Exposición Individualene 1997 - mar 1997· Por Marta Rodríguez

Alvaro Barrios

Galería Garcés Velásquez

La obra de Alvaro Barrios hace mucho tiempo forma parte de nuestra memoria visual. Desde sus primeros trabajos de la década del sesenta hasta el presente, sus imágenes han estado presentes en exposiciones individuales, eventos colectivos y en los Salones Nacionales. Precisamente en el último salón, en medio de tanta juventud su obra se destacaba como un singular ejemplo de los artistas maduros que permanecen comprometidos con una búsqueda constante, la que en el caso particular de Barrios da cuenta de que la lucidez y el humor siguen haciendo parte de un proceso que mantiene toda su vigencia, toda su plena actualidad, razón por la que sigue siendo una obra joven.

La exposición individual realizada en la Garcés Velásquez nos permitió acceder en profundidad al amplio contexto al que pertenecen las obras exhibidas en este evento nacional. Entre los muchos aspectos que presenta este trabajo quiero anotar dos características esenciales, el valor de la imagen y la presencia de la reflexión.

En Los cincuenta caminos de la vida, Alvaro Barrios recurre como es característico en él, a la técnica del collage. En esta ocasión utiliza como soporte una fiel reproducción de un cuadro del paisajista colombiano Francisco Antonio Cano, imagen en la que se incluye desde la reproducción del marco hasta el craquelado de la pintura, dejando ver las finas capas de color que la componen y el trazo de las pinceladas que la configuran. La obra aparece firmada por F.A. Cano, 1892 y Alvaro Barrios 1995, dato con el que el tiempo comienza a actuar en estas seductoras e intrigantes imágenes.

Exposición Individual: Alvaro Barrios — imagen 1
Alvaro Barrios, Crepuesculo, 1995. Collage. 54x94cm

El tiempo, la iconografía y la acción presentada en estos collages activan nuestra percepción, de inmediato despiertan nuestra memoria visual y nos conducen al universo de los almanaques con motivos religiosos propios de nuestra cultura local, pasando obviamente por el mundo de los cómics tan apreciados por el artista, quien también recorta imágenes de libros en los que conocimos la complicada anatomía del cuerpo humano, hasta llegar, o tal vez tomando como punto de partida, la ancestral pintura de paisaje, un paisaje bucólico pleno de atmósferas coloreadas y evocativas. Es decir nos hallamos ante un universo puramente visual, conformado por estratos diferentes que van de lo popular a lo culto.

Esta visualidad pura ante la que nos coloca Barrios, pone en evidencia la condición retiniana de las artes plásticas, tan socavada en un momento por un artista muy cercano al propio Barrios: Marcel Duchamp y posteriormente por el conceptualismo de la década del sesenta. El énfasis en lo visual que se ejerce en estos collages, directa o Indirectamente, nos hace pensar en las otras imágenes que cotidianamente nos acompañan, y a veces nos invaden y saturan. Fenómeno que poruña parte nos conduce a una convivencia inmediata con la imagen lo que hace posible que tengamos una comprensión, una asimilación, mayor de lo visual. Pero por otra parte esta omnipresencia de la Imagen, por redundancia y abuso, termina por aniquilar el valor de la misma. Los cincuenta caminos de la vida nos devuelven el goce, el placer de experimentar que somos aún seres sensibles, con capacidad de conmovernos, de pensarnos, de encontrarnos ante el hecho puramente visual.

El recorrido por esta exposición, el contacto con cada una de las Imágenes construidas nos hace pensar como dijera Kant, en muchas cosas inefables. Para lograrlo Barrios emplea varios recursos que van desde el título de cada obra, Azar, Ofrenda, Amor, Enigma, Despertar y tantos otros que escasamente nombran una idea. Sugerida esta clave la Imagen se construye a partir de otras imágenes que como ya dijimos provienen de otros contextos. Entonces cada partícula de la imagen se formula así misma y desde sí misma, desde su valor Intrínseco de ser vestiglo visual lleno de ecos culturales, de reminiscencias conocidas para el espectador el que ahora, ante la construcción de Barrios está en plena libertad de apropiarse de la imagen total que tiene ante sus ojos y puede hacerlo a partir de su peculiar experiencia subjetiva. De esta manera, recuperamos el arte como memoria, como eco de todo lo que llevamos dentro. Y ante la sutileza, el humor y la lucidez de Barrios no tenemos otro recurso que mirar, sonreír, reflexionar y añorar.

Pero por otra parte los collages de Alvaro Barrios también nos recuerdan que después de la corriente conceptualista que se apoderó del ámbito artístico desde Duchamp y luego a mediados de los sesenta, el arte no volvió a ser jamás lo que antes fue. Para bien o para mal, estos movimientos acentuaron el carácter reflexivo del arte ya que venía recorriendo su propio camino desde el siglo XIX. Pero a diferencia de la reflexión romántica y vanguardista, la conceptual enfría la percepción artística, tiende a anular el goce estético y coloca al arte en el ámbito del análisis y de la formulación de su propia naturaleza.

La exposición de Alvaro Barrios Los cincuenta caminos de la vida se convierte en una interesante experiencia en la medida que en ella encontramos reunidas dos posibilidades que, en ocasiones de forma excluyente, han actuado en el arte moderno: por una parte está el valor ya señalado de la Imagen como un hecho autosuflclente vinculado al goce estético y por otra parte el valor del arte como idea, el arte como reflexión desde, y de sí mismo. Esta última condición parece ser un requisito esencial para comprender la práctica artística contemporánea.

' En la actualidad, tal vez desde Kosuth, este acto reflexivo, nos permite ver como el arte se afirma desde dentro, desde su peculiar modo de proceder. Esta consideración puede resultar útil en un momento en el que el arte se hace cada vez más interdisciplinario, más plural y a causa de estas características parece que se esfuma, se desvanece en la diversidad de sus manifestaciones. Entonces es preciso recordar lo dicho, que el arte se afirma desde adentro, desde su peculiar forma de proceder y su particular modo de reflexión. Al Interior de esta peculiaridad, la historia del arte, como sucesión compleja de propuestas artísticas, es un saber que puede entrar a ser parte del oficio del artista plástico. Desde la perspectiva actual, cuando el arte se encuentra en una constante redefinición, la historia del arte y los distintos problemas que la atraviesan, pueden ser observados también como una redefinición del arte, y es así como la historia, se convierte en una herramienta más.

Alvaro Barrios con la manera de ensamblar, construir sus collages, Incorpora en sus imágenes este saber, hecho que de alguna manera es evidente en todas sus obras pero particularmente en un grupo de collages que hacen parte de esta serie, Los cincuenta caminos de la vida, en los que se amplia el formato. Con este cambio de escala la percepción del paisaje de Cano se transforma, entonces la atmósfera de este paisaje bucólico se presenta extrañamente oscurecida y ahora sirve de telón de fondo a una serle de personajes diferentes, en ocasiones tomados de pinturas que son hitos en la historia del arte que nos hablan con humor y ternura desde su condición de Imágenes. Estos personajes enajenados de su propio contexto nos cuentan sueños absurdos en los que se trastoca el sentido habitual atribuido a importantes obras de arte; así el pensamiento de Beuys se entrecruza con el de otros tantos artistas significativos, dando origen aun sinnúmero de paradojas, en las que la historia del arte y su sentido entra a ser parte central de este juego visual y reflexivo que nos propone Alvaro Barrios desde sus Imágenes.

Es así como de repente encontramos ante la figura de una niña que nos mira con sus ojos enormes extraída seguramente de alguna pintura de Rivera, quien nos dice: Cuando yo sea grande quisiera ser una figura del período rosa de Picasso. Casarme con un hombre del período azul y tener muchos hijos de la época cubista. No sé si lo que le pido a la vida tenga sentido, pero creo que es lo que quiero. Con esta cita quiero señalar que no se trata de una reflexión pedante, a la fuerza intelectualizada, sino que se trata de una reflexión lúdica que se evidencia también en la forma como se construye cada Imagen, a través de los recursos empleados y de los contenidos que la motivan. En una palabra Los cincuenta caminos de la vida es una serle conformada con imágenes reflexivas, insisto, llenas de ternura y humor, pero sobre todo formuladas desde una gran lucidez.

MARTA RODRIGUEZ

Alvaro Barrios, por Marta Rodríguez | artnexus