Una conversación con Luis González Palma

Luis González Palma. Historias Pararelas, 1995. Instalación. Mexico, D.F.

Entrevistaoct 1996 - dic 1996· Por Natalia Gutiérrez

Una conversación con Luis González Palma

Siento que he utilizado el collage desde hace mucho tiempo en mi trabajo, para hacer la fotografía como objeto añadiéndole elementos, pero sobre todo retomando el arte barroco que he visto en Guatemala y que ha tenido una inmensa influencia en mi proceso.

Natalia Gutiérrez: Me interesa iniciar la conversación teniendo en la mente sus fotografías de rostros indígenas para reflexionar acerca del collage, porque existe una idea que me inquieta: aparentemente el collage no tiene que ver con la continuidad ni la unidad, sino con elementos salidos del pasado o del presente, que un poco irónicamente, se mezclan. Estos rostros los veo ensamblados de manera continua. ¿Qué piensa?

Luis González Palma: Siento que he utilizado el collage desde hace mucho tiempo en mi trabajo, para hacer la fotografía como objeto añadiéndole elementos, pero sobre todo retomando el arte barroco que he visto en Guatemala y que ha tenido una inmensa influencia en mi proceso. Pero también retomo la iconografía popular, cargada de cintones y corazones; en una serie de calaveras que hice anteriormente por ejemplo, el resplandor no era fotografía, sino el objeto de metal, como en la imagen barroca, encontrado y escogido, que reforzaba su sentido. Pero en la obra que presenté en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, Historias paralelas, en estas cajas de luz, está también presente el collage como superposición de imágenes. La idea del trabajo que no es posible visualizar en una sola imagen, precisamente porque se trata de una reflexión acerca de la simultaneidad de los sucesos. ¿Cómo es posible que yo viva en un país como Guatemala con tanto misticismo y tanta violencia al mismo tiempo? Donde uno está disfrutando de la naturaleza y al mismo tiempo están pasando helicópteros que sabes que van a bombardear algún lugar; donde sabes que ahora, mientras trabajas, están matando una persona o bautizando a otra. Además, hay una superposición de tiempos porque lo relaciono con mi infancia y al temor a la muerte. Las cajas marcan un círculo en el cual entras y sales y entras de nuevo, un espacio repetitivo que muestra de una forma física que el tiempo pasa a pesar de los acontecimientos, recalcados por el tic tac del reloj.

Entrevista: Una conversación con Luis González Palma — imagen 1
Luis González Palma. Sin título, 1995. Instalación. Estocolmo, Suecia.

NG: Entonces en Historias paralelas, ¿aparece una Guatemala más actual y conflictiva?

LGP: Este proyecto parte de una experiencia personal donde he tratado de mostrar como violencia, naturaleza y conflicto armado son una contradicción, que sin llevarlas a la reflexión, son nuestro modo de vida. Aspectos como la violencia en la religión, la espera, la ausencia y la angustia, son elementos utilizados para plantear una visión trágica de la vida, en un espacio en donde el dolor y la belleza forman parte del diario vivir.

NG: A veces cuando se ven los rostros de los indígenas en sus fotografías a través de este color sepia que, como dice Femando Castro, aparece como frescos ahumados, uno se imagina que su país está detenido en el tiempo, lejos del embate tan fuerte, que por lo menos en Colombia vivimos, de una acelerada americanización. ¿Qué opina?

LGP: Creo que en Guatemala también se vive una imposición de patrones culturales extranjeros, pero esto es principalmente en la ciudad capital. Por el contrario, en algunas poblaciones indígenas, continúan vigentes ciertos tipos de ritos paganos religiosos, ritos que son herencia y continuación de un pasado, pero siento que poco a poco todo esto se está perdiendo, en parte por la creciente división entre el mismo indígena. Afortunadamente hay grupos que se resisten.

Entrevista: Una conversación con Luis González Palma — imagen 2
Luis González Palma. Letanías, 1994. 163 x 150 cm. Fotografía más técnica mixta.

NG: En una entrevista anterior, usted comentaba que la fotografía intervenida de esta manera le permitía expresarse! dolor personal por la conciencia de la marginalidad a la que están sometidos ciertos grupos humanos en su país. A usted parece que le doliera intensamente su país.

LGP: La situación en Guatemala es, al igual que en muchos países del tercer mundo, muy crítica. Pero no sólo me interesa plantear una sensación de marginalidad, sino también una conciencia de soledad y una reflexión a lo frágil y temporal de la vida. El rostro del indígena ha sido realmente una metáfora poética sobre la conciencia de soledad, no solamente de un grupo humano sino del hombre universal ¡Claro me duele mi país!, como me duele el dolor en la raza humana.

NG: Me encantaría traer a esta entrevista otros interlocutores para que usted hablara con ellos pero como no es posible, me veo obligada a citarlos. El tema es la nostalgia como un elemento fundamental en la construcción de las imágenes artísticas. Doris Salcedo dice "No creo en la sensibilidad perdida. No me interesa trabajar con la nostalgia. Por el contrario creo que la función del artista es anunciar una sensibilidad diferente a aquella que nos lleva a la crisis". Otra idea de Juan Carlos Pérgolis, arquitecto argentino que vive en Colombia, quien dice "que la nostalgia es una forma de no mirar el presente". ¿Qué opina?

LGP: No veo la nostalgia como un regreso a emociones perdidas. Más bien es para mí como un detonante de reflexión hacia el presente, una especie de diálogo y cuestionamiento al pasado pero con la intención de cambiar y replantear estados de vida actual. Siento que mis imágenes tienen un "aura" de nostalgia de un tiempo que pasó, pero en esencia trato de mostrar que los conceptos de soledad, dolor y marginalidad no son problemas actuales o pasados, sino condiciones de la existencia.

