Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Juan Carlos Palenzuela

Asdrúbal Colmenárez

Museo Alejandro Otero

Asdrúbal Colmenárez caracteriza su obra por la Investigación del espacio, por la idea de viaje (entre Intemporales e Imaginarlos), por la pieza en proceso o para terminar de construir o para complementar por el espectador, y por el producto destinado a los niños, entendiendo, entonces, el arte como juguete para la recreación Inteligente.

Así, Asdrúbal Colmenárez Invita a un trayecto espacial: máquinas sofisticadas surcan los cielos y apenas son captadas por las pantallas, irreales y verídicas, de los radares. Hay dos planos de su obra: uno, oscuro, que es la superficie del receptor donde las hondas hertzianas detectan el paso de las naves espaciales. Y otro, que es la superficie blancuzca donde se proyectan aquellos desplazamientos, con sus reglas, escuadras, escalas, números de radio que el pagano en física no entiende, pero que el artista transforma en un hecho plástico y visual comprensible.

Esos cuadros-aparatos, en formatos de un metro, colocados a una cierta altura, ligeramente mayor al espectador, uno al lado del otro, en número de dieciséis, muestran un continuo y estimulan el asombro que la conquista de galaxias genera en el hombre. Su títulos generales son Objetos casi identificados. Uno de los mismo pertenece a Nell Armstrong.

Exposición Individual: Asdrúbal Colmenárez — imagen 1
Asdrubal Colmenarez Pasaje 1993. Hierro y zinc 150x600x130cm

Esta sala del museo, de monumentales e Incómodas dimensiones, contenía tres obras: la serle de pantallas, imágenes enmarcadas en estructura negra, que exigen atención para ser descifradas y una de las cuales estaba dedicada a Frank Popper, crítico y profesor, colega de Colmenárez en la Universidad de París VIII, autor de libros sobre manifestaciones y sujetos del arte contemporáneo como la crisis del objeto, las instalaciones, la participación del público y, su más reciente título, sobre el arte en la era tecnológica. En esos aspectos teóricos y prácticos se presenta, desde hace dos décadas, el quehacer artístico de Colmenárez.

La segunda pieza era un dibujo sobre la pared. Dibujo a escala heroica de lápiz -sobre pared blanca y luego ligeramente oculto poruña fina capa de pintura. Trazo de una nave en el espacio o señales de discretísima luz en el radar. Y, al centro del enorme muro, una estructura de hierro que representaría, a la distancia, un cohete. En el otro extremo de la sala hallamos un cuerpo espacial, en gran tamaño y estrellado: una escultura colocada en situación de accidente, como posible tributo a las dificultades de la ciencia.

Todo lo cual conduce a la aventura. La pasión de volar, de Ir más rápido, de desafiar la gravedad. De pasar de un lugar a otro tal como hace, Incluso, el cine. Y será el cine y los aviones, el sujeto de esta exposición: el viaje por el cielo, el viaje por el cine.

En una sala se despliega, a una cierta altura, un pliego de papel de más de cuarenta metros de largo, dibujo a carboncillo y tintas, sobre papel Da Vlnci, a modo de secuencia, fotogramas y en la representación de aviones, sus alas, sus cuerpos, su fugacidad, su aire. Parados en el medio del lugar, giramos en la majestuosidad de la ambientaclón y en lo envolvente de esas aeronaves.

En fin, Colmenárez Invita, una vez más, al juego real y a la invención de la obra. Cinco esculturas blandas, en tela, 

plástico, goma y aire, pueden ser recompuestas, manipuladas, ensambladas, a voluntad de los pequeños usuarios del museo, quienes, además, las pueden habitar. Luego, el espectador se convierte en tripulante. Sus títulos son Kepler, Copernico, Galileo, Newton y Halley. Son como Zeppelines festivos y multicolores para la celebración de la comunicación entre los hombres.

JUAN CARLOS PALENZUELA

Asdrúbal Colmenárez, por Juan Carlos Palenzuela | artnexus