Tradicionalmente, Costa Rica ha sido un puente entre culturas en el sentido socio-político-cultural; de cierto modo esto condiciona las políticas de concertación y diálogo —concretadas a través de foros, encuentros de artistas y exposiciones— que caracterizan al Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC).
Recientemente, del 15 de marzo al 14 de junio, otra exhibición, Relaciones (cuya curaduría corrió a cargo de la directora del MADC, Virginia Pérez-Ratton), retomó algunas constantes presentes en Mesótica I1, aún cuando en este caso la muestra no se centrara en una escuela específica. Relaciones buscaba entablar un diálogo entre artistas de distintas procedencias (incluyendo a tres costarricenses) "escogidos por su particular manera de relacionarse con su entorno físico o social, o por la manera de establecer relaciones y asociaciones dentro de las obras mismas"2, sin entrar a considerar las diversas procedencias geográficas y culturales.
La amplitud del espacio de la primera sala y una acertada disposición curatorial permitió que cada obra coexistieron sin menoscabo de la otra o al menos dentro de su propio ámbito, lo que hizo posible lecturas independientes de cada una. Así se reunió al japonés Matsutani, al belga Wim Delvoye, al guatemalteco Luis González Palma, al costarricense José Miguel Rojas, al colombiano Óscar Muñoz y al fondo, casi en una pequeña muestra personal al norteamericano Charles Ross, quien presentaba dos maquetas de sus obras monumentales más conocidas, dibujos y una selección de Quemaduras solares, impresionante pieza que abarcaba casi toda la pared del fondo y hacía cierre del espacio.

La segunda sala, muchísimo más pequeña y de forma rectangular, mostraba las instalaciones de dos costarricenses: Prisctlla Monge y Marisel Jiménez, y una segunda pieza de Óscar Muñoz al centro, mientras que las otras dos fueron dispuestas a los extremos.
A la entrada del Museo —y aprovechando las escaleras de acceso— se ubicó Arroyo, la instalación de Matsutani. El japonés colocó una tela de siete metros de alto dibujada con grafito y trementina, que simulaba la caída de una cascada precipitándose hacia una cubeta de zinc llena de agua —sugerente metáfora de un tranquilo lago— sobre la que se hallaba suspendido un bastidor de lino. Este dejaba filtrar el goteo incesante de tinta china que provenía de un saco colocado encima, que el artista, el día de la inauguración y ante la mirada ansiosa de los espectadores, pinchó con un clavo, lo cual dio inicio al flujo continuo y transformador.
Integrante del grupo Gutai—que lanzara "al Japón de la posguerra a una revolución plástica contra la cultura tradicional 'No copiar nada, inventar todo'"3, asume esa estética de ruptura con la tradición y, sin renegar del todo, trabaja con materiales sencillos: el lápiz y el papel y con posterioridad la tela y el agua. Sustituye la tinta china para elaborar el negro, por el grafito, color en ningún modo pesimista, pues para el artista representa la quietud, el sueño y el reposo. Arte de síntesis, Matsutani trabaja la línea negra sobre el blanco, en un constante flujo que lo enfrenta al vacío, creando espacios poéticos con la monocromía de sus imágenes, unas veces realizadas por él o. como en el caso de Arroyo. continuadas por un proceso en el tiempo en el que se revela la ausencia del artista, pero no así de la creación.
Óscar Muñoz, dibujante de larga trayectoria, es otro artista que conceptualiza su trabajo a partir de procesos dados en el tiempo. Su obra es hermosa y poética. Existe en ella algo que impide asirla, que juega con la representación y la realidad. En Cortinas de baño, desdibuja en el plástico figuras de desnudos, crea la ilusión de la presencia e interpone su visión a través de un vaho que incita a buscar detrás al modelo, para sorprendernos con el vacío y la ausencia. Engaño visual con el que nuevamente interpreta la noción de pintura tradicional, en la cual se supone la existencia de una realidad que es representada ilusoriamente en un soporte bidimensional.
Esta idea es sustituida con posterioridad en Narcisos, en que se registran las contingencias de la vida en el transcurrir del tiempo. La obra se somete a los mismos procesos que acontecen en el devenir del tiempo, es más "real". En varias cubetas de vidrio llenas de agua hay —dibujados con polvo de carbón— autorretratos de Muñoz sobre recortes de mapas, losetas, páginas de revistas y hojas de libros. Sometida a la acción del tiempo. Narcisos es como una metáfora de la creación, el tiempo de la vida, la muerte y la huella desdibujada que queda en la memoria a partir de las formas que toman los rostros: repeticiones del mismo tema en diferentes contextos e historias.