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Luis González Palma. América, 1990. Fotografía y técnica mixta. 150 x 150 x 18 cm. Colección del artista.

NG: Me parece que los rostros de los indígenas rodeados de rosas o coronas de espinas son en realidad una manera de crear su propia virgen indígena. ¿Usted no los concibe rodeados de una simbología más contemporánea?

LGP: En principio he tratado de replantear la representación de la virgen y de otros seres de la iconografía cristiana. No conozco casos de representación de la virgen en Guatemala en la que se le presenta como en Perú, México y Ecuador. Casi todo el trabajo que he hecho es para darle a la mujer en general un carácter de divinidad: "Madre terrenal del Dios viviente" y las rosas blancas son símbolos que corresponden a su representación. La corona de espinas tiene una significación funeral y es emblema de la pasión, elementos que considero contemporáneos aunque se utilicen desde los inicios de la iconografía cristiana. Estos símbolos tienen una vigencia impresionante en la cultura guatemalteca, posiblemente por la gran tradición católica de éste país. En mi trabajo actual sí estoy creando imágenes de personas rodeadas de una iconografía contemporánea no religiosa.

NG: Cuénteme sobre lo que significa la lotería en Guatemala y su obra.

LGP: La lotería es un juego popular. Los españoles la trajeron a América para enseñar a leer al indígena. Es un juego de azar en el que, dependiendo de infinitas posibilidades combinatorias, la persona puede resultar ganadora al completar su cartón de primero. Es en parte una esperanza de modesta fortuna, en donde interviene la suerte, el azar, el destino, elementos inaccesibles a las posibilidades humanas. He tratado de retomar este juego popular para dar una nueva lectura a las imágenes tradicionales, creando una especie de cartón de reflexión sobre los diferentes destinos en el juego de la vida. La Rosa, como ser consciente de su desenlace fatal; el Rey, coronación simbólica de seres marginados; la Muerte, como condición de la vida, la Luna como imposición de símbolos a la imagen de la mujer.

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Luis González Palma. El Ángel. Fragmento de Lotería II, 1991. fotografía y técnica mixta. 50 x 50 cm. Colección del artista.

NG: Me comentaba que el blanco intenso de sus fotografías son el blanco del papel fotográfico. Cómo intervienen entonces los viradores y los diferentes procesos para envejecerlas, o mejor, cambiarlas a "otro tiempo".

LGP: Las imágenes sobre papel fotográfico han sido viradas al sepia por un proceso químico. Luego han sido pintadas con betún de judea para darles el carácter de "otro tiempo". Después de este proceso, es el momento de descubrir el blanco original de la fotografía para crear un punto focal en la imagen, principalmente en los ojos, y así crear una relación directa entre las miradas de las personas fotografiadas y las de los observadores.

NG: Cajas, luz, fósiles estas tres palabras ¿le dicen algo?

LGP: Cajas como espacios delimitantes, luz como fuente de conocimiento y fósiles como objetos que atrapan un momento con su propia muerte.

NG: Me conmueve mucho el título de una de las obras Un lugar sin reposo, sobre todo porque algunas de sus imágenes en realidad no tienen reposo. En Historias paralelas están ralladas, llenas de accidentes, casi negadas. Parecería entonces que para usted la fotografía, más que sacar de la oscuridad un objeto, como para los fotógrafos de comienzos de siglo, fuera enterrar.

LGP: Quisiera citar a Fernando Castro quien dice de mi trabajo "...No saca de la luz sino que sumerge en las tinieblas". En una época me interesaba anular el medio, pero también existía la necesidad de hacer de la fotografía un testimonio de contacto físico, creando en ella un sentido de afecto o rechazo por medio de la manipulación, anulando así el sentido aséptico de la fotografía tradicional y dotando a la imagen fotográfica de emociones escondidas.

NG: Si le pido que sin pensarlo demasiado escogiera los fotógrafos más importantes para usted ¿cuáles escogería?

LGP: Julia Margaret Cameron, Doug y Mike Stam y muchos fotógrafos menos conocidos como el español Chema Madoz o el venezolano Alexander Apóstol.

NG: ¿Y artistas?

LGP: Kiki Smith, Ida Applebroog, Bill Viola, Gary Hill, Anselm Kiefer o Guillermo Kuitca, son artistas que me tocan emocionalmente.

NG: ¿Y arquitectos? Porque usted es arquitecto.

LGP: Tadao Ando, Mario Botta o Jean Nouvel, y alguien que no es arquitecto pero que sus propuestas a nivel de diseño me parecen extraordinarias, y es Philippe Starck.

NG: Y al final empecemos por el principio. Sus primeras fotografías fueron sobre el ballet. ¿Qué le queda de ésta experiencia?

LGP: La experiencia de hacer fotos de danza fue darme la posibilidad de explorar la creación de ambientes ficticios, de tomar conciencia de las tensiones y emociones que viven en el ser humano y de percatarme del sentido del espacio y el tiempo.

NG: ¿Qué le ha enseñado el retrato sobre la fotografía y sobre las personas?

LGP: Para mí, el retrato es una complicidad que se lleva a cabo entre modelo y fotógrafo. Una especie de búsqueda de lo esencial, un deseo de crear relaciones emocionales a través del silencio de las miradas.

NG: A un fotógrafo necesariamente hay que preguntarle qué imagen de Colombia le queda en la mente después de su visita.

LGP: Velocidad, temor y deseo de sobrevivir.

NG: Y de Latinoamérica?

LGP: La contradicción.

NATALIA GUTIÉRREZ

Decana de la Facultad de Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano en Bogotá.

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