse a esas telas con criterios analíticos. Opino que quien desee realizar un estudio crítico debe establecer un itinerario para desplazar la mirada sobre cada soporte. Considero que es una forma de abordar adecuadamente las realizaciones de Báez. Una pieza de alcances místicos es El árbol amarillo (1995). Allí el paisaje alcanza dimensiones ideales. La proyección de ese panorama en el contexto externo de la silueta central asume un rol platónico. El perfil de la naturaleza con toques utópicos, aparentemente, proviene de un lugar desconocido para materializarse en un punto dado. En The Art Dealer (1995) muestra un retrato de Maud Duquella, Directora de la Galería Botello, en la intimidad hogareña. En las paredes se desplaza un espíritu ancestral en vías de encarnarse. Podría interpretarse como si un ángel guardián vigilara los pasos de la representada.
JOSE ANTONIO PEREZ RUIZ