Luis González Palma estudió arquitectura y cine para finalmente dedicarse de lleno a la fotografía. En la actualidad, es una de las figuras más destacadas del continente, por su particular forma de proyectar una obra enraizada en problemas propios de su país, Guatemala, hacia contextos más amplios que abarcan toda América. Además, trasciende la fotografía como mero documento de la realidad o presencia naturalista de ésta, para crear otra con significados propios.
En esta serie de Historias paralelas, González Palma se inspiró en una fotografía tomada por Frangois Aubert (1829-1906) a la camisa de Maximiliano de Habsburgo —Emperador de México impuesto por los franceses— después de su fusilamiento en 1867. De este modo enlaza el pasado con el presente, para sugerir realidades dramáticas de la violencia que tiene lugar hoy en Guatemala. Las mismas prendas personifican la ausencia y al mismo tiempo resultan proyecciones, símbolos y presencias que cuentan historias de gentes cuyos destinos han sido los mismos: la desaparición o la muerte.
El color sepia le da a las fotografías un lustre de antigüedad y, en cierto modo, refleja una especie de nostalgia, melancolía o tristeza. El artista ha tomado los tonos predominantes en la arquitectura barroco colonial, las pinturas y esculturas, así como los trajes de los indígenas guatemaltecos. Síntesis de una cultura propia y expresión poética también, sin temor a decirlo, del dolor en la historia, de los seres marginados de su pueblo.
Wim Delvoye presentó dos obras: una batidora de concreto y tres pieles de cerdo con tatuajes. En la primera de forma Inusual y paradójica, mezcla materiales, objetos de uso cotidiano, banales y utilitarios, pero con un diseño refinado, artesanal, llamativo, bonito, que retoma de patrones decorativos rococó para disfrazar el mismo objeto en su aspecto más común y hacerlo mutilizable, pero sin dejar de referirse a los significados que tiene, el para qué sirve: es decir, unir materiales para lograr una mezcla. Eso es, en definitiva, lo que el artista quiere hacer con su arte. Cambiar el sentido lógico, jugar y manipular los significados, contrastar y unir lo bruto con lo refinado, lo funcional con lo inutilizable, estético, artístico: trabajo vs contemplación.
Su obra de los tatuajes entra también en estos conceptos pero, además, el artista ha querido traspasar otras fronteras al utilizar la piel de cerdo y grabar más exactamente, realizar un tatuaje al estilo de los reos en las cárceles. Usar el diseño y la decoración con un criterio que utilizaban despectivamente los pintores modernos de principios y mediados de nuestro siglo. En su libro Ornamento y Crimen, el arquitecto Adolf Loos (1908) condenaba lo ornamental y clasificaba como criminales a aquellas personas que se tatuaban.
Priscilla Monge busca con su obra sensibilizar al espectador sobre la violencia en que se desenvuelve la vida cotidiana, lo poco inocente que resultan algunos objetos, símbolos, llamados de atención en la calle y lemas. Con anterioridad investigó sobre la sentencia de muerte en el siglo XIX y actualmente ha centrado su obra en la vida familiar, en las relaciones que se establecen dentro del hogar y específicamente las que conciernen a la mujer, a sus deberes y a lo que se espera de ellas.
Esta vez nos muestra dos obras en las cuales el mensaje es sugerido con pocos medios. Cuarto #2 presenta una sábana que solía cubrir a la novia en su noche nupcial, con un orificio a través del cual se realizaba el coito, según la antigua tradición judeocristiana. La represión oculta y solapada a la que la mujer era sometida estaba además institucionalizada por una sociedad machista, representada por la imponente presencia masculina de las botas.
Esta crítica a la violencia se hace más abierta en los guantes de boxeo y el saco para golpear del Cuarto #1. Metáfora de esas relaciones humanas que se convierten en una especie de lucha, que la artista amplía hacia toda la sociedad.
Su obra ha pasado de ser una pintura o bordado sobre tela a presentar los motivos y temas directamente; es decir, ha sacado a los objetos de su representación —guantes de boxeo pintados en tela—, para mostrarlos —el guante concreto y material—, sin dejar de aludir a las artes manuales.
