Creo en la «razón» y no en la «mano» del artista , escribe Carlos Arias, y sin embargo su obra reciente rescata una labor artesanal que exige cuidado y paciencia. Si bien, a primera vista, las piezas introducen una serle de cuestlonamlentos de índole conceptual en torno al estatuto artístico del bordado y al criterio de autoría, al estudiarlas con detenimiento se asoma la mirada que, como pintor, Carlos Arlas posa sobre una actividad asociada con el arte popular. Ya sea que se base en modelos comercializados para ser decorados, que él mismo intervenga en bordados previamente realizados, o que proponga diseños propios como patrones, para Arias construir un espacio plástico paso a paso con la entrada y salida de una aguja, hace que éste tenga que ser pensado y justificado de antemano. En efecto, sus piezas plantean una serle de interrogantes que surge del análisis y la desarticulación del proceso creativo, y de las distintas Implicaciones del bordado en tanto medio de expresión artística.

El díptico Cita a ciegas (1995-1996), elaborado a partir de dos paños idénticos, demuestra cómo, partiendo de una misma imagen, se obtienen resultados dlametralmente opuestos: mientras que uno de ellos -concebido y realizado por la mano de Francisca Arenas- literalmente ilustra una qulnceañera y se atiene a las direcciones impuestas por el dibujo, el segundo -libremente Intervenido por el artista- presenta una imagen casi abstracta que obedece a las Indicaciones de Arlas en cuanto a la forma, al color y a la puntada. Este busca evidenciar la brecha que existe en lo referente a la percepción del fenómeno artístico entre medios sociales y culturales distintos, al tiempo que devela el carácter aleatorio y circunstancial de toda resolución formal. Al alterar de manera deliberada las relaciones establecidas entre la figura, el color y la materia, consigue liberar el trabajo artesanal de sus acepciones populares, insinuando que las posibilidades creativas del bordado -a primera vista limitadas al acto mecánico de «relleno»- son equiparables a la técnica pictórica. Cuando Arlas presenta sus obras en una galería, no sólo transgrede las fronteras entre arte y artesanía sino que Invierte las jerarquías de los criterios establecidos, pues, al escoger el bordado como medio de expresión, rompe con los códigos tradicionales que lo designan como actividad vinculada con el quehacer femenino. Así, Verbos femeninos, de 1995, pieza autorreferencial elaborada por el mismo Arlas, hace un recuento de 63 acciones desde el hilvanar hasta el calar y modifica el concepto de identidad que nos impone la sociedad. Asimismo, una pieza como Diferencia (1996) señala el difícil acercamiento a lo que representa la «otredad» (en este caso la cultural oriental), no sólo al recurrir al cliché Iconográfico sino al cercar al personaje con un amasijo ininteligible de palabras bordadas. Al dejar la imagen central del patrón al descubierto, el fondo de la obra adquiere relieve, en tanto la figura pasa a un segundo plano, sugiriendo que el Ir y venir del hilo sobre la tela construye el espacio que da cuerpo a las formas. En este sentido, la mayoría de las obras que Arias ejecuta basándose en patrones populares se erigen como comentarios sociales incisivos. En No entres en mi jardín (1996), la niña que inicial- mente aparecía acompañada de un ganso, ahora lleva una canasta cargada de penes y, en palabras del artista, pasa a ser víctima dei espacio plástico construido por las tonalidades cromáticas y los juegos de luz, en el que «amenazante» se disimula el mundo adulto del que ella se protege. Como en muchas de sus obras, la técnica misma del bordado y las soluciones plásticas que promete contribuyen a la consolidación del significado de la imagen y amplía las resonancias de su iconografía. Felatio (1995) —pieza monocromática— explora al máximo las posibilidades visuales de la puntada y del color, pues la escena sólo se revela detrás de su factura. La mirada pictórica que Carlos Arlas posa sobre el bordado parece consolidarse en el Autorretrato, de 1996, en el que, al enlazarse las líneas del dibujo y las del bordado, se esboza un rostro que trastoca nuevamente las acepciones y significados de arte y artesanía, reiterando la pregunta ...hacer cultura, para quién? .
MAGALÍ ARRIOLA
