Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por K. Mitchell Snow

Corina Briceño

Galería Gómez

Los paisajes venezolanos de Corina Briceño cuestionan la capacidad del mundo civilizado para comprender la importancia hasta de un simple árbol. Al mismo tiempo, nos advierten sobre las consecuencias irreparables que conlleva nuestra falta de aprecio por los imperativos del mundo natural.

En Textos para Formar una Palmera, Briceño impuso un escrito aparentemente científico sobre el delicado trazo de un surco de palmeras; sin embargo, los textos apenas si transmiten significado. Lo que se ve en un principio como fórmulas, son poco más que letras y símbolos escritos al azar. Para complicar aún más la capacidad del espectador de descifrar este texto, las verdes palmeras de Briceño, que parecen de encaje, imponen su dominio visual sobre la enfática escritura negra del científico. Incluso si lo escrito conllevara una descripción de algún aspecto botánico del árbol y su entorno, la realidad de los árboles mismos confunde nuestro entendimiento. Ninguna descripción, por completa que sea, puede reemplazar los complejos papeles que juegan los árboles en su ambiente.

Exposición Individual: Corina Briceño — imagen 1
Corlina Briceño. Textos para formar una palmera, 1996. Tecnica mixta sobre lienzo. 152.5x112.5 cm

Una serie de innovadoras pinturas impresas que representan los espíritus ancestrales de las tribus del área comunican un significado similar. Aquí, los textos disparatados están cubiertos por las superficies grabadas de placas de piedra elaboradas en las cuales se encuentran pictografías de un mico, una flor, una planta, un hombre y un pescado. La realidad espiritual de la cosa, expresada por medio de ideogramas “primitivos", se hace, de nuevo, más real que lo escrito.

En su estudio, y empleando las anotaciones de su diario, Briceño adapta los paisajes a gran escala que pinta in sltu. Estas anotaciones, que aparecen en obras como Odocha jidiy Signos, incluyen tanto ideogramas como palabras. En este contexto, su interposición de símbolos y paisaje sugiere un mundo que incluye lo visible, pero que se extiende también más allá de la percepción ordinaria. En el mundo que ella pinta, la humanidad tiene un lugar, pero es un lugar que, más que afirmar nuestro dominio sobre la totalidad de la creación, afirma nuestro papel en ella.

Sus obras más recientes, basadas en las formas y los conceptos de la arquitectura indígena, amplían estas ideas sobre las interrelaciones. En Atta de espíritus, las palabras y símbolos empleados en sus paisajes se entretejen en el techo de paja de la vivienda indígena o atta que domina el espacio pictórico. Por medio de pinturas relacionadas en las series, aftas de yuca, hornos y semillas, Briceño nos muestra que el concepto indígena de vivienda incluye más que un techo, una pared y un piso; abarca también la vida dentro de ella, la agricultura que le brinda sustento a sus moradores, y la tierra, el cielo y el agua que hacen posible la agricultura.

El atta es más que una casa, es un microcosmos del mundo. El tono elegiaco que impregna las pinturas e impresos de Briceño es, aun así, sólo una advertencia. Por medio de ellas, nos alienta para que adoptemos una interpretación igualmente amplia de la palabra casa - un enfoque que nos ayudará a preservar la realidad física del paisaje que todavía nos rodea.

K. MITCHELL SNOW

Corina Briceño, por K. Mitchell Snow | artnexus