José Miguel Rojas mostró una instalación en la que también tocaba el tema de la violencia en la pareja. Partiendo de los personajes conocidos del Viejo Testamento como símbolos o metáforas universales del hombre y la mujer, "hablaba" sobre la unión de la pareja, su intimidad y violencia en las relaciones de dominio y poder. Dos telas que representan a Adán y Eva —uno en cada una— enfáticamente desunidos por una cama de hierro deshecha y amenazante, trascendía el comentario sobre el mito y la imagen, para expresar un mundo real que vivimos, desgarrador por la soledad y la incomunicación, pero también por nuestras faltas y el pecado. La serpiente ha sido sustituida por la cama, símbolo de unión y amor, que muchas veces se convierte en lugar de dolor, verdadero "campo de batalla" donde el resultado puede ser la agresión y hasta la muerte. Con esto el artista busca establecer un diálogo con el espectador y hacerlo reflexionar sobre el tema de la violencia en las relaciones de pareja dentro de la vida cotidiana.
Sin embargo, todas estas interpretaciones no salvan a la obra de cierta redundancia. Su discurso no elaboró suficientemente la inclusión de diversos referentes europeos sobre el tema de la expulsión del Paraíso y, al compararse con las instalaciones estilizadas e intelectualizadas de Monge —a pesar de ser estilísticamente diferentes y de que ella está más centrada en la violencia sobre la mujer—, Rojas
no aporta mucho sobre el tema.
En las obras de Marisel Jiménez habría que señalar varias constantes: el uso de la instalación, donde combina varias técnicas pictóricas y escultóricas siempre con maestría y simpleza de materiales (en este caso carbón, metal y madera), el carácter escenográfico de sus creaciones y la atmósfera opresiva que logra crear para transmitir ese mensaje sobre las relaciones represivas en el seno de la familia, sentimientos de castración, abandono y soledad terribles que nos hacen sentir de algún modo indefensos. Octavo sacramento— instalación que evocaba un recinto cerrado al aislar mediante una pared y una puerta de metal que conducía al interior donde se hallaban dos pequeños pies infantiles tallados en madera, sobre un pedestal y dramáticamente iluminados— la artista nos incita a pensar en múltiples lecturas por los sentidos que se le puede dar a la palabra sacramento. Podría ser una reflexión sobre nosotros mismos, el sentir la presencia de Dios, un acto de confesión o penitencia, la extremaunción, pero también la eucaristía.
Charles Ross redimensiona al individuo, a su historia dentro del gran cosmos estelar al revelar los ciclos astronómicos en un período de tiempo determinado. Con este objeto construyó el monumento al observatorio Star Axis, del que aquí se presentó la maqueta y un dibujo. Dotado de una precisión matemática y científica rigurosa, Ross excavó un túnel de 11 pisos de alto, paralelo al eje de la tierra y alineado con la estrella polar. Dentro del gran orificio se edificaron escaleras hasta la superficie. Cada escalón señala una fecha determinada que establece la alineación exacta de la tierra con el astro en el lapso de 26.000 años correspondientes a cada uno de ellos.
La otra maqueta es de la Capilla de la Escuela de Administración de Harvard donde colocó prismas en el techo de tal forma que cada uno estuviera alineado específicamente con el sol a una hora, día y estación determinada. Al descomponerse la luz, en el espacio interior, se crea una atmósfera totalmente espiritualizada pero también rigurosa y científicamente calculada.
El uso del tiempo y la luz está presente en casi toda su obra. Quemaduras solares representaba la incidencia del sol cada día, por espacio de tres meses, sobre láminas de madera. Preparadas con pintura, bajo una gran lupa, recibían la incidencia del astro que dejaba su huella profunda o ligera en dependencia del tiempo. Creó en ello bellísimas abstracciones que revelaban, además, un ciclo solar en el tiempo.
Proyectos como Relaciones sitúan al MADC dentro de una contemporaneidad que va definiendo su imagen para reafirmar su importancia en Costa Rica y trascender continentalmente en el difícil contexto de la globalización.
NOTAS
1. En efecto y retomando las palabras de Raphael Rubinstein—coeditor de Art in America—, es el primer museo latinoamericano en montar una exposición que reúne artistas de todas las Américas y en donde el punto de partida no fue ni su pertenencia nacional o regional, ni su relación con la gastada noción de centro/ periferia. Palabras citadas de ensayo de Virginia Pérez-Ratton en el catálogo de Mesótica I.
2. Relaciones, Pérez-Ratton Virginia, pág. 24. FANAL. Revista del Centro de Investigación y Documentación del MADC.
3. Relaciones, Idem.
DERMIS PÉREZ LEÓN

