Aunque el compromiso de Antonio Seguí con los medios de comunicación lo liga a otros Artistas del movimiento “pop’’, él nunca se ha basado en un solo enfoque de la comunicación visual. Por el contrario, abarca una amplia gama de mecanismos para transmitir su comentario social usualmente satírico.
Las figuras pintadas en forma no muy definida que aparecen en la primera obra de la exposición Box with Gentlemen (2Caja con Hombres) de 1963, rayan en lo expresionista. Desnudos de la cintura para abajo, esta masa de masculinidad es tan confusa que es imposible determinar dónde empieza un individuo y dónde termina el otro. Para agravar aún más su insostenible situación, se encuentran mezclados en un espacio cuyo interior niega la perspectiva establecida por la caja que los contiene. Seguí confronta las contradicciones entre la presentación exterior y la realidad interior desde un ángulo diferente en una serie de esculturas de madera pintada, pobladas de figuras estilizadas que vendrían a caracterizar sus más recientes pinturas, desde finales de los sesenta. Marcas en la Nieve, por ejemplo, muestra a un hombre que pasea a un perro por entre la nieve. Sin embargo, la forma de las huellas del hombre corresponde a las de las patas del perro; y éste ha dejado las inconfundibles huellas de un zapato.

Para principios de los setenta, Seguí había dado otro gran salto, jugueteando con el realismo fotográfico y con el monótono estilo gráfico de las revistas populares. En una serie de retratos de familia que sugieren una realidad muy directa, la forma en que los individuos deciden aparecer llama la atención hacia las divisiones entre hombres y mujeres, lo cual se hace más notable en la rígida separación de Praga 1942. Las locaciones que ellos escogen para sus retratos son también muy elocuentes. Tanto los jardines de los conjuntos residenciales de Udine 1904 como la confortable sala de clase media de Familia de Televisión, Nueva York, 1952, sugieren que nosotros, paradójicamente, nos definimos por nuestras posiciones.
A finales de los setenta, Seguí se apropió de Las Lecciones de Anatomía del Doctor Tulp de Rembrandt, empleando elementos de la pintura en una serie de enormes pasteles sobre lienzo. Muy apropiadamente, Seguí empleó también los pasteles para transformar las antiguas figuras de Rembrandt en figuras humanas contemporáneas añadiéndoles gra- ffitis ordinarios. Seguí no limitó sus parodias a los iconos de la historia del arte o de la cultura popular. En Viajero, un pequeño acrílico sobre papel que data de 1982, de-construye uno de sus propios personajes rígidos, imponiéndole una forma cubista a un hombre igualmente moderno, con resultados desconcertantemente humorísticos.
Estas elaboradas figuras dominan la obra más reciente y más satírica de Seguí. Las figuras que llenan los espacios de Lectura para Todos, son seres imaginarios, no personas reales. Las mujeres desnudas, en particular, son poco más que fantasías fuera de sitio, proyectadas por los hombres que dominan el espacio. De manera perversa, negándole a las mujeres su propia realidad, ellos mismos se quedan sin lograr su propia realización. Lo que aparece escrito en estas “composiciones en tiza” es igualmente poco reconfortante, pues está lleno de alusionés a Bosnia, Rwanda y otras tragedias políticas contemporáneas. Sin embargo, Seguí no es pesimista; como nos lo recuerdan las inapropiadamente extravagantes figuras de Gente de Techo de 1992, hemos creado nuestro urbanismo, no importa qué tan opresivo sea, y tenemos el poder de dominar nuestras creaciones.
K. MITCHELL SNOW
