Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Ruben Gallo

Liliana Porter

Galería Monique Knowlton

En un artículo reciente que apareció en la revista October, Hal Foster se basa en las imágenes de desastres que abundan en el arte de Andy Warhol (choques, explosiones, accidentes aéreos) para examinar dos interpretaciones encontradas que se han hecho sobre el arte Pop: la primera asegura que las imágenes utilizadas en el Pop son completamente «refe- renciales» y por lo tanto susceptibles a una lectura política o sociológica. Este debate se ha convertido en un cuento de nunca acabar y aún hoy —a casi tres décadas de la producción de muchas de estas piezas— la crítica del Pop continua dividida entre los partidarios del «simulacro» y los partidarios de la «referencialidad».

Exposición Individual: Liliana Porter — imagen 1
Liliana Porter. Dibujo con martillo de plastico 1993- 95. Fotografía coloreada.

Este debate se ha extendido a artistas —como Mike Kelley y Jeff Koons—que en los años ochenta y noventa han optado por trabajar con el legado del arte Pop. Parecería, entonces, que la más reciente muestra Individual de Liliana Porter en Nueva York —que reúne numerosas fotografías (y un par de pinturas) de escenas y «diálogos» entre muñequitos, monltos y otros juguetes sacados de algún bazar de chucherías —nos llevaría al mismo debate sobre el «simulacro» o la «referencialidad».

Pero no es así. Estas piezas tienen . muy en cuenta la historia (y los debates alrededor) del arte Pop y Kitsch: a diferencia de artistas como Koons y Kelley, Porter ha meditado sobre los significados evocados por los objetos y juguetes que Incorpora a sus piezas. En las obras de Porter aparecen las figuras de Mlckey Mouse y de Mimi — arquetipos de nuestra cultura de consumo, que ha sabido sacar provecho no sólo de los juguetes sino de sus Imágenes, que se venden en camisetas, bolígrafos y tazas de café—, pero también emblemas políticos como la efigie del Ché Guevara o el estereotípico símbolo marxista-lenlnista del mazo y la hoz.

Con esta lúdlca yuxtaposición de juguetes y símbolos políticos, Porter va más lejos que el típico artista Pop o neo-Pop. SI el artista Pop o neo-Pop creaba piezas a partir de los artefactos de la cultura popular para referirse a la pérdida del sentido que acompaña a la producción en masa, Porter extiende este comentarlo a los símbolos políticos banalizados por el estereotipo y el lugar común. Así como la sociedad de consumo ha convertido al animal de peluche en un objeto vaciado con todo sentido, así también la repetición exagerada de ciertos emblemas políticos ha tenido el mismo efecto sobre éstos.

Podemos ver este procedimiento crítico en acción en el tríptico de fotografías en blanco y negro Untitled With Out-of-focus Che (1991-1995). Las tres fotografías nos presentan la misma imagen —un Mickey Mouse de pie frente aun plato de souvenlr con la efigie del Ché Guevara— que se va desenfocando progresivamente hasta volverse casi una composición abstracta en la tercer foto. Así como la definición de la Imagen se va perdiendo paulatinamente hasta caer en la abstracción, así también el significado del objeto se va perdiendo a medida que éste se convierte en objeto de consumo. El tríptico de Porter nos revela que la Imagen del Ché Guevara —una Imagen que ha sufrido el efecto «Frida Kahlo» y que podemos encontrar reproducida en camisetas y demás chácharas —ha sido tan explotada por el consumlsmo como la figura de Mickey Mouse.

Algo parecido ocurre en Drawing with Plástic Hammer( 1993-1995), una fotografía en blanco y negro de un martillo de juguete, debajo del cual Porter ha dibujado una gran hoz. Resulta obvio que el martillo de plástico no es más que un simulacro (¿quién se atrevería a tratar de clavar un clavo verdadero con este juguete?). En esta pieza, el símbolo del «mazo y la hoz» —otrora la insignia orgullosa del marxismo-leninismo— ha sido plastificado y reducido a un juguete: un hecho que no está lejos de la realidad de nuestros paradójicos años noventa (pensemos, por ejemplo, en los «relojes de la KGB» y otros objetos llenos de Insignias soviéticas de los que toda una generación de vendedores ambu- lantes rusos se ha valido para aventurarse en el capitalismo).

Elegantes y juguetonas, estas obras de Liliana Porter ¡lustran la manera en que símbolos e Imágenes pueden pasar de lo «referencial» al «simulacro. Porter nos recuerda que también los emblemas políticos —y no solamente los productos de consumo— pueden perder su significado al caer en el abuso de la cultura de masas.

RUBEN GALLO

Liliana Porter, por Ruben Gallo | artnexus