A treinta años de haberse iniciado el Encuentro Nacional de Arte Joven (antes llamado Concurso Nacional para Estudiantes de Artes Plásticas) ha sido inaugurado el primer Salón de Triunfadores. Dicha muestra reúne la obra reciente de cuarenta y un artistas que han sido premiados en alguno de estos certámenes.
Si bien la iniciativa responde a la justa necesidad de evaluar la producción artística mexicana, sus resultados aún dejan mucho que desear. Pese a las afirmaciones de Raquel Tibol, curadora de la muestra, sobre "la pluralidad de técnicas, estilos, tendencias y géneros artísticos" que caracteriza a la joven plástica de este país, existe en la exposición un fuerte desequilibrio en cuanto a las categorías representadas. Si bien abundan los ejemplos de una pintura envejecida de manera prematura, entre los artistas seleccionados sólo seis practican la escultura, dos incursionan en la fotografía, uno en el grabado, etc.

Nos enfrentamos, por lo tanto, a la proliferación de una pintura fácil y en exceso convencional, desde las retrógradas naturalezas muertas de Elena Climent y los paisajes mexicanos de Roberto Real de León, hasta el fastidioso y mal logrado maniensmo de Uriel Parker o la insípida serie Beso de obsidiana de Eloy Tarcisio.
Fuera de la reconocida obra, rica y arraigada, del oaxaqueño Sergio Hernández, son pocos los ejemplos sobresalientes de pintores establecidos. Cabe mencionar los cuadros abstractos de Irma Palacios y Alfonso Mena Pacheco, y la fuerza de Estrella Carmona y Luciano Spano quienes, dentro de la línea expresionista figurativa y, en cierto modo "tradicional", han forjado un estilo propio. Asimismo, hay que señalar a aquellos artistas que si bien han demostrado gran talento y calidad pictórica, hoy resultan poco propositivos. Es el caso de Boris Viskin con sus recurrentes espacios inhóspitos y deshabitados y de Germán Venegas quien, tras haber alcanzado un expresionismo exacerbado integrando figuras talladas en madera a sus cuadros, regresa al formato bidimensional con una pintura tibia y tranquila.
En lo que a fotografía concierne, las imágenes de Armando Cristeto ponen en escena en el Hollywood Memorial al prototipo del personaje fronterizo ostentando con arrogancia un milagro de corazón; recurriendo aúna temática siempre actual, el artista ejemplifica el enfrentamiento entre los símbolos estereotipados de la cultura popular. Dentro de una vena formalista se exhiben las composiciones "escherianas" de Victoria Blasco, fotografías refractarias que, a partir de una misma imagen, juegan con la reproducción al infinito de las formas geométricas. Fechadas en 1981, dichas obras resultan difícilmente representativas de la fotografía mexicana pues, según el curriculum de la artista, Blasco parece haberse dedicado durante los últimos diez años y en forma casi exclusiva, a la actividad curatorial.

La escultura, por su parte, ha sido únicamente representada en su vena abstracta. Entre las construcciones geométricas de acero pintado de Jesús Mayagoitia y los bronces de Gabriel Macotela, destacan las obras de Jorge Yazpik, verdaderas piezas arquitectónicas en piedra volcánica cuyos interiores y exteriores se transforman bajo cada nuevo ángulo. En cuanto a los demás géneros artísticos como la instalación, que han sido recientemente incluidos en este tipo de certámenes, no parecen haber sido considerados por la curadora de la muestra. Cuando Raquel Tibol escribe que "en los envíos se comenzaron a apreciar trabajos más propositivos, más experimentales, más audaces y que la renovación de la plataforma que sustentaba a las convocatorias redundó en una renovación estética", cabe preguntarse en qué ha consistido dicha transformación. De haber aclarado sus criterios de selección en el texto publicado en el catálogo que acompaña a la exposición, la curadora —siete veces jurado en los últimos veinte años— hubiese formulado una conclusión constructiva acerca de las direcciones que han tomado los artistas en las últimas décadas; sin embargo, sólo propone una crónica anecdótica sobre la conformación de este primer Salón de Triunfadores. Antedicho panorama, uno se siente desorientado. Resta por elucidar si se trata de un arte poco aventurado que ha sido promovido por las instituciones "oficiales" o si hay que encontrar al responsable en la falta de calidad de las propuestas presentadas por los mismos participantes.
MAGALÍ ARRIOLA

