El autorretrato ha apasionado a los artistas. Las intenciones que los inducen a realizarlos son diversas y entre otros motivos pueden mencionarse: la inquietud por descubrirse, mostrar el paso del tiempo en su rostro, reflexionar acerca de distintas situaciones anímicas, o experimentar a costa de su propia imagen. De allí el interés que reviste la exposición que nos ocupa, en la que se aborda —por primera vez en el país— el autorretrato colombiano en el siglo XX. Bajo la impecable curaduría de Germán Rubiano, se logró reunir treinta obras pertenecientes a veintinueve artistas, permitiendo un recorrido por el siglo ya que la muestra se inicia con obras fechadas en 1910 llegando hasta trabajos de 1994.
En esos ochenta años se incursiona en algunas de las variantes que el concepto de figuración ha tenido en el arte colombiano, y los artistas expuestos usan recursos como pintura, dibujo, grabado y fotografía. Hubo una sola condición impuesta por el curador para la escogencia: las obras elegidas debían ser autorretratos que dejaran por fuera especulaciones como mostrar al artista de espaldas o que el rostro se volviera una sombra apenas reconocible. (*) Por el contrario debían permitir conocer la auto interpretación que hacía de su rostro, la forma en que se representaba en una etapa concreta de su vida, reconociéndose y buscando en aspectos esenciales de sí mismo.
Entre los artistas cuya producción es de las primeras décadas del siglo se destacan las obras de Andrés de Santamaría y Roberto Pizano. El primero, uno de los artistas más sobresalientes en el periodo, utiliza sus empastes habituales y colores intensos para describirse, mientras que el dibujo de Pizano nos enfrenta a una figura adusta, de aspecto irascible.
El autorretrato de Ignacio Gómez Jaramillo
es el único de la muestra que trabaja un tema varias veces abordado a lo largo
de la historia del arte: el del pintor pintando. El artista ubicado en su
taller y rodeado de sus obras, aparece en actitud concentrada, aparentemente
reflexionando sobre su trabajo.
De los pintores cuya figuración inicial en el arte colombiano es de
la década del 50, se destaca un óleo de Alejandro Obregón, en el que pinceladas rápidas delinean un expresivo rostro. De 1969 es el retrato de Beatriz González, quien siguiendo una línea habitual en su trabajo —utilizar elementos preexistentes— coloca su rostro en un sobre de papel representándolo como si fuera una fotografía que se desliza. Tres obras de fines de los 70 se destacan en el conjunto: la de Juan Cárdenas y los dos autorretratos de Luis Caballero. Cárdenas trabaja con frecuencia su propia figura, ya sea para ser fiel en la representación, o bien para metamorfosearse. En este caso se muestra a sí mismo de cuerpo entero, con un violín en sus manos. Caballero con su intensidad y expresividad habituales aparece en las dos tintas de manera diversa: en una de ellas, con una mirada triste, angustiada, que difiere de la actitud furiosa con que aparece en la otra obra expuesta. Estas dos tintas que no habían sido exhibidas anteriormente, constituyeron una forma de homenaje a este artista muerto recientemente, reconociéndose su significación en el arte colombiano como permanente explorador de la figura humana y del retrato.

Están fechados en los 80 los trabajos de Alvaro Barrios, Juan Antonio Roda y Víctor Laignelet. Barrios optó por trabajar «el arte a partir del arte» (parafraseando el título de una conocida exposición del Whitney) reflexionando en torno al trabajo de Duchamp, artista
que ha influido notoriamente en su Investigación artística. De allí que el título del autorretrato sea Alvaro Barrios como MareeI Duchamp como Rrose Sélavy. Mediante el uso de la fotografía recrea una imagen conocida de la historia del arte con su propio rostro.
Retrato y autorretrato son temas recurrentes en la obra de Roda. Para la muestra se escogió un trabajo del año 82 realizado en técnica mixta, en que el rostro del artista surge entre tuertes pinceladas y líneas definidas, preocupado por recuperar una figuración que no puede ser fácilmente encasillada en alguna de las alternativas de la neofiguración. El óleo de
Laignelet es de 1985 y pertenece a su
etapa de figuración expresionista en la que el artista distorsiona sus rasgos
sin que por ello pierda identidad la imagen resultante. El autorretrato más
reciente que se exhibió está fechado en 1994 y pertenece a Leonel Góngora,
quien se representa con un rostro serio, casi contrariado. El grafito deja ver
las calidades del dibujante que el artista tiene.
Con las reglas del juego expresadas con
claridad por el curador desde el inicio para saber que tipo de autorretrato se
mostraría, la exposición fue una muy buena ocasión para el reencuentro con una
figuración que a lo largo del siglo y desde posturas diversas, llevó a algunos
artistas colombianos a pensar en su auto representación.
NOTA
(*) Germán Rubiano. Autorretrato colombiano del siglo XX. Catálogo de la muestra. Gentro Colombo Americano, Bogotá, septiembre - ocubre 1996.
IVONNE PINI



