Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Darío Ruiz Gómez

Alvaro Marín

Suramericana

La ciudad parece retomar el hilo de las verdaderas exposiciones de arte. No sólo esas exposiciones cuya finalidad consiste en ilustrar las academias parroquiales sino muestreas donde aparece presente el rigor de una curaduría dispuesta a tomar partido por una intención estética. Esto fue lo que validó la muestra en Suramericana de un honorable desaparecido, Alvaro Marín, perteneciente en los setenta al llamado Grupo de los Once, y cuya irrupción se hizo en la década del setenta.

Exposición Individual: Alvaro Marín — imagen 1
Alvaro Marin. Sin titulo, 1996.Lapíz con cera. 70 x 70 cm.

A su peculiar geometría de entonces más dependiente de la poética de Rothko que del racionalismo de Albers, Marín ha agregado ahora una serie de propuestas donde aquellos trazos de color son objetivados tridimensionalmente dando como resultado un tipo de construcción -recordemos a Soto, a Cruz Díez- que trata de ser más contundente desde el punto de vista de lo visual. ¿Logró incorporar en esta tridimensionalidad lo que en sus tanteos anteriores -el caso de las grandes telas a manera de velos- no había logrado? ¿Lo que apenas estaba insinuado en sus manchas?

A Marín hay que aplaudirle su voluntad de experimentación que lo ha situado prácticamente en un punto cero. Ese punto desde el cual deberá agregar a lo que ahora es apenas una simple manualidad, un contenido estético definitorio. Por lo menos en un lugar de repetirse ha sido capaz de dar el salto hacia unas premisas que le exigen además de buena voluntad, claridad conceptual frente a los elementos geométricos que ha escogido.

DARÍO RUIZ GOMEZ

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