Desde su aparición en el arte colombiano en 1988, Jaime Franco ha desarrollado una obra de gran calidad, la cual por un tiempo no pudo ser conocida en el país por sus muestras en los primeros noventa en la Galería Yoshli, con sedes en Nueva York, Tokyo y París. Sin embargo, a partir de 1995 se han apreciado dos exposiciones individuales del artista en Bogotá, la primera en la Galería del MAM y la segunda, entre septiembre y octubre de 1996, en la Galería El Museo. Sin duda alguna, el conjunto de su producción permite decir ya que el artista es uno de los pintores más importantes de la última generación de creadores plásticos del país. Trabajando unos óleos de varios formatos, que oscilan entre los pequeños y los de dimensiones respetables, Franco realiza actualmente una obra que puede recordar aparentemente una pintura pueril o que permite asociarla con ejemplos sobresalientes del arte bidimensional de la centuria.

La muestra de El Museo estaba acompañada de un fragmento de Marcel Schwob sobre Paolo Uccello que daba una orientación sobre algunas de la Imágenes que predominan en los lienzos del colombiano: ...a Uccello no le importaba nada la realidad de las cosas, sino su multiplicidad y lo infinito de las líneas... (Uccello) se consagró perpetuamente al estudio de la arquitectura... pero no lo hacía con la intención de construir. Se limitaba a observar la dirección de las líneas, desde los cimientos hasta las cornisas, y la convergencia de las rectas y sus intersecciones y cómo las bóvedas cerraban en sus claves, y la reducción en abanico de las vigas de techo que parecían unirse en la extremidad de las largas salas... Ciertamente, una pista afortunada que precisaba—si esto fuese necesario— la procedencia de los dibujos, a manera de bocetos de líneas más o menos rectas y curvas y de las formas con Insinuaciones figurativas y claras inclinaciones espaciales, aunque nunca verdaderamente explícitas. Los cuadros de Franco, cargados de sugerencias e Irrigados de la imaginación propia de los niños y de la sensibilidad de los poetas auténticos, son hechos pictóricos puros que obligan a recordar la siguiente frase de Picasso: Todo el mundo pretende comprender la pintura por qué no tratar, entonces, de comprender el canto de los pájaros.
GERMAN RUBIANO CABALLERO